Mostrando entradas con la etiqueta viajar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajar. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de septiembre de 2016

Viajar al universo propio (paisaje interno #34)


Dos perros ladran desde el portón, una brisa de calor mueve la copa de los árboles, a ésta hora no se recomienda caminar descalzo en la calle principal, ya no quedan trozos de queso, manzanas, ni azúcar. El mundo parece distinto, aunque sabemos que está igual que siempre.
Acuarela 

Cuando muevas las aguas internas observa hacia dónde comienza el nuevo flujo de creación. No hay caos que no conozcas desde antes en vos. Son esos espejismos viejos los que te causan temor, pero la aventura también es una disciplina que necesita tu quietud.
Afuera y adentro no siempre son la misma cosa. Pero definitivamente para viajar afuera, primero hay que viajar adentro.
¿De qué hablo?. Vos lo sabes bien. Viajar por el universo no es tomarse un cohete espacial, ni anestesiarse los sentidos con veneno, ni cambiar todos los adornos del rostro para bailar en la disco del pueblo.
Viajar por el universo es poner pausa, decir con el corazón saltando entre los dedos: ¿y ahora qué?, y que no haya respuesta.
Por eso mejor no imaginar nada. Mejor no hacer nada. Mejor dejar que ocurra. Mejor que el tiempo sea solo eso, tiempo.
¿De qué hablo?. Vos lo sabes bien.
Hablo de que cuando te arranques los viejos pedazos como la cáscara de una mandarina, y te quedes en carne viva, y cicatrices al sol, y comiences a nadar en ese río que será siempre el indicado. Esa idea, de la cual todavía no tenes idea ahora, nacerá para sorprenderte.

Entonces, pero solo después de quedarte quieta, comenzará el viaje hacia afuera. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Equipaje de vuelta (paisaje interno #24)

Estación de Retiro
Una valija que me regaló Dimas, la mochila de 80 litros que me acompañó en los primeros viajes de exploración, la guitarra que tiene muchos años comprada por mi madre, la guitarra que compré hace poco, pensando en retomar el canto.
La estufa adentro del aguayo que compré en Jujuy, cubierto a su vez por el paño dónde ponía mis artesanías en la secundaria, cuando trabajaba de artesana en la Plaza 25 de Mayo en Resistencia. Dentro a su vez, de la bolsa roja que compré en Brasil el año pasado, cuando nació la necesidad de volver a migrar. La bolsa de paja que compré en Formosa durante un viaje de laburo hace unos años.
Mi mochila-oficina, que será mi sombrero de maga, para llevar ahí la fábrica de ilusiones.
Mi mochila negra, de mano, simple, sobria.
A Capital Federal llegue hace 10 años, con una mochila que me salió 50 pesos, 18 años, 4 cajas de cartón, antes de año nuevo...
Ahora vuelvo a mi Tierra Natal. Soy en primer lugar Resistencia.
En definitiva... 
Comenzó el camino a casa.

jueves, 21 de julio de 2016

Tu palabra preferida (paisaje interno #16)

Mejor no, mejor no hablemos más de todo esto. Mejor busquemos alguna buena excusa para pensar que la vida “es lo que es”, siempre es más efectivo moverse adecuadamente, dentro de la maqueta donde caímos en suerte.

Acuarela

Perdón que te lo pida de manera tan tajante, yo sé que el caleidoscopio con el que miras el mundo da otras ilusiones, pero yo necesito ésta realidad atolondrada, que me corre con el reloj en la mano. No sé si te diste cuenta, pero últimamente solo nos alimentamos de mate y nubes.
Parada en la ventana, preguntándome todo el tiempo donde quedó tu palabra preferida, no sos de gran ayuda. Es más, preferiría que me dejes tranquila mientras me miro en el retazo de espejo para arreglar mis ojos.
“Deja todo, no quieras arrancar los edificios, tragarte las calles, sentir todo el aroma de las bibliotecas, encontrar sin querer esas casualidades que necesita tu historia”, me decís acostada en las cajas que abrí y cerré varias veces esta mañana.
“Cuando termines de trenzar tu pasado con tu futuro, te vas a dar cuenta de que ataste tu presente a muchas pieles viejas y a muchas corazas inventadas”, deslizas tranquila. No puedo saber absolutamente nada de todas esas facetas que decís, yo apenas me doy cuenta de que me repito a mí misma como un verso viejo que ya no conmueve a nadie.
“Si me ayudaras a encontrar mi palabra preferida, te podría mostrar un truco de magia”, insistís de manera insoportable y yo sé perfectamente a dónde me llevan esos hechizos que haces apretando los dedos en el aire. “Eso es lo que te hace sufrir tanto”, continuas sin que nadie te lo pida, “eso de querer tapar todo con tus explicaciones omnipotentes, es muy inmaduro que sigas intentando controlar todo”.
Para variar tu opción de equipaje es insignificante, por eso mientras yo me tropiezo y caigo dentro del poso de la melancolía reciente, vos saltas afuera del mundo y aleteas liviana de cara al sol.
“¿Qué llevas en la valija?”, te grito desesperada desde la ventana.
“Poesía”, decís riéndote por las cosquillas que te produce volar, “solo necesitas llevarte poesía, porque la única cosa que vale la pena transportar, es la belleza de una palabra”.

21 de julio 2016.