miércoles, 31 de agosto de 2016

Abismarse, la batalla del miedo y el deseo (paisaje interno #33)

"El abismo es el abismo, no hay adjetivos.
El abismo es la efectiva caída libre al vacío, es el nudo que da cosquillas y vértigo debajo del ombligo, pero arriba del sexo. Son todas las cosas que se evidencian ante nosotros sin posibilidades de ser controladas.
Acuarela 

Cuando brincamos desde lo más alto tomamos conciencia del devenir inevitable de nuestros deseos en su pelea magistral con nuestros miedos. Ahí, en el ring de la verdad, se tiran sobre las redes de contención como dos que se aman y se odian al mismo tiempo. Deseo y miedo se encuentran frente a frente para inaugurar el mundo y el público aclama desde la periferia. Quieren sangre, están desbordados de curiosidad por ésta batalla ejemplar.
Entonces el miedo despliega su veneno de la duda, y el deseo se defiende con paisajes, inunda de mares al miedo y le planta en la frente una sonrisa. Pero el miedo se sacude insensible y oscurece el cielo con una feroz tormenta, entonces el deseo se baña bajo el agua con el cuerpo desnudo y canta para que el miedo se rinda.
Entonces a mitad del ring, el miedo llora amargamente y recita un monólogo de Segismundo,
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”1*.
El deseo, conmovido pero vivido respira en el suelo un poco abatido y le contesta,
“no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo”*2.
El abismo, es el abismo.
Cada instante es definitivo para el sueño o la pesadilla. Por eso deseo y miedo existen sobre el devenir de la vida, logrando así el desarrollo de la trama.
Que el miedo pueda alumbrar el camino más oscuro con su cuidado, y que el deseo decida el rumbo, es un arte que pinta el abismo, cuando es el abismo que elegimos", dijo la mujer de alas verdes mientras giraba en caída libre por el universo.

31 de agosto 2016. Lázaro Cárdenas, México.


1*- “La vida es sueño”, Calderón de la Barca.

2*- “No te salves”, Mario Benedetti. 

lunes, 29 de agosto de 2016

El poder de la brújula (paisaje interno #32)

“Dejate amar y subite a la ventura de estar sintiendo la vida en todo el cuerpo.
Dejate observar para existir, soltá la pesada sotana del fantasma y mostrate, decite al espejo, “acá estoy”. Necesitas estar presente en cada paso de tu vida, ahí hay un templo que empieza a generar, el poder de la brújula.

¿Para dónde debo ir?, decías antes y el universo respondió. Entonces fuiste una discípula maravillosa: aplicada, sacrificada, humana, real.
Miraste la luna todas las noches para soñar un poquito más allá. Recorriste la ciudad hundiéndote en todos los trámites del sistema. Escribiste para salvarte de la locura. Alzaste en brazos tu guarida y la ofreciste al azar. Leíste mis palabras agudas, inclusive cuando tu corazón y tu cabeza estaban en guerra.
El alma abrió un nuevo portal y te dejaste amar.
Todo el mundo comenzó a girar como un zamba y saltaste al abismo con todo el miedo de la raza humana, meditaste en el vacío, y abrazaste algunos recuerdos de tu presente, para que no se vayan nunca.
Este será tu cuerpo, y ahora también, éstas serán tus alas.
Tu historia, la que quizá sea la más complicada de contarte, ocurre ahora como la suma de acontecimientos misteriosos.
Llegó el momento, porque te animaste a entender, que el momento siempre es ahora.
Buen viaje. Yo te sigo en mi avión”, dijo la mujer de alas verdes y cruzó las fronteras en un avioncito de papel.
29 de agosto 2016. Buenos Aires, Argentina. 10:58 am


jueves, 25 de agosto de 2016

Mi Buenos Aires querida (paisaje interno #31)

"Vuelvo a volar sola en la ciudad. Me fascina tu discreción Buenos Aires, quizá vos y yo también podamos hacer las pases. Porque la verdad, es que hubieron muchos momentos de exploración con vos, que hacen de mí, estoy que soy.
Acuarela 11 - 07 - 2016

Andar sola en la gran ciudad, definitivamente también tiene su encanto. El tema es poder naufragar, el tema es desarrollar un instinto de ciudad gótica, perversa, oculta, pero también luminosa, romántica, fantástica y reveladora de otras vertientes.
Soy tan anfibia entre mi Resistencia Natal y vos, ahora soy tan las dos, que necesito poder ser alguien más. Una primera síntesis de experiencias y formas. Y ahora vos, Buenos Aires, y yo, que tan de la Resistencia soy, nos devoramos como los amantes imposibles de tus profundidades.

Vos y yo, Buenos Aires, atravesamos juntas los últimos episodios de la primera parte y todo el cuerpo empieza a vibrar en tus últimos latidos de amor, que inevitablemente, hay entre vos y yo, mi Buenos Aires querida", dijo la mujer de alas verdes y volvió a recordar la primavera de la ciudad. 

Buenos Aires, Argentina. 25 de agosto 2016

miércoles, 24 de agosto de 2016

Girar y florecer (paisaje interno #30)

4:09 am del 24 de agosto de 2016 – Última madrugada en la Resistencia.
Entre Ríos a la Resistencia 

Dudé bastante en escribirte esta carta, pero en unos años voy a entender porque es correcto desvelarme del todo. No importa que los minutos sigan cayendo en el reloj como las monedas de un taxi que me devuelve a casa después de una noche psicodélica, porque en éste momento vale la pena la intimidad que produce la madrugada.  
Tu lindo cubito de cristal en San Telmo ya no existe más, ahora tu hogar es una valija y una mochila. Miento, tu hogar ahora son esas personas que amas, estén donde estén. ¿No lo eran antes también?, claro que sí. La diferencia es que ahora ya no hay maleza que me aleje del amor, porque elijo arrojarme al mundo para aprender cómo se ocupan las alas, por lo menos en la caída libre.
¿Sabes que pensé el otro día frente al río?. Si bien es verdad que nunca nos podremos bañar dos veces en las mismas aguas, también es cierto que los afluentes nos conectan como la mismísima sangre que viaja de un extremo a otro del cuerpo. Tus paisajes internos tienen ese código críptico que usas para hablarte a vos misma, para esconderte aunque te desnudes completamente en cada texto, y entiendo de momento que a veces nuestra mayor debilidad es la que nos convida de eso que justamente nos hace valientes.
Por favor no me mires cuando escribo, podrías encontrar en mis ojos cansados, toda la verdad de mis pasiones. Y éste mundo, amiga mía, es un circo fabuloso que me sigue haciendo llorar como una niña.
No tengo tiempo para dejar de soñar. Vos tenes que entenderme cuando me olvido un poco de eso que llaman realidad, porque la verdad es que puedo pasarme toda la vida probándome lentes ajenos para entender otros puntos de vista, pero hay un momento de la vida donde las formulas externas se vuelven obsoletas y no queda otra que andar bien despierta.
Mañana, hoy, cuando sea que me levante, comienza un viaje profundo a otros mundos. Decidí vivir un tiempo fuera de mi Tierra Natal Argentina y animarme a ser en estado puro allá lejos donde brotan otras raíces.
Tengo 28 años recién cumplidos y me alegra mucho seguir así de loca como para hablarle a la que seré en el futuro. Esta es la realidad que elijo construir ahora, y sentada en la habitación que fue el refugio de mi niñez y adolescencia, soy la mujer que se puede reír escribiendo un diario íntimo, que se publica como blog y que aunque solo tenga un par de lectores funciona como trampolín de búsquedas.
A ésta hora, en una semana mi vida estará inaugurando un nuevo ciclo en otro país. ¿A dónde te vas?. Vamos, tiempo al tiempo.
Todas nuestras vidas giran y florecen.
Yo también quiero eso.
Girar y florecer.
Ahora a la cama. Ya son las 4:31 am y es importante descansar un poco.


domingo, 21 de agosto de 2016

Abrazar la niñez (paisaje interno #29)

“Después de llorarlo todo, de creer que había encontrado las respuestas, de pensarme tan fuerte ante el mundo que me había dado temor, caí en un cuarto oscuro.
Acuarela

En ese negro profundo no entraba ni un rayito de luz y tuve miedo durante muchos años. Me fui de mi ciudad a una enorme jungla gris y me conseguí un trabajo, lave mi ropa interior a mano, cocine fideos sin sal, me perdí en alguna calle que desembocaba al abismo. Me hice adulta.
Dejé de escribir, de pintar, de mirar con atención pura el movimiento de las hormigas sobre las hojas del jardín, me olvide de cantar en la ducha, me costó recordar que alguna vez había bailado frente al espejo, ya parecía parte de mi pasado esa necesidad de salvar el mundo.
Ese cuarto estaba realmente oscuro, pero después de un rato sentí que no tenía nada que temer, el cuarto estaba vacío. O bueno, el cuarto estaba casi vacío. Del otro lado, con la espalda pegada a la otra pared, respiraba un ser vivo. Estaba enrollando las piernas entre sus minúsculos brazos y los deditos apretaban las rodillas que sostenían su rostro oculto.
Mi corazón latía en los dos extremos de la habitación, que era apenas un cubo sin luz. Mi corazón estaba latiendo en los dos cuerpos, en la oscuridad comencé a sentir el miedo mutuo.
Me enojé. Primero me enojé y le dije que se muestre, que levante el rostro, que el mundo es duro, que hay que ser valiente. Le grite, acusé su pequeño tamaño, le dije que así de frágil no se podía vivir, pero no respondió.
Me quedé en silencio. No quería volver a gritar pero tampoco sabía qué hacer para que se levante, para que me permita saber quién era, ¿porque estábamos en ese cuarto vacío?, necesitaba que me explique porque alguien con todas las respuestas como lo era yo, todavía habitaba ese hueco.
Comencé a llorar. “Por favor”, le supliqué, acércate y salgamos de éste lugar. No podemos seguir en este cubo oscuro.
“Por favor”, le supliqué y la habitación empezó a despintarse. Entonces se gastó el negro, aparecieron los primeros grises, su cuerpito se dibujó anaranjado, mis lágrimas me bañaron las cicatrices. “No te voy a lastimar, pero por favor, tenemos que salir de éste lugar”, y antes de continuar vi entre los grises como levantaba la cabeza. “Yo también tengo miedo”, le dije.
Ella era una pequeña niña. Yo no sé qué se hace frente a una niña así. Le dije que no iba a gritar más, que no tenga miedo, pero que por favor se acerque, necesitábamos salir de ahí. Por favor, le pedí. Pero mi voz nerviosa me daba miedo hasta a mí misma.
Volví a quedarme en silencio y un dolor en el pecho me atrapó el corazón. Comencé a quedarme sin aire y me subió una contracción enorme en la cabeza. Me mordí los labios, no quería abrir los ojos, no quería habitar más esa oscuridad.
Todos los grises se suavizaron un poco más.
Lloré, lloré con la boca abierta, cerrada, apretada, temblando, empapada por todas las lágrimas que me deshidrataban el cuerpo entero. Lloré sobre mis pechos adultos, sobre mi vientre, conectando cada una de las marcas que me hizo la existencia hasta acá. Lloré hasta refregarme el dolor en todo el rostro, y vi a la niña caminar hasta a mí.
El cuarto se iluminó lo suficiente y vi el rostro de la creatura sonriendo.
“Hola”, me dijo esa niña que fui y que no recordaba.
Esos ojos, pómulos, cabello, esa expresión. Estaba viva, tan viva como lo había estado hace muchos años cuando jugaba a ser cantante y actriz, tan real como esa vez que me subí al árbol enorme que vivía cerca del centro comercial.
“¿Me abrazas?”, me pidió.
Pero yo no sabía hacer eso y crucé los brazos sobre mi cuerpo adulto.
“Soy vos, ¿jugas conmigo a que volamos en un enorme globo aéreo para dejar mensajes de amor en todo el mundo?”.
Pero yo no podía salir de mi asombro. Creí que esa niña yo no existía, que se la había tragado el tiempo.
“Soy vos”, volvió a decir y estiró sus pequeños bracitos.
Abrace a la niña que soy y todo el cuarto brilló en cada rincón. La niña me sostuvo la cabeza y me dijo que lo había hecho bien hasta el momento, pero que era tiempo de jugar.
La niña que sigo siendo me explicó que había cuidado muy bien de mí, pero que no era necesario encerrarla en un cubo oscuro para ser valiente. Trabajar, estudiar,  mirar a los costados para cruzar la calle, ser respetuosa y responsable, estaba bien. “Es bueno cuidar de vos en la ciudad, pero de nada sirve todo eso si no podemos seguir jugando”, dijo la niña que sigo siendo. "La fortaleza no está en lo adulta que te vuelvas para enfrentar las adversidades del mundo, sino en lo valiente que te vuelvas, para que las maravillas de la vida se conecten con la fascinación que siente tu corazón infante cada vez que algo te sorprende y llena de curiosidad". 
Me invitó entonces a pintar, cantar, hacer caras frente al espejo del baño, acostarnos en el pasto para mirar como las nubes cuentan historias mientras se desarman.
Hace tantos años necesitaba ese abrazo, que me quede dormida.
Cuando desperté estaba todavía en la ciudad, perdida en el hormiguero de metal, pero con unas enormes alas verdes, que la niña que soy pintó con sus acuarelas en mi espalda”, dijo la mujer de alas verdes y me invitó a jugar éste domingo de agosto.
Feliz día a todas las niñas y niños que seremos toda la vida.

21 de agosto de 2016. 

El Pozo (paisaje interno #28)

“Baja, metete ahí donde nadie más te puede tocar.

Espia la noche y el día por ese retazo de cielo que queda sobre tu cabeza cuando te hundís en el pozo.
Acuarela

Acordate del mate, de las ventanas que dan al universo, del amor aunque dure un instante, permitite toda la humedad humana que transpira en tus huesos.
Sos tan joven como lo decidas esta tarde, sos la niñez eterna que no deja de brillar ni siquiera cuando elegís enterrarte.
¿Vas a dejar que toda la gracia de la experiencia humana, se quede vegetando dentro de una mala idea?.
¿Quién te lastimó tanto para que elijas abandonar el escenario de tu propia obra?. Los disfraces son divertidos, pero no te olvides de que son solo disfraces. La verdad verdadera es tu desnudez, eso que arremete en vos desde las tripas.
¿Te hierven las venas?, ¿quisiste conquistar el mundo pero ya tenía dueño?, ¿estas apurando tu proceso de lágrimas, porque te da vergüenza llorar frente a tu propia presencia?.
El hueco de siempre necesita un poco de orden, quizá unos cuadros coloridos, algunas maderas de palo santo que ayuden a purgar los malos pensamientos.
¿De qué hablo?, vos lo sabes bien, hablo de tu manía melancólica de esconderte de la tormenta. ¿Pero sabes qué?, la tormenta te persigue hasta el interior del pozo, y vos te podes impulsar con los pies, igual que desde el fondo de la pileta.
Podes nadar hacia la superficie impulsándote con la sinergia de la laguna que armaron tus viejos pensamientos. No te preocupes, eso que fuiste será un recuerdo cuando vuelvas a surgir del pozo. Son tus deseos, esos que te cuestionan siempre, los que funcionan como un trampolín de colores para que te eleves.
Viví en el pozo si lo deseas, pero deja entrar la luz, deja que la belleza quiebre la tierra y agrande la boca de salida, déjate elevar por tu necesidad de vida.
No necesitas probar nada a nadie, no hay que cumplir las reglas tontas, es tiempo de abrir la boca para tragar los rayos del sol. ¿Te dolieron las espinas ajenas?, ¿vos también desarrollaste cuchillos en la piel?, es maravilloso que así sea, significa que sentís como sienten los humanos.
Ahora podes cerrar los ojos y dejar la cabeza en blanco. Esa es tu nueva página para pintar. El pozo fue tu tele transportador, pero llegó la hora de ofrecer una amorosa despedida. Porque cuando te eleves y salgas del hueco, el nuevo mundo volverá a sorprenderte como en la niñez.
Otra vez en la superficie, el viejo pozo será cubierto de agua, arena, tierra, piedras, raíces, semillas, crisálidas antiguas. La tierra que te enchastro la superficie humana de tu planeta, ahora se lava con la lluvia que inventaste para cicatrizar.
Te voy a contar un secreto, pero prométeme que lo vas a cuidar para siempre.
El pozo por el que te volves a reinventar, es un canal a la nueva dimensión. Por eso cuando estés fuera, acércate al hoyo y tira ahí todos los pedazos de piel muerta. Cuando ese agujero se recicle a sí mismo, transformará eso que te dolió en las cristalinas escamas de tus nuevas alas”, me dijo la mujer de alas verdes.


domingo, 14 de agosto de 2016

Las naves voladoras del primer amor (cuento)

"Verano. Encontré diez pesos en la vereda y esa misma tarde también tuve la suerte de enamorarme de un fabricante de barriletes en la Plaza Central. Así volé por primera vez, aferrada a la cintura de mi artesano aéreo, sobre una de sus creaciones.
La siesta era sagrada para todos excepto para nosotros, que saltábamos el muro y caminábamos por las callecitas laterales de su barrio, donde nos besábamos de manera exagerada sin que nadie pueda juzgarnos.
Acuarela

Las pelirrojas de la cuadras estaban perdidamente enamoradas de él. Eso no me sorprendía en absoluto, ya que cualquier ser vivo quedaba hipnotizado por los cristales canela que llevaba por ojos. A mí me daban unos celos terribles cuando lo rodeaban para pedirle tereré o consejos sobre lectura astrológica. Ponía una cara de pescado insoportable pero él me amaba tanto que se reía y me levantaba la pollera tableada para que se me pase el enojo.
Una vez nos escapamos a una ciudad cercana. Necesitábamos caminar de la mano lejos de las pelirrojas y de la directora agreta, que siempre nos terminaba interrogando cuando nos encontraba en el patio trasero de la escuela.
Esa vez llovió a cantaros y el único barrilete que llevamos para jugar se partió en dos. Tuve miedo de que eso nos represente un mal pronóstico, pero mi enamorado tenía poderes de otra galaxia y disfrutó de mi expresión de sorpresa, cuando unió las varillas como un mago.
Antes de que el cielo se tiña de violeta, él me propuso dormir en la costa del río Paraná. Teníamos 14 y 15 años así que el mundo era nuestro y dije que sí. Acostados en la arena, sentí todos los colores que le puso al dibujo que hizo con sus dedos sobre mi escote. En los albores de la vida conseguimos subir al puente que unía éste planeta con la luna y de manera brillante nos escribimos un buen pedazo de eternidad entre las piernas.
El inventor de naves voladoras me presentó a los más estremecedores escritores de la literatura universal, llenó su pequeña habitación con canciones de Silvio Rodríguez que yo entendí años después, me dejó jugar con sus rulos cuando se dormía mirando una película y nunca cuestionó mi insistencia de quedarnos hasta las cinco de la mañana para atrapar el amanecer.
Recorrimos el espacio en bicicleta y en un concierto de boleros nos apretamos los enredados dedos de las manos para pedirnos que esa historia nos dure para siempre. Pero en alguno de esos malditos momentos del final de las historias, nos perdimos en la multitud mundial.
Hace poco volví a ver un barrilete azul y me aferre a la cuerda de serpentina. Antes de que vuelva a comenzar el carnaval de aquel año, quizá pueda abrazarlo en un recuerdo más", rememoró la mujer de alas verdes.