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lunes, 27 de junio de 2016

“Siempre volver a la base” - Crónica de una Peña Compañera

Hace frío, pero las jóvenes llevan sus vestidos folclóricos de mangas cortas. En la vereda de una de las sedes de la Fundación Farinello, hay gente llegando a la tercera “Peña Compañera”, organizada por la agrupación Peronismo Generacional de Quilmes Oeste.


Los niños llevan sus mejores prendas, los abuelos buscaron una mesita cómoda para ver el show, más adelante una familia numerosa ocupa varias sillas y pone sobre la mesa platos con montañas de empanadas. Se abrazan, se miran, se reconocen y sonríen, aunque pronto el lugar está lleno y hay que quedarse a un costadito para poder compartir.
Roberto Gaudio, "Gallo" para los compañeros 
“La peña es un espacio de resistencia cultural e ideológica, un espacio que nosotros mismos nos generamos para poder intercambiar ideas, para generar un debate sano y en un marco de distención”, comenta Roberto Gaudio, mejor conocido por sus compañeros como “gallo”. Gaudio es militante peronista desde los 16 años, desde muy joven ocupó cargos importantes dentro de la estructura del Partido Peronista sin perder la sencillez y el motivo de su compromiso, por eso la noche de la peña, es uno más entre sus pares.
Entre los presentes, en una mesa del costado, también está sentado el politólogo y periodista Edgardo Mocca. Su participación en el programa televisivo “6,7,8”, lo llevó, igual que a sus colegas, a la censura absoluta y a la exclusión del mercado laboral de la comunicación.
Edgardo Mocca politólogo y periodista
Después de que los jóvenes bailan la chacarera con sus atuendos típicos, Gallo presenta afectuosamente a Mocca para que ofrezca unas palabras. “Son momentos para transmitirnos afecto, mirarnos las caras, encontrarnos, sin preguntarnos si somos peronistas, socialistas, democráticos, liberales, somos argentinos, somos ciudadanos”, dice Edgardo, “Todos los que vivimos en este suelo generoso, que lo ha sido con nosotros, con nuestros padres y abuelos, que tuvieron que irse de sus patrias por las razones de siempre, por la pobreza y la exclusión. Este pueblo generoso no va a permitir que se consolide y se haga durable, un proyecto que viene a hambrear, a liquidar conquistas y derechos”, continúa.
La peña es un enorme living de barrio, un espacio común y caótico donde la gente se levanta de la mesa a cada rato para buscar más empanadas o pedazos de bizcochuelo. El cuero de los bombos suenan con canciones del litoral y muchos fuman tranquilos mirando el escenario. La tercera edición de ésta festividad nació motivada por los militantes de los barrios, los vecinos que concurren a las copas de leche, los músicos folcloristas que encuentran allí un escenario para compartir sus canciones, los docentes y estudiantes que la pelean también desde la academia.
Gaudio cuenta que a en la primera peña cantó el Negro Méndez, un reconocido folclorista para los quilmeños. Pero como la iniciativa apenas estaba empezando, en el fondo de escenario había un afiche que decía “Peña compañera, acá no se rinde nadie”, y como no tenían pie de micrófono el Negro “cantó con un secador de piso y hubo que atar el micrófono ahí”.
“Yo creo que indefectiblemente vamos a volver, de eso no tengo duda. Me parece que hoy estamos en el proceso de ver como se vuelve y con quienes se vuelve, pero vamos a volver porque el peronismo volvió siempre, porque nuestra bandera, nuestra lucha, nuestra energía está puesta siempre en recuperar los derechos de los que no tienen”, comenta Gallo, “estamos en un momento de autocrítica, pero no de autoflagelación. En este momento estamos en etapa de escuchar y encontrarnos, reconocer en el otro a los tipos que pelean por lo mismo que uno”.
La idea de llevar la peña a otros barrios de Quilmes y continuar motivando la participación es lo que lleva a la reunión constante, a la reflexión puesta al servicio de la acción. Ante los tiempos que corren, Gallo siente que “el pueblo es sabio y ya se está generando la vuelta, porque muchos compañeros están haciendo esto mismo que estamos haciendo nosotros, que es un granito de arena en el mar, pero de muchos granitos de arena en el mar, podemos fortalecer la base, y siempre volver a la base”.
Así, con los cantos acompañados de cuerdas y bombos, el pueblo militante se prepara desde el corazón, para las luchas que vendrán.  




viernes, 24 de junio de 2016

El Pitu Salvatierra, corazón de las villas porteñas

En mayo de 2015 me justé con el Pitu cerca de la Legislatura Porteña y le hice una desprolija entrevista-móvil para el programa radial Ríos de Tinta, Tigres de Papel. La Tierra Natal de Alejandro Salvatierra está Ciudad Oculta, también conocida como la Villa 15, en Capital Federal, y su vida está dedicada al trabajo en comunidad, para lograr la integración urbana de todos los barrios vulnerables, que son sistemáticamente negados por el Gobierno Macrista.

“Siempre es menos lo que vos podes solucionar de los problemas que se te aparecen. Nosotros podemos solucionar problemas todos los días, pero nunca alcanza, siempre la demanda es más de lo que vos podes dar”, comentó aquella vez. “Entonces lo que vos sentís cuando alguien te dice “che, gracias Pitu, gracias a esto que hicimos mi pibe está mejor, o yo tengo laburo, puede arreglar mi casita”, uno siente una caricia refrescante a ese dolor que viene teniendo durante muchos días”.


En 1993, cuando el Pitu tenía 13 años, su familia quedó en la calle. Conoció los penales desde niño, porque su papá había caído preso varias veces, y en la adolescencia fue rodeado por todo tipo de drogas. Le tocó estar en una celda de 2 por 2 durante 3 meses, sin poderse bañar, y cuenta que se le pudrió el pie porque cuando dormía se le metía en una letrina.
En el infierno, ese joven se preguntó porque estaba allí, porqué le estaba pasando todo eso. Alejandro decidió terminar el secundario dentro del panal, y sus maestros le acercaron diversas lecturas que lo ayudaron a comprender que su dolor, era el miles que también son esclavos de un sistema armado solo para unos pocos.
De aquel encuentro, me guardé en el cofre de las grandes enseñanzas, las últimas palabras de aquella charla: “Te llena de responsabilidad. Cuando uno ve que la vida de uno pudo cambiar, por lo que uno hace, entiende que cada mañana tiene que levantarse a hacer algo. Porque no hay manera que en tu cabeza vos puedas considerar la manera de quedarte tirado en la cama. Nosotros no podemos deprimirnos, o sea, no sé lo que es la depresión, no tengo tiempo para deprimirme. Porque si me deprimo hay muchas personas que están esperando a que uno haga cosas, que afectan a la vida. Entonces no tengo tiempo para deprimirme, para cansarme. Cada mañana hay algo que me impulsa a levantarme, que es eso, la responsabilidad que tengo con esos que menos tienen”.
En éste momento el Pitu es perseguido políticamente por el rol que ocupa en la organización política, social y cultural de los barrios más castigados por el veneno de la derecha. Nuestra responsabilidad con su lucha, es nuestro compromiso con la verdad y la justicia dentro la ciudad que habitamos. Si el Pitu está preso, es una represión que ejercen también sobre los derechos de todos.


24 de junio 2016 

viernes, 1 de abril de 2016

Milagros Sala en los ojos de Sebastián Miquel

Viajó hasta Jujuy para disparar sobre Milagros Sala y su obra. Se alquiló un departamento a una cuadra de la sede de la Organización Social Tupac Amaru, se predispuso a recorrer cada pueblo y deshizo su cuerpo para que solo exista el ojo espectador.  “Abia Yala, hijos de la tierra”, es el nombre de la muestra en blanco y negro que resultó de aquella expedición, un documental fotográfico sobre un pueblo brillando desde su origen.

Sebastián Miquel

Sebastián Miquel estudió un año de Derecho, después se cambió a la carrera de Ciencias Políticas, trabaja como profesor de Historia y de Filosofía Política en las Universidades de Buenos Aires y la Matanza, y brilla cuando desenfunda la cámara de fotos. Nació en Villa Mercedes, San Luis, en 1975 y hace varios años vive en Capital Federal. Viajó bastante y desde que era niño, disfruta del ruido que hace la cámara cuando recorta un instante del presente.  
Conciencia sobre lo político, compromiso con la memoria, intuición artística, se conjugan cuando Miquel trabaja para dejar testimonio. “Yo tuve un contacto con el mundo de las ideas, pero ese mundo de las ideas nunca se asemejaba o emparejaba con el mundo real, con la praxis política, y por eso a ese mundo de las ideas le costaba mucho explicar quién era el Che Guevara o quien era José de San Martin. Una cosa es un plan de liberación, las necesidades fácticas de que un país se libere y otra cosa es quiénes liberan a esos países, porqué los liberan, qué sentimientos hay en juego, qué pasado tienen”, dice.

¿Se puede explicar quién es Milagros Sala?

“Ya la conocía a Milagros”, dice que fue en Buenos Aires un tiempo atrás, “y diferentes personas me habían contado lo que hacía la Tupac, lo fantástico que era que eso suceda en Argentina, y más en Jujuy, una provincia que Menem la había caratulado de ‘provincia inviable’, con uno de los índices más altos de desocupación, hambruna, desnutrición, con elementos muy fuertes de pobreza”, cuenta Sebastián con su forma pausada, “y que eso suceda en una provincia que se estaba levantando me parecía un dato interesante. Además con un contenido indigenista muy grande, donde se percibía una dignidad indígena renovada, algo similar a lo que pasaba en Bolivia con Evo, se respiraba eso, una manera de organización que estaba ligada a un matriarcado, que tiene que ver con la cultura Coya”.
Existen los telescopios para mirar el universo, existen los microscopios para observar las partículas más diminutas, y existen las cámaras de fotos para contar la historia desde diferentes ópticas. “Llegué a la Tupac a partir de un fuerte ataque que le hace la prensa dominante argentina y dos o tres senadores y diputados opositores. Me pareció que eran acusaciones sumamente injustas y alocadas, decían que eran parte de grupos terroristas, guerrilleros, parte del narcotráfico, etc, etc. Pensé que un aporte que podía hacer era ir, documentar eso fotográficamente y ahí fui, simplemente”.


Para el fotógrafo que vistió su estudio con imágenes latinoamericanas, una wiphala que sobresale de la biblioteca y varios cuadros con retratos en blanco y negro, resulta natural que su camino lo lleve a contradecir el discurso hegemónico desde el pulso de su ojo contestatario. “Me pareció que podía hacer algo, estas son cosas que a uno lo exceden, son cosas muy grandes, muy amplias, pero los esfuerzos militantes son así, son pequeñas cosas que uno va sumando”. Sebastián dice que la cercanía con ese pueblo “no es algo complicado, o en este caso no fue algo complicado, ellos también percibieron naturalmente que iba con buena voluntad”, y agrega que “son personas muy bellas, obviamente de trabajo, de orígenes extremadamente humildes, con mucho sentido del humor, con mucha alegría en el hacer. Estaban pudiendo levantar barrios y colegios para su propia gente, para ellos, y eso genera un orgullo muy especial”.
Su técnica fue aprender sin juzgar, participar sin irrumpir, “simplemente fui muy abierto a mirar y a empaparme de lo que estaba ocurriendo, salió naturalmente, no hay un método para eso, y lo hice con mucho respeto, sin pretender movilizarlos, no hay fotos armadas, ni poses, pero claramente desde la propia subjetividad”.
Un fotógrafo es hijo de su época
Tres disparos lo llevaron al hospital durante la movilización que exigió la renuncia del Presidente que se escapó como una rata con alas en el 2001. “Sentí muchísima furia, yo había trabajado, pensado, escrito, y de alguna manera militado para que el neoliberalismo se vaya del país. Ese día me parecía que había que estar en la calle para que ese modelo que había traído tanto dolor al país, que tenía tanto que ver con lo que yo no quiero ser, y no espero de la sociedad, termine”, rememora Miquel, “uno ahí estaba pensando en ser parte de algo mucho más grande, era una sociedad diciéndole a un gobierno que se vaya”. Por momentos tirando piedras, luego sacando fotos, participó de aquel agujero ciego creado a partir de la perversa teoría del derrame.
En el brazo se tatuó un pañuelo, clásico logo de la lucha sostenida por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo hace cuarenta años. “Un fotógrafo, un periodista, o un escritor, también es hijo de su época, y esa época fue la que a muchos nos puso en algún lugar de compromiso, inevitablemente”.

Su gato se llama Néstor

“En estos 12 años me pasó lo que quizá le pasó a muchísimos. Una fuerza política y una parte importante de la sociedad, eligió hacer otra cosa y esa otra cosa que eligió hacer, mucho tenía que ver con las ideas que había pregonado desde los veinte años. La idea de un país más autónomo, más soberano, con un montón de defectos, problemas, y con un montón de desafíos pendientes… Pero poder decirle a Bush “NO”, y operar con políticos de la región y Chávez, Lula, y todo lo que fue ocurriendo durante los años del kirchnerismo”, acentúa Miquel, “y sobre todo los enemigos del kirchnerismo, hicieron que yo después a mi gato le ponga Néstor. Creo que me define más como ser político los enemigos que los amigos. Y los enemigos del kirchnerismo son históricamente mis enemigos”.
La histérica historia Argentina dio un nuevo giro. Los derechos se derrumban como un castillo de naipes, Milagros Salas es apresada de forma impune por reclamar ante las autoridades locales de su provincia, el nuevo modelo económico ensombrece la vida de los más humildes.  
“Nunca grité el ‘que se vayan todos’, como ahora no grito ‘vamos a volver’, pero quizá por una comprensión de lo político de que es mucho más complejo que eso. El ‘vamos a volver’ hoy lo critico porque me parece que hay una nueva realidad y no hay que volver, hay que proponer otra cosa, nueva, superadora, hay que ir por más, no volver”, reflexiona Sebastián, quien cotidianamente está alerta de los nuevos sucesos políticos.

Mirar la vida no es tarea fácil para los seres imperfectos y limitados que somos los seres humanos. Por eso cuando un fotógrafo salta por encima de la imagen frívola, cuando enfrenta los temores que impone el sistema desigual en el que nos toca desarrollarnos, algo se transforma. Los ojos profundos de cada uno de sus retratados, el alma que viaja en cada imagen, devuelven algo de dignidad a esos ignotos que los grandes medios sepultan en sus crónicas. Sebastián Miquel mira al niño que fue y le dice “bien pibe, lograste no traicionarte, lograste seguir siendo fiel a tu mirada”. 

viernes, 18 de marzo de 2016

Pinceladas en piedra, que el tiempo no podrá borrar (héroes sensibles)

Pintan con piedras en las paredes, para que los muertos que la historia oficial niega y oculta, sean difíciles de olvidar, quieren que se transformen en un interrogante para las generaciones venideras. El grupo Antiarte, rebautizado con el nombre de Nacional Mosaico Veneciano, lucha en contra del arte elitista y a favor del arte popular, sus particulares integrantes mezclan la belleza de la sencillez de barrio, con la mística de la militancia más revolucionaria.
Sergi Sioux, Gonzalo Lòpez Lluch, Paula Soto y Barbara Cabral (que no pudo estar) integran Nacional Mosaico Veneciano 
Para el encuentro con ellos, me hundí en una circunferencia, que la calle Berlín hace en Parque Chas. Me tocó esperar en la vereda unos minutos porque el mural que Gonzalo y Sergi estaban instalando en el Pozo de Banfield llevó un poco más de tiempo, pero por suerte Paula llegó antes de que me cansara de esperar y eso me dio la oportunidad de conocerla antes de que se sumaran a la charla los muchachos.
El mosaico veneciano es caro, elitista, con un uso frecuente en la decoración de baños, shoppings, subtes y su forma de colocación permite que la belleza de los colores distribuidos en pequeños cuadraditos, sea “casi perpetua”, como me aclara Paula. Por eso cuando comenzó a contar sobre la colocación de la imagen del Padre Mujica en la villa 31, le pedí que me permita prender el grabador, así no me perdía una sola de sus palabras.

Los niños juegan con el Padre Mujica  
Más tarde Gonzalo me explica que su amigo, también artista plástico, Grone de Luca, lo invitó a participar de un homenaje al Padre Mujica en la Villa 31 un miércoles. Para el sábado esa figura de piedra tenía que estar lista, por lo que Paula pataleó un poco, ya que era un delirio hacer semejante trabajo en tan poco tiempo. ‘Hay que hacerlo’, insistió Gonzalo y finalmente lo lograron.


Paula me relata que un tiempo después fueron a mostrarle ese trabajo a su amiga Barbi. “Todo el mundo te dice lo poco que va a durar, que es una villa, que los pibes no cuidan nada”, y que ella misma muchas veces influida por esas voces guardaba el prejuicio. “Bueno… cuando fuimos, para mi sorpresa de lejos se veía entero, nos fuimos acercando con mi compañera y vimos a unos niños frente al mural. Ella les pregunta ‘¿qué están haciendo?’, (con voz acusatoria), ‘nada, nada, estamos acá jugando con el padre’, dijo uno de los nenes, yo me quede… Osea, ‘estamos-acá-jugando-con-el-padre’, y no dije nada, me acuerdo que pensé ‘bueno, escuché lo que escuche’. Después de mirar de cerca el mural y alejarnos nuevamente, Barbi me pregunta ‘¿vos escuchaste lo que dijo?’. Entonces sí, escuchamos lo que dijo, y no era una boludez, y el mural está intacto, el padre está intacto, y está ahí. Esa anécdota en particular me hace acordar todo el tiempo lo que estamos haciendo”, aquel episodio fue para ella definitivo en el compromiso que pone para que su trabajo apoye la memoria.
foto de Rafael Ruiz
“De los 13 grupos muralistas nos tocó estar en la puerta de entrada de la parroquia Cristo Obrero, donde está la tumba del padre Mujica y ahí está nuestro homenaje, ¿sabes que linda la satisfacción?”, agrega más tarde Gonzalo.

Los inicios de Antiarte
Gonzalo, apasionado por la historia y la política, durante la época que trabajó en el microcentro y varios años antes de enamorarse de Paula, pensaba con fervor en la necesidad de darle otra forma a los pañuelos, que tantas veces veía escrachados por Cecilia Pando en la Plaza de Mayo.
Paula, lejana de éstos debates militantes y hasta el momento solo vinculada a la perspectiva artística de los mosaicos venecianos, pensó que era una locura dibujar símbolos políticos con un material tan caro.
Sin embargo, además de amor, de la unión entre Gonzalo y Paula nació el complemento ideal para que una forma nueva y original de muralismo, empiece a dar los primeros frutos. La primera figura fue la imagen de Evita Perón en conmemoración a un nuevo aniversario de su muerte y luego continuaron con un homenaje al movimiento de “Muralistas Espartacos”, el grupo de artistas que durante la década del 60’ promovió el arte popular en nuestro país. “Con esa primera Eva salimos de forma autodidacta, mi convicción fue ‘no importa cómo, pero hay que realizarla’, había que dar el primer paso, y los primeros pasos no siempre son los mejores, pero lo importante es que son los primeros”, cuenta Gonzalo.
Para realizar el homenaje a los artistas del Movimiento Espartaco, se comunicaron por Facebook con Nora Patrich, autora del Monumento a las víctimas del Bombardeo de Plaza de Mayo, ubicado en el jardín de la Casa Rosada. Ella estuvo galardonada en diferentes oportunidades tanto en nuestro país como en Canadá, el último país de su exilio a causa de la Dictadura de 70’. La historia de ésta mujer merece las menciones de una investigación más amplia, pero dejaré al lector incursionar por su cuenta en ésta oportunidad.
“Nos comunicamos con Nora con la idea de trabajar por la democratización del arte y ahí aparecieron los primeros valores. Democratizar el arte significa poner el arte en la calle, y no cualquier arte, sino inclusive esos que pareciera que solo pueden estar en los museos. Hay muchas barreras culturales que son las que realmente aíslan, obviamente que también las económicas”, dice Gonzalo. “Ella vino a nuestra casa y tuvimos una charla increíble que nos dio más fuerza aún y a partir de eso hicimos dos obras del Espartaco (dos de nueve), ahora vamos por la tercera, es una obra que lleva mucho trabajo”, y agrega “los tiempos de la política, a veces no son los tiempos de los proyectos culturales”.
Gonzalo es sumamente enérgico, sus ideas vuelan bien alto. Después de colocar el primer pañuelo en un hospital de Lanús, Hebe de Bonafini consultó por su autor. Ella le propuso colocar otro pañuelo en la sede de las Madres y la impronta de Gonzalo abrió las puertas de muchos municipios, entonces la colocación de pañuelos también se multiplicó. Si fuera por él colocaría un pañuelo en “cada plaza del mundo”, según sus propias palabras. Su tarea es abrazar los derechos humanos desde el homenaje construido en piedra.
Venecita por venecita
Una de las obras más grandes, está dedicada a las Malvinas Argentinas, con 12 metros de largo y 2,50 de ancho, dos meses de taller, entre ocho y nueve días de colocación, con jornadas de entre 10 y 12 horas de trabajo diario.


“Más de una vez nos encontramos diciendo, ‘bueno los del crucero la pasaron peor’, cuando teníamos frío a la mañana el día de la colocación pensábamos que no tenía sentido quejarnos”, dice Paula, “eso te lo trae el material, todo el tiempo estás pensando en lo que estás haciendo, el otro día uno de los chicos en el Pozo de Banfield dijo ‘me molesta mucho el sol’ o algo así, y automáticamente pensó ‘¿qué estoy diciendo?, pensar que los chicos que estaban adentro de ese lugar la pasaron re mal’. Estas comprometido desde el primer momento porque es medir, pensar, cortar, pegar, sacar el papel, limpiar, empastar, se te cae una piecita y la tenes que volver a pegar, la tenes que limpiar porque no te puede quedar con cemento”, y agrega “es paciencia, es amor, se te convierte en amor”.
El oficio, herramienta para lo imposible
Sergi, por lo que ellos mismos cuentan, es el que más conoce la técnica del veneciano. Dice que los sucesos políticos en su vida son una constante desde la panza de su madre, como referencia dice que tiene tantos años como la lucha de las Madres, 40 años. Su compromiso con ésta forma de muralismo, también es visceral.

“El oficio te remienda los percances que puedan surgir”, comenta Sergi “en el Pozo de Banfield tuvimos hoy una pared muy controversial para pegar, no es apta para veneciano porque requiere de carpeta fina, pero nosotros venimos con una guerrilla de colocar murales en paredes que son muy inhóspitas. Trabajamos casi a ciegas, cuando nosotros pegamos nos queda expuesto el papel, la obra que hacemos es como una foto analógica, que hasta que no reveles no sabes que tenes”, explica. “No estas exento de que te pasen distintas cosas, y menos con la militancia, porque con el privado vos decís ‘me pagas esto’, ‘arreglamos esto’, ‘yo necesito la pared a plomo, con escuadra, la pared a fino, cuando uno milita y dice ‘vamos a poner uno en el ECuNHi, en el Poso de Banfield’, son lugares que bueno… vamos y lo ponemos”.
Un fuego tan fuerte, que transformado en piedra, persigue la eternidad
Cuando se observa la expresión del colectivo artístico Nacional Mosaico Veneciano, aparece la posibilidad de confluir con otros de forma casi perfecta, y digo ‘casi’, porque afortunadamente la perfección no existe. Pero ahí está, una piedrita de color alado de otra construyendo un rostro, haciendo homenaje de ritual a diversos héroes sensibles de otras épocas. “Cuando me encuentro en esa situación de problema ‘pido por favor’ ayuda”, dice Paula “por ejemplo cuando hicimos el de (Emilio) Barletti, que era un seminarista Palotino (asesinado por la Dictadura Militar el 4 de julio de 1976), lo hicimos en San Antonio de Areco porque él era de ahí. Tuvimos una situación horrible, la temperatura hizo que el mural no se adhiera a la pared, entonces cuando fuimos a quitar el papel se nos caía, se nos caía su cara. Entonces en ese momento creo que estuve todo el día pidiéndole a Barletti que nos ayude por su madre, que iba ir a ver eso y que yo no podía hacerle a la Mona Gimenez, necesitaba que sea él, necesitaba que me ayude, son cosas que te salen en el momento. Porque es un gran trabajo, es mucho esfuerzo como para rendirse porque simplemente el material no adhirió. Estuvimos día y noche haciendo una carita perfecta, para que después por los cero grados no adhiera”, y una vez más Paula dice “estas cosas son las que todo el tiempo te recuerdan lo que estás haciendo”.

Militar desde uno

Antes de apagar el grabador, Gonzalo dice “La militancia es hacer lo que uno tiene ganas, porque no es solo política, la militancia es de la vida. A veces eso de ser, estar, pertenecer, te aleja de lo que vos realmente querés… bueno, cada uno militará lo que sea y lo que quiera, nosotros militamos haciendo esto”.



viernes, 11 de marzo de 2016

Dibujar hasta que arda la Patria (héroes sensibles)

“Para comunicar tenemos las calles, las plazas, radios comunitarias y alguna que otra cooperativa, y sino inventaremos cosas”, dice Mora mientras se toma el quinto mate la tarde que Buenos Aires mostró su cara de otoño. Ella sonríe mientras expone su punto de vista sobre el futuro porque antes y después de nuestro encuentro sigue militando para que la censura aplicada por el Macrismo, no se trague la huella del proyecto político que la incluyó en la historia de nuestro país.
Mora 

Mora Sarquis Adamson tiene 30 años, es licenciada en Ciencias de la Comunicación, militante de la Cámpora y dibujante. También es emprendedora, creó recientemente su empresa unipersonal llamada Militarte, que funciona como una posibilidad de aplicar sus dibujos a diferentes objetos de arte. Además es su propia peluquera y tiene dos gatos, llamados Pampa por el tractor y Pulqui por el avión, ambos impulsados por Perón en los años 50’. Su ideología es el idioma con que el que construye su vida.
Mora por Mora
En las redes sociales, sus más de 23 mil seguidores la conocen por sus creaciones de "Esto es poco serio", sus viñetas humorísticas lograron sintetizar diferentes coyunturas políticas. El lápiz que crea sus personajes se nutre de las raíces militantes que empezó a forjar a mediados de 2010, cuando posteriormente a los nefastos noventa, encontró en el kirchnerismo un motivo concreto para creer que la política puede transformar.
“Uno se nutre mucho de la militancia y de lo que le pasa a los militantes, de lo que uno habla con los vecinos, de las discusiones que se arman entre gente que piensa parecido y gente que piensa totalmente distinto. Nunca pensé en dejar de militar por hacer dibujos, me llenan mucho el alma las dos cosas”, y se define “soy una militante que dibuja, no sé si soy una dibujante que milita”.
En el universo inventado por las empresas monopólicas de comunicación, los dinosaurios y los militantes se extinguieron. Después de conseguir que “la opinión pública” rechace a los militantes kirchneristas y principalmente a los que integran La Cámpora, cientos de personas son castigadas todos los días con despidos, represión y estigmatización. Sin embargo, los innumerables ataques revanchistas del actual gobierno, no consiguen frenar el trabajo cotidiano de los vecinos organizados.

“Esperamos que las unidades básicas sirvan de lugar de referencia. Tenemos que entender un poco más cómo funciona la comunicación, porque creo que fallamos en las formas. El contenido del kirchnerismo me parece que ha sido impecable, obviamente con sus errores, pero hemos hecho unas transformaciones del carajo, y quizá no las pudimos comunicar de la mejor manera”, comenta “me preocupa un poco la virulencia con la que se responde al macrista, o no al macrista, pero sí al que votó a Macri quizás equivocado, quizás comprando un discurso que no era verdad. Macri mintió mucho en la campaña, por más que digamos que siempre dijo lo que iba a hacer, no fue tan claro. En la campaña dijo que iba a mantener un montón de cosas que cambió, dijo que no iba a devaluar y que no íbamos a perder nada de lo que ya teníamos, era como un kirchnerismo mejorado casi. Por eso hay que abrazar a la gente que le pasó eso, que votó equivocadamente y no enojarnos, hay que tener paciencia y responder siempre con amor”.

El 7 de octubre de 2015 Mora se transformó en caricatura, atravesó la puerta de la Casa Rosada y fue recibida por el personaje más importante de sus dibujos, pero ésta vez Cristina estaba frente a ella en carne y hueso. Aquel encuentro histórico con la primera Presidenta de nuestro país, es para Mora uno de los momentos más importantes de su vida.
Mora y Cristina

“El encuentro fue increíble y surrealista, es algo que yo todavía no creo que haya pasado. Miro la foto o me acuerdo de esa situación y es como si hubiera sido un sueño. Le decía a Martín, mi compañero, que fue como un paréntesis en el espacio-tiempo. Es tan increíble ver a Cristina cara a cara, y que te hable, y que te diga, Mora esto, Mora lo otro”, relata con la alegría de una niña que recuerda el encuentro con su heroína preferida. “No sabía qué hacer, le decía “te amo”, “te amo”, porque no quería que se me pase la oportunidad de decirle que… y claro, ella me hablaba como una extraña, yo era una extraña, pero para mí era un Perón actual, un prócer y significó que tengo que dibujar más y dedicarme a esto, después veo como sobreviviré económicamente”.
El arte, la expresión de las emociones, las historias que narra cada viñeta de ésta dibujante popular, abraza los sentimientos de miles de argentinos que jamás serán representados en los medios de comunicación. Su vida es un círculo virtuoso, donde después de dibujar, se mete en la obra y milita por todas las luchas que por un largo tiempo no serán noticia de la agenda mediática.


domingo, 10 de enero de 2016

Los 130 años de lucha contra los españoles del pueblo Diaguita

Las Ruinas de Quilmes, sangre de la Ciudad Sagrada

“El valle es un gran campo arqueológico. Tafí, Amaicha, Santa María, Cafayate, Cachi, todos  estos lugares propuestos como rutas turísticas son grandes campos arqueológicos. Aquí los abuelos, nuestros padres, preparan el arado para cultivar la tierra, o nosotros metemos la pala para comenzar a hacer los cimientos de las casas y sale presencia del pasado”, dijo Santiago Nievas, el joven de 23 años que recorre todos los días las ruinas de Quilmes para contar la historia de su pueblo, a los turistas que se acercan hasta Amaicha del Valle. 

Cuando escucho sus palabras todavía estamos en un bosque cercano al gran cementerio indígena, donde los cuerpos de los nativos están enterrados a un metro y medio de profundidad, según lo que nos relata. Quilmes y el Pucará de Tilcara, son las dos ruinas más conocidas, pero a medida que avanzo en el recorrido por estas tierras, los guías repiten la misma consigna, todos los cerros son testimonio de la vida de los pueblos arrasados por la conquista. 

“La otra historia”, es el nombre del recorrido propuesto por Sebastián Pastrana, guía turístico oriundo del pueblo Diaguita, que hace aproximadamente ocho años impulsa la toma de conciencia sobre el pasado y presente de una población que luchó durante 130 contra las invasiones que los españoles. “El imperio Inca ya había sido conquistado y dominado. En éstas partes las guerras fueron muy largas y fuertes. Los abuelos nos dan un ejemplo para entender que son esos 130 años y ahí surge esa transmisión oral, esa Otra historia”, presenta Santiago al grupo pequeño de viajeros que estamos escuchando con atención bajo la sombra del árbol. “Un relato que no se habla, que no está escrito, y que genera una confusión a nosotros que somos más chicos, porque nos dicen una cosa en la escuela y otra en la casa”. 

Territorio Comunitario Ancestral 

Los comuneros de Amaicha del Valle conforman un Pueblo de la Gran Nación Diaguita. Son 5.000 habitantes en un territorio de 52.000 hectáreas, cuyos derechos están respaldados por Cédula Real Española, otorgada en 1716 y protocolizada en 1892 por el Estado Nacional. Son el único territorio donde el Estado Nacional y Provincial, no puede accionar sin previa consulta al Cacique, que a su vez habla con el Consejo de Ancianos y la Asamblea General, partes integrantes de una forma de organización nada difundida. 

Actualmente para recorrer las ruinas ancestrales, se abonan 30 pesos que son destinados a la educación, salud, sueldos de quienes reciben a los viajeros en la excursión y diferentes proyectos cooperativos como el emprendimiento de vino indígena que pusieron a funcionar recientemente en el pueblo. En el marco de esa forma de organización plantean una propuesta de transmisión oral en lo que dura la caminata por las construcciones en piedra que fueron el hogar de una comunidad trabajadora y en armonía con la naturaleza. 

La Otra Historia sobre las ruinas de Quilmes 

Santiago nos explica que las ruinas se conocen solamente por haber significado el último lugar que invadieron los españoles y por el genocidio posterior, cuando esa población fue obligada a caminar en caravana hasta el actual Quilmes en Buenos Aires. “La distancia de un Quilmes a otro hoy es un aproximado de 1500 kilómetros, y tengamos en cuenta que estamos hablando del 1600, no había caminos, no había huellas, ese trayecto es un gran cementerio, salen más de 2000 personas y llegan menos de 400, esa fue la “Reducción de la Exaltación de los Indios Quilmes”, nombre que le puso la corona española al territorio. 

“Hay sociedades muy bien organizadas antes del Inca y antes de Cristo. Las montañas que están entre Tafí y Amaicha, están repletas de construcciones que datan de tres mil a cuatro mil años antes de Cristo”, dice el joven guía, “el pueblo de Quilmes es del año 850, después de Cristo, y en el 1200 es cuando se habla de un desarrollo bien marcado, donde pasaron de ser nómades a sedentarios”. Santiago resalta que gracias a los estudios arqueológicos que se realizaron en el lugar, se puede saber que existió “con palabras de hoy, una red comercial”, y ejemplifica que “se encontraron objetos de la puna tucumana en la selva boliviana, objetos de la puna tucumana en la costa atlántica, en Brasil, lo que demuestra que alguien fue, y vino”. 

La voz de Santiago, calma pero con fortaleza evidente, nos transporta a 1480, cuando el Inca ingresó en la región, y “ahí es cuando se habla de un periodo corto de 50 años, fuertes, duros, intensos, donde por ejemplo, pierden la libertad de trabajo y algo muy importante, la lengua madre del diaguita llamada “Cacán” y en su lugar imponen el Quechua”. Además el Inca ya había movido a los Coyas y a los Aimara de un territorio a otro como estrategia.  

En 1534, se hace cargo de la invasión Diego de Rojas, que es el primer español en entrar a esas tierras. “En ese periodo también surgen tres jefes, tres héroes. Hoy los próceres que estudiamos están en los billetes de 100 pesos, y estos héroes nativos, gente que realmente ha defendido la tierra, muy poco y nada se habla”, exclama Nievas “el primero es Calchaquí, el valle lleva el nombre de una persona, Calchaquí fue el que logró unir Salta, Tucumán, Catamarca, ésta era una zona conocida como de Calchaquí, una zona fuerte, conflictiva, de precaución, siempre se hablaba de lo bravos que eran aquí, pero bravos para defender lo suyo”. 

Los exponentes indígenas de esas luchas representan una importante referencia para las actuales generaciones originarias que necesitan conocer su historia. “Después de muchos años de guerra, Calchaquí muere, pero ya había dejado mucha gente preparada, y ahí surge el segundo que se llama Chalimin, el más fuerte que tiene la conquista, en los archivos está como “el tigre de los Andes”, con una fuerte capacidad guerrera”, suma Santiago, “pero Chalimin tiene un triste final, agarrado por los españoles y descuartizado. Sus miembros son esparcidos por todo el valle, sus brazos, sus piernas, después su cabeza es la que va girando alrededor de las tribus en señal de escarmiento, no obstante con toda esta crueldad continúan y aquí es donde encuentran al tercero en Quilmes”. 

Ikin, el guerrero diaguita de Quilmes 

“Se enfrentan las armas de fuego contra las flechas y las piedras, lo que hace perder mucha fuerza a Ikin. Ahí entran a defenderse mujeres, niños y abuelos también”. Alonso del Mercado de Villa Corta fue el militar designado para invadir el territorio de los Quilmes. “En la transmisión oral los abuelos nos cuentan que es el primero que llega y piensa “hay que rodearlos”, y cortarles los accesos de agua que tenían atrás de la montaña, cortarle el acceso a éstos cultivos y así por hambre y por sed hacerlos bajar de esa montaña”. 

“La Ciudad Sagrada”, como llaman al sitio donde hoy quedaron las ruinas, se dividía en dos partes en dos partes: por un lado las viviendas y los centros de cultivo, lugar donde vivían armónicamente cuando no había invasión, y por otra parte el Pucará, que significa “fortaleza”, donde estaban los “divisaderos”, para vigilar la llegada de los invasores desde la montaña. 

El Pucará, la ciudad de la guerra 

“Pasan aproximadamente cuatro meses hasta que las mujeres y los niños comienzan a bajar de la montaña y Villa Corta los tortura para ejercer presión a Ikin. En 1666 el cacique baja de la montaña y pacta la rendición”. Es ahí cuando se realiza el traslado masivo a lo que conocemos como Quilmes en Buenos Aires y también los obligan a ir a Salta, Bolivia, Catamarca, la Rioja, Santa Fe, Córdoba.   

Utubaitina, un cacique nacido para el renacer de su pueblo 

“No todos desaparecen, no todos mueren, Ikin hizo escapar un grupo por atrás de la montaña, y así surge utubaitina, que se escapa siendo niño y vuelve muchos años después como cacique de su grupo, pero no ocupa la Ciudad Sagrada”, dice el guía y explica que la corona española, por miedo de un nuevo levantamiento y cierta lucha de intereses políticos dentro de la misma aristocracia, otorga el territorio a Utubaitinia. 

“Recién en 1810 se realiza un censo para saber cuantas etnias habitaban, ahí ya no aparecen ni los Quilmes, ni los Calchaquíes, ahí hablan de la mujer diaguita en un auto exterminio, negándose a tener hijos para que no sufran. En 1812, muere el último Quilmes puro, y se los declara pueblo libre, pero ya sin sus originarios. Hoy a 2016 ésta población sigue, pese a los acuerdos políticos con los económicos, que niegan a presencia de pueblos originarios. Es aquí cuando surge esta necesidad de seguir transmitiendo de manera oral”. 

Una pileta de natación sobre las tumbas indígenas en los 90´ 

“El mismo dueño del “Museo Pachamama”, en los 90’ destruyó el sitio arqueológico para construir ese complejo turístico”. Hicieron una pileta de natación de dos metros de profundidad sobre el enorme cementerio indígena que apenas un metro y medio bajo tierra, todavía conserva los huesos de la comunidad Quilmes. 

Un mes acamparon para que se vayan los empresarios que reclamaron esas tierras como propias y destruyeron el sitio arqueológico para instalar un gran hotel y shopping en pleno sitio arqueológico. En 2006 se realizó una investigación que demostró los movimientos fraudulentos que se realizaron en esa construcción y en 2007 los habitantes de los alrededores lograron que se clausure el lugar. Ahora el espacio funciona de manera cooperativa, “todo el año estamos aquí viviendo, no somos un folleto de fin de semana largo, nosotros estudiamos aquí, nos capacitamos y esa es la propuesta de la comunidad”, sumo el joven guía diaguita calchaquí. 

Cuando finalizamos la caminata en la montaña, Santiago nos invitó a permanecer un momento en silencio para contemplar desde las alturas la enorme Ciudad Sagrada. “En el canto de las aves se escuchan las voces de las almas que todavía habitan este lugar”, nos dijo.