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viernes, 11 de marzo de 2016

Dibujar hasta que arda la Patria (héroes sensibles)

“Para comunicar tenemos las calles, las plazas, radios comunitarias y alguna que otra cooperativa, y sino inventaremos cosas”, dice Mora mientras se toma el quinto mate la tarde que Buenos Aires mostró su cara de otoño. Ella sonríe mientras expone su punto de vista sobre el futuro porque antes y después de nuestro encuentro sigue militando para que la censura aplicada por el Macrismo, no se trague la huella del proyecto político que la incluyó en la historia de nuestro país.
Mora 

Mora Sarquis Adamson tiene 30 años, es licenciada en Ciencias de la Comunicación, militante de la Cámpora y dibujante. También es emprendedora, creó recientemente su empresa unipersonal llamada Militarte, que funciona como una posibilidad de aplicar sus dibujos a diferentes objetos de arte. Además es su propia peluquera y tiene dos gatos, llamados Pampa por el tractor y Pulqui por el avión, ambos impulsados por Perón en los años 50’. Su ideología es el idioma con que el que construye su vida.
Mora por Mora
En las redes sociales, sus más de 23 mil seguidores la conocen por sus creaciones de "Esto es poco serio", sus viñetas humorísticas lograron sintetizar diferentes coyunturas políticas. El lápiz que crea sus personajes se nutre de las raíces militantes que empezó a forjar a mediados de 2010, cuando posteriormente a los nefastos noventa, encontró en el kirchnerismo un motivo concreto para creer que la política puede transformar.
“Uno se nutre mucho de la militancia y de lo que le pasa a los militantes, de lo que uno habla con los vecinos, de las discusiones que se arman entre gente que piensa parecido y gente que piensa totalmente distinto. Nunca pensé en dejar de militar por hacer dibujos, me llenan mucho el alma las dos cosas”, y se define “soy una militante que dibuja, no sé si soy una dibujante que milita”.
En el universo inventado por las empresas monopólicas de comunicación, los dinosaurios y los militantes se extinguieron. Después de conseguir que “la opinión pública” rechace a los militantes kirchneristas y principalmente a los que integran La Cámpora, cientos de personas son castigadas todos los días con despidos, represión y estigmatización. Sin embargo, los innumerables ataques revanchistas del actual gobierno, no consiguen frenar el trabajo cotidiano de los vecinos organizados.

“Esperamos que las unidades básicas sirvan de lugar de referencia. Tenemos que entender un poco más cómo funciona la comunicación, porque creo que fallamos en las formas. El contenido del kirchnerismo me parece que ha sido impecable, obviamente con sus errores, pero hemos hecho unas transformaciones del carajo, y quizá no las pudimos comunicar de la mejor manera”, comenta “me preocupa un poco la virulencia con la que se responde al macrista, o no al macrista, pero sí al que votó a Macri quizás equivocado, quizás comprando un discurso que no era verdad. Macri mintió mucho en la campaña, por más que digamos que siempre dijo lo que iba a hacer, no fue tan claro. En la campaña dijo que iba a mantener un montón de cosas que cambió, dijo que no iba a devaluar y que no íbamos a perder nada de lo que ya teníamos, era como un kirchnerismo mejorado casi. Por eso hay que abrazar a la gente que le pasó eso, que votó equivocadamente y no enojarnos, hay que tener paciencia y responder siempre con amor”.

El 7 de octubre de 2015 Mora se transformó en caricatura, atravesó la puerta de la Casa Rosada y fue recibida por el personaje más importante de sus dibujos, pero ésta vez Cristina estaba frente a ella en carne y hueso. Aquel encuentro histórico con la primera Presidenta de nuestro país, es para Mora uno de los momentos más importantes de su vida.
Mora y Cristina

“El encuentro fue increíble y surrealista, es algo que yo todavía no creo que haya pasado. Miro la foto o me acuerdo de esa situación y es como si hubiera sido un sueño. Le decía a Martín, mi compañero, que fue como un paréntesis en el espacio-tiempo. Es tan increíble ver a Cristina cara a cara, y que te hable, y que te diga, Mora esto, Mora lo otro”, relata con la alegría de una niña que recuerda el encuentro con su heroína preferida. “No sabía qué hacer, le decía “te amo”, “te amo”, porque no quería que se me pase la oportunidad de decirle que… y claro, ella me hablaba como una extraña, yo era una extraña, pero para mí era un Perón actual, un prócer y significó que tengo que dibujar más y dedicarme a esto, después veo como sobreviviré económicamente”.
El arte, la expresión de las emociones, las historias que narra cada viñeta de ésta dibujante popular, abraza los sentimientos de miles de argentinos que jamás serán representados en los medios de comunicación. Su vida es un círculo virtuoso, donde después de dibujar, se mete en la obra y milita por todas las luchas que por un largo tiempo no serán noticia de la agenda mediática.


viernes, 29 de enero de 2016

Nación Ekeko de visita en su Resistencia Natal

Cada vez que escucho a Diego, percibo la posibilidad ser un artesano de la música. Él juega con los elementos, desde 2006 se sumerge en las comunidades originarias que encuentra en su andar. En ese encuentro dialoga en el plano de la comunicación musical. Diego hace pocos meses cumplió diez años en el proyecto TONOLEC, la dupla que completa Charo Bogarín, y hace menos de un año lanzó su proyecto solista conocido como “Nación Ekeko”.

Nación Ekeko es de esas cosas difíciles de describir, porque llevan la multiplicidad de cristales que danzan adentro del caleidoscopio. Así, igual que hundirse en la jungla sin miedo, es vivir la experiencia Nación Ekeko. La magia de las formas y los climas, la danza en sintonía maravillosa con los canticos indígenas, que se mezclan con las voces chamánicas que Diego reunió en las siete canciones, que tiene el primer disco llamado “La Danza”.

Cuando cruzas la puerta que te sumerge en otra dimensión, comprendes porque los creadores de éste fantástico experimento, Diego Pérez y su productor Mariano Tomassetti, dicen que es la búsqueda de la “vivencia”, del contacto imprescindible con el “presente”.

“Alrededor del 2007, se me ocurrió armar algo que tenga electrónica y percusión, y que este alineada con la música que se puede danzar, con el ritmo, con lo afro y con lo latinoamericano, como parte de esa inquietud que tuve me puse a componer y salió un tema que es parte ahora del Disco de Nación Ekeko, que se llama “Guarania”, dice Diego, “un día hablando con uno de los percusionistas de la Bomba del Tiempo, me cuenta que se estaba planificando una movida en Grecia, de llevar músicos de Brasil y de Argentina para hacer un show integral. Me propuso que mandemos algo de lo que yo estaba armando, así que nos juntamos un día en un galpón y nos pusimos a improvisar con esta canción, con “Guarania”, y lo mandaron a Grecia y lo quisieron, lo compraron, y fuimos a tocar a Grecia y a Turquía”, así comenzó a tener forma el proyecto.

La música como ritual.

La exploración del hijo del altiplano, comenzó cuando él todavía vivía en su Resistencia natal, en su gran Chaco. “Estoy vinculado a las comunidades desde el año 2001, cuando empezamos a trabajar con TONOLEC, con los QOM primero, una búsqueda que tuvo que ver con nuestro lugar”, cuenta “cuando empecé a trabajar con la música Toba sentí una fuerza, una energía, una espiritualidad que tiene esa música, desconocida para mí hasta el momento”. Diego venía del Rock y en el contacto con los cantos de las comunidades, comprendió que debía conocerlos, compartir, explorar, comprender. “Comencé a investigar sobre la música de rituales, y empecé a ir a rituales para escuchar la música, sin saber que eso me iba a terminar transformando a mi como persona”.

Las canciones son recitados que cruzan Latinoamérica desde la Pampa Argentina al encuentro de Atahualpa, Méjico y la poesía zapatista del árbol de la vida, pasando por el chaco salteño, amazonas y la isla de los Uros en Perú y Bolivia. “En un momento se me abrió una especie de tercer oído”, dice “Yo escuche una melodía en la voz hablada, escuché esa musicalidad, es como que te escuche a vos hablar y diga “ha mira, está hablando pero yo escucho una melodía o un canto ahí”.

“En la isla de los Uros, busque deliberadamente el recitado de la Ureñita. Yo le preguntaba a todo el mundo si conocía algún recitado en Quechua o Castellano, hasta que ahí en la isla de los Uros, después de quince días de estar viajando, una señora dijo “ella sabe un recitado” y ahí empezó: “yo soy una ureñita, que vive dentro de los totorales” y lo grave ahí con el teléfono”.

En Chaco buscó a su amigo Lecko Zamora, un maestro Wichi, poeta y luchador de los derechos de los pueblos originarios. “A Lecko lo empecé a leer en libros porque escribe unas cosas increíbles. Un día lo conocí, charlamos, nos pasamos los contactos, hubo muy buena onda, y le dije, “me gustaría que me leas tus textos y grabarlos a ver que sale, yo puedo hacer música con eso”. Nos juntamos después en un cuartito en la Casa de las Culturas ahí en Resistencia, el trajo unas cosas escritas y yo llevé mi teléfono para grabarlo. El empezó a leer cosas y se cortó la luz en el lugar, estaba todo oscuro. Entonces Lecko apuntando con su teléfono a la hoja para poder leer y yo con la batería que le quedaba al teléfono, grabamos los audios y con eso arme Tokwaj, que es parte de Nación Ekeko”, relata.

“Para mí es muy importante cuando utilizo una voz, una referencia, un sonido. La música que compongo tiene que partir de ahí, no tiene que ser algo impuesto como “bueno, la gente tiene que bailar”, yo quiero que esté el espíritu de esa persona, de ese personaje, y de ese paisaje que representa ese personaje. En este caso para mi Lecko representa el Chaco Salteño, nuestra cultura wichí. Yo quería que en esa canción se sienta ese espíritu, sin una rigurosidad antropológica que dice “bueno los wichí usan tal instrumento”, sino una sensación de que esa es la canción de ese personaje, y que representa a un paisaje, una cultura, una Nación”.

“Lo que me pasó cuando empecé a juntar estas voces me di cuenta que hablaban estas voces desde su pluralidad y desde su paisaje, tenían también muchos puntos en común, estaban hablando de su cultura, de la tierra, de la relación comunitaria, de algo con un fuerte contenido espiritual, entonces me pareció que había un mensaje común y por eso empecé a pensar en la palabra “Nación”, porque había una unidad, como una gran Nación, estaba tal vez desmembrada pero que seguía existiendo en su esencia más profunda. Y que “el árbol de la vida” era el resumen de toda esa historia común que tienen los pueblos originarios de Latinoamérica, y que es nuestra herencia, porque nuestra historia es también la de nuestros pueblos originarios que viven acá y que siguen viviendo hasta el presente. Todo eso es lo que nos hace particulares y con una identidad propia”.

Así nació la canción “El árbol de la vida”

“El árbol de la vida” es una canción que surgió a partir de una poesía, cuando ya tenía varios temas armados y empecé a pensar en algo que conjugue voces, ritmos, electrónica, paisajes, lo que terminó siendo Ekeko. Empecé a hablar con amigos que tenían cierto registro de cosas y así me llegó el recitado de Atahualpa y el recitado de un nene de Chiapas, que es con el que armé la canción “el árbol de la vida”, explica.

“Me pegó muchísimo porque es una poesía que dice cosas durísimas y las dice un niño, y me gustó mucho que termina después de atravesar cosas oscuras, con algo muy luminoso y con una esperanza que nace de haber pasado toda esa oscuridad”.

“Y cuando lo terminé sentí que era el tema que tenía que cerrar el disco, porque me parece que de alguna manera resume todo lo que viene pasando antes. Este disco fue para mí un viaje físico pero también espiritual, porque si bien esas cosas me llegaron a mí, yo tuve que transportarme con esa voz a otro lado para poder crear, y también viajé desde la imaginación y desde lo espiritual”.



Sobre la fusión de lo ancestral y lo tecnológico.

“Hay muchos límites que creemos que existen y me voy dando cuenta que no están. Entre un sonido de un charango y algo que yo puedo generar electrónicamente pueden haber muchas cosas en común. Las cosas que para los ancestros eran importantes hace 200 años, hoy siguen siendo vigentes y contemporáneas, y lo contemporáneo puede tranquilamente alinearse con un mensaje ancestral. Los límites no existen, tampoco existen los límites de las fronteras. Vos escuchas música de una región de Brasil que linda con Paraguay y con Argentina y no existe ni Paraguay, ni Argentina, ni Brasil, es una región. Para mi integrar esa sabiduría ancestral, con elementos contemporáneos, percusión con electrónica, tambores con las linternas mágicas que toco con las manos en el aire. Lo me divierte es pensar que las cosas se pueden integrar y se pueden borrar las fronteras”. Y agrega “muchas cosas que llamaban mundo moderno fracasaron, y muchas cosas de lo que llamaban mundo primitivo, siguen siendo más vigentes y más necesarias que nunca”.

El Ekeko es el viajero.

“Después me puse a investigar más la figura del Ekeko, y apareció esta historia de que el Ekeko era un personaje que traía luz y que ayudaba a los pueblos y que cuando llegan los colonizadores lo atrapan, lo matan y lo descuartizan, para que no se vuelva a formar el Ekeko. La cultura Aymara dice que cuando sus partes se vuelvan a unir va a renacer el pueblo Aymara. Y me pareció increíble, porque era lo que yo sentía sobre las voces que estaban en diferentes lugares, desmembradas. Nuestra fuerza está en el contacto, en comunicarnos, en saber lo que le está pasando al otro, y en lo comunitario, que eso fue lo desmembrado. Entonces claro!, esto es más actual que nunca”.


“A partir de las ceremonias pude notar que hay una cotidianidad de la celebración, que por ahí en el mundo occidental lo perdimos, que es una celebración espiritual, no una celebración de “me junto y me emborracho”. En el mundo occidentalizado estamos acostumbrados a ver que los logros en lo material, entonces vos tenes que “hacer” para conseguir y una vez que tenes un logro podes festejar, o no, o tal vez no festejas porque crees que necesitas algo más. Lo que veo en el mundo de los pueblos originarios, en la relación con la música y la celebración, es que hay un agradecimiento constante al entorno, a lo que nos es dado por la tierra. En la celebración hay una conexión con el agradecimiento al estar vivo, al estar con los seres queridos, al sentir amor por la tierra y eso para mí empezó a ser una necesidad de lo cotidiano, casi de todos los días”.

Diego tocará hoy sábado 30 de enero en su Resistencia Natal en la Casa de la Cultura, frente a la Plaza 25 de mayo, desde las 22 hs. En compañía de Cesar Frette, correntino, Esteban Peón, resistenciano, y Lecko Zamora, del Chaco Salteño, creador de la poesía plasmada en la canción Tokwaj.

lunes, 18 de enero de 2016

El mundo desde los ojos del valle calchaquí

Mauricio Tiberi en su Peña "Doña Argentina"
Desde la primera conversación que tuve con Mauricio Tiberi en el departamento de unas amigas en el barrio de Almagro (Capital Federal), hace cosa de tres años o más, él me había comentado su necesidad de volver al pago. Hace más de un año supe que se volvió finalmente a Cafayate y en alguna de sus visitas a Capital Federal me contó sobre la grabación de su primer disco “Desentierro”.
Cuando llegué esa noche a la Peña “Doña Argentina”, en el fervor de viajar sola y estar en espacios desconocidos, no recordé que estaba en la tierra natal de Mauricio. Cuando me lo crucé en el patio como si fuera un concurrente más, tampoco entendí en primera instancia que me encontraba justamente en su patio de infancia y en su presente tan añorado. “Esta es la casa de mi abuela, acá es la Peña que tengo con mis hermanos”, me dijo después del abrazo.
"Yo miro el mundo desde Cafayate, tengo los anteojos puestos con el valle Calchaquí, que siempre me está marcando una forma de ver, de pensar, de sentir. Es muy importante ir paso a paso, la gente del valle calchaquí suele ir despacito, que es valorar los procesos, los ciclos, los que se cierran y se abren otros nuevos, la naturaleza es así, todo el tiempo nos muestra ese ciclo”, expresa sentado en ese mismo lugar donde ha vuelto a vivir. “Siempre tuve una profunda admiración por la naturaleza, de poder acercarme a la montaña y ver crecer el berro en el río colorado, en el divisadero, o sentir el aroma del poleo cuando llueve, o mirar el cerro y descubrir que hay un montón de cabras que han logrado subir una altura inimaginable, la naturaleza todo el tiempo nos está hablando de una forma de habitar un lugar”.
“Me siento profundamente vallista, y agradezco la oportunidad de haber ido a la ciudad y aguantado la ciudad que es muy hostil en muchos aspectos, pero que también tiene mucha magia en muchos otros”.

Los años en los cerros de metal, una temporada en Capital Federal
El patio de "Doña Argentina"
Mauricio se fue a Buenos Aires para estudiar Comunicación Social en la UBA, "era la manera que encontraba segura de poder hacer algo con los medios de comunicación, con algo que me apasiona desde muy chiquito que es la radio". En ese contexto frío de la gran ciudad cosmopolita, surgió de manera natural su trabajo con la música andina. "Cuando era más chico estaba más limitado con mis conocimientos musicales, si bien toco la guitarra desde muy chico, recién cuando me fui a vivir a Buenos Aires le empecé a dedicar más tiempo a la guitarra. Nos encontrábamos con amigos salteños, con amigos del interior que también vivían allá, entonces hacíamos causa común. Nos juntábamos a guitarrear y era como volver a la provincia, esos encuentros con la música y los amigos era una ventana para volver".
Junto a dos amigos salteños formó el primer trío musical y a partir de ahí pudo conocer su potencialidad como músico. “Empecé a cantar para el público en 2003, antes solo cantaba para los amigos o en mi casa, desde aquel momento pasé por un montón de proyectos con otros músicos, tuve varias bandas, hasta que pude encaminarme en mi proyecto solista con la fortuna de contar con el acompañamiento de muchos amigos músicos”.

Un patio de encuentros
"Doña Argentina", es en homenaje a mi abuela Argentina Galván, la mamá de mi papá. Nosotros compartimos una infancia muy feliz con ella. Su cocina era centro de la familia, el encuentro se daba en torno a la cocina de Doña Argentina. Pasamos una infancia llena de perros, de frutales que había en esta casa, algunos que se siguen manteniendo. Este espacio es ahora un proyecto familiar en el que estamos trabajando todos mis hermanos, con el apoyo de mi mamá, de mi tía Silvia que nos acompaña siempre. En todo esto están las manos de cada uno de la familia, acá las personas se animan a vivir un espacio de encuentro con la música en un clima familiar y de amistad, quizá eso es lo que le da un aspecto distintivo", comenta Mauricio.
La Peña funciona hace cuatro años. Incorporaron a otros artistas como Florencia Micha, acróbata y actriz, Juan Barone, en percusión, que viajan cada verano desde Buenos Aires para formar parte. Lucas Colque, bandoneonista cafayateño, que está desde el inicio del proyecto, Fede Cosentino, también cafayateño que además de guitarrista es lutier y Víctor Merile en el bajo.
Florencia Micha, acróbata y actriz, Juan Barone, en percusión
"Buscamos interpelar a la gente desde el escenario con un mensaje claro, revalorizamos algunos ritmos y estilos que son propios de esta región, pero que al mismo tiempo se pueden mixturar con elementos de otros géneros que a nosotros nos identifican como una nueva generación, vinculados con las nuevas tecnologías y con la información que llega de todos lados”, pone de manifiesto sobre la propuesta de lugar y cuenta que “en estos años se sumaron músicos viajeros que traen propuestas armadas, a nosotros nos gusta abrir el espacio para que la gente pueda disfrutar desde el jazz al reagge, pasando por la música folclórica que es lo que predomina". Entre los artistas invitados están Los Shunkos, Franco Luciani, Los Orosco Barrientos, Mariana Baraj, entre otros.
“Desentierro”, su primer disco
Los Shunkos
"Fue un recorrido en el que hubo mucho aprendizaje, que se hizo por etapas donde conté con un muy buen equipo”, dice, “llevó más de un año de producción entre Cafayate y Buenos Aires, con Matías Pozo, amigo de más de diez años con quien siempre estuvo la idea de hacer un trabajo en conjunto. Esteban Cahian fue el técnico que hizo la mezcla y grabación del disco, y Andrés Mallo lo masterizó”.  Además participaron Laura Peralta, coplera, Bruno Arias, le puso la voz a uno de los temas, Juan Pablo Álvares, en los vientos, y Santiago Castelani, que trabajo con Cerati y grandes músicos. "Aprendimos mucho de nuestras limitaciones, pudimos hacernos autocriticas y el disco es además el reflejo de una etapa, el estado de cosas, lo que somos musicalmente hasta el momento", reflexiona.

La radio, su padre y una forma de soñar
El cafayateño de 32 años tiene los ojos negros y desde chico una profunda pasión por la comunicación. "La radio siempre fue un lugar de encuentro, es un medio de comunicación muy importante sobre todo para la gente que vive en la montaña". Antes de convertirse en el músico folclorista que sube a los escenarios, su idea era seguir específicamente los pasos de uno de sus principales maestros, su padre. "Aprendí mucho de mi viejo, él era un apasionado de la electrónica, y fue docente de una escuela técnica. Él llevó a cabo una radio aquí en Cafayate, una de las primeras fm en transmitir a fines de los 80´ y lo hizo estudiando muchos libros para saber cómo funcionaban las antenas, todo con mucha pasión y de manera artesanal”, comenta.
La posibilidad de materializar en algo las ideas, es la premisa de la enseñanza paterna, “es muy difícil calcular todo el camino, pero animarse a recorrerlo ya es un paso muy fuerte. Mi viejo es y seguirá siendo mi gran maestro, que hasta el día de hoy vengo interpretando”. Al proyecto en la Peña, se suma un trabajo para volver a dar vida a aquella radio fundada por el padre años atrás.

Desde la raíz

 “Cuando uno deja su lugar y se va a otro, valora cosas que antes estando tan cerca no las notaba, uno siempre está buscando la felicidad en otro lugar. Estando en Buenos Aires me pasó añorar o extrañar cosas. Mis canciones condensan esas añoranzas, esos mates con mi mamá o el humo en la cocina de mi abuela que a leña cocinaban el pan a la mañana, eso marcó mi niñez y en algún lugar de mi memoria siempre me están enseñando que yo soy eso. Al mundo siempre lo miro desde los ojos del valle calchaquí”. 

viernes, 15 de enero de 2016

José Martín y el Centro Cultural "Aristene Papi"

Un hombre y la estación de tren de su vida
Cuando José Martín me entrega su libro de manera imprevista en unos de los bares que Cachi tiene en sus esquinas, no llego a imaginarme ni por asomo que tengo en frente a uno de los impulsores del Centro Cultural “Aristene Papi”, una usina del arte creada en el año 2001, cuando la oscuridad de la situación social y política se deslizó a todos los rincones del país.
“El arte no es un lujo, el arte es una necesidad, porque desarrolla la creatividad de las personas, por eso pensamos que para salir era preciso hacer un desarrollo de la creatividad con los individuos de la sociedad”, me dice esa misma tarde cuando nos dimos cita para conocer su trabajo como escritor primigenio de “La tentación de María en Sierras Altas”, una novela que cuestiona el origen de la palabra Salta, su ciudad natal.
Cualquier presentación de personaje es injusta a la verdadera trayectoria de una persona, pero vale contar que con un té de por medio, José Martín de 63 años comenzó por explicarme que nació en pleno centro salteño, como resultado de que sus abuelos llegados de Andalucía se instalaran primero en Chicoana, donde tuvieron ocho hijos y una vida de agricultores y más tarde se mudaran a la ciudad. Su abuelo consiguió allí un trabajo de jardinero en el Convento de San Bernardo y su padre se ganó una beca en el Seminario.
“Mi abuelo fue uno de los que trajo la guitarra a Salta”, comenta con orgullo y destaca que su padre fue músico, profesor de guitarra y comerciante, “yo me crié en esa dicotomía entre la agricultura y la música”. Su trabajo como escritor se concretó cerca de los 40 años, “por los miedos de mi madre tenía muy bloqueado eso de la escritura y la música, ella veía en el campo que los que tenían una inclinacion artística eran borrachos, o bueno, se terminaban descarriando, además veía a mi tío que era músico, humorista, un artista directamente y un borracho, todo eso que le daba miedo a mi madre”.

Al tiempo que estudió Historia, también buscó diferentes maneras de involucrarse con la variedad de posibilidades que presentan las actividades artísticas, entonces los miedos de su madre no fueron más poderosos que la influencia de su ascendencia masculina. “Siempre me acuerdo de una frase de Federico García Lorca, que decía “este no es mi brazo, es el brazo de mi abuelo, de mi padre, de mi hermano”, y es verdad, yo creo que ésta tampoco es mi cabeza; es la cabeza de mi abuelo, de mi padre, de mi gente, porque hay cosas que salen, y que vos no sabes que las tenías”.  
Con solo 20 años quedó seleccionado para participar del Campamento Cultural que complementó los Juegos Olímpicos de Múnich, realizados en Alemania en 1972. En ese momento era parte de la Asociación Nacional Ponchos Argentinos, “en la apertura cantamos el tema “Canción con todos”, de Tejada Gómez y Cesar Isella, un Himno de Latinoamérica. Hasta salimos por Eurovisión”. En su relato se permite recitarme la primera estrofa “Salgo a caminar por la cintura cósmica del sur, piso en la región, mas vegetal del viento y de la luz; siento al caminar toda la piel de América en mi piel y anda en mi sangre un río que libera en mi voz su caudal”.
En ese viaje tan importante de su vida se enamoró de una cordobesa que después fue su mujer y la madre de sus tres hijos. Por aquellos años se permitieron utilizar un campito de un familiar y el festejo del matrimonio duró cuatro días.
Siempre vinculado a la gestión cultural, “en la facultad era el encargado de organizar los Viernes Culturales, después fui parte de un consejo asesor de la Secretaría de Cultura, en un momento donde hicieron una convocatoria de artistas para armar una gestión con más apertura”.
última cartelera publicada antes de que el CCAP fuera clausurado
Sin embargo aquellos proyectos fueron solamente un preámbulo del nacimiento del Centro Cultural en la Vieja Estación de Tren de Salta al que llamaron “Aristene Papi”, en honor al pintor italiano que se radicó en Salta, “el clero lo había traído para hacer diferentes trabajos en las iglesias de Tucumán, y se quedó a vivir en Salta”, explica, “un pintor que había sido ocultado, era ignoto, y nosotros lo hicimos conocer un poco”.
De ese mismo proyecto nació “Aristene Cultural”, una revista mensual gratuita que reunió a reconocidos poetas locales por más de siete años. “Era una revista medio rústica en sus formas pero a mi lo que me interesaba era lo que contenía, lo que diga y lo que cuente José Juan Botelli, o cualquiera de los poetas y escritores que teníamos en Salta, como por ejemplo Héctor Hugo Aparicio, que es un cuentista fabuloso que tenemos acá” relata, “entonces era lujoso el contenido, no tanto el formato, que más bien era sencillo”.  
Algunas revistas "Aristene Cultural" y el libro escrito por José Martín
Aquel gran invento en plena estación de tren fue el hogar de la creatividad en la ciudad, “hacíamos todo lo que podíamos por la gente que estaba dedicada al arte, teníamos exposiciones regularmente en ese “laterío” como le decían los detractores, porque vos viste cómo eran las construcciones del ferrocarril en esa época, todo chapa y ahí era nuestro salón de exposición”, entre los que se encontraban “José Juan Botelli, Cuchi Leguizamón, Miguel Angel Perez, mucha poesía, hicimos también exposiciones de Ramiro Dávalos”.
El libro que llega a mis manos esa mañana en pleno Cachi, donde José vive hace unos años, es el resultado de la única publicación que pudieron hacer desde “Aristene Ediciones”, la editorial que forjaron desde la misma Asociación Civil que respaldó la creación del Centro Cultural. Pero antes de convertirse en novelista, José y una amiga licenciada en arte, decidieron hacer un libro de los artesanos de Cachi. “En el 2005 comenzamos a hacer los primeros trabajos de campo aquí, nos fueron pasando los datos para saber a quienes buscar “fulano hace tegido, fulano cerámicas”, y así, estuvimos como tres años haciendo ese libro. Hay una energía muy fuerte acá, no es fácil aproximarse, pero ahí me empecé a acercar y seguí viniendo una vez terminado el trabajo”.
“El arte siempre estuvo en mí, lo que pasa es que no lo estaba asumiendo”, recapacita acerca del tiempo que le llevó comenzar a tener sus propias producciones, además del trabajo que realizaba desde chico como gestor cultural. “La vida es dura, es difícil, cada día hay que vencer obstáculos, por eso si una persona tiene esa fuerte inclinación para el arte, me parece que es un error no empezar tempranamente con ella, como hice yo, que demoré mucho con mi parte expresiva, demoré en ponerme yo a ser protagonista o actor del arte”, reflexiona, “aconsejaría que el que siente la inspiración le meta pata, porque las dificultades van a ser iguales, pero las capacidades para enfrentarlas van a ser diferentes, más positivas. Eso pensamos en el 2001, en el momento que era un cadáver toda Salta, toda la estación y toda la zona”.


“Cuando nosotros fundamos el Centro Cultural era un silencio, todo abandonado, habían hoteles que ya no funcionaban más como hoteles. Estoy convencido de que lo que iluminó eso fue el Centro Cultural, porque a partir de que comenzó a funcionar vino el primer negocio, y el segundo, y más luces, más vida y se armó una cosa que es impresionante, impactó mucho en la ciudad y en toda la provincia”.
El ser humano serio creó enormes rascacielos de hierro, bancos tramposos que se quedan con nuestro sacrificio en monedas, las burocracias tontas que nos derriban cuando falta un sello de tinta. El artista creó universos resonantes para el corazón, escenarios activos para el alma, decenas de posibilidades para reflejarnos desde el sentimiento en las huellas de otros artistas.
José Martín pertenece a los artesanos del cosmos, un ser humano que transformó el pulmón la vieja estación de tren en una dimensión para la expresión. “Pudimos encender una luz, y esa luz fue el arte y la cultura”, son sus palabras concluyentes antes de apague el grabador.

miércoles, 13 de enero de 2016

La palabra de una abuela Coya

Alicia, una abuela Coya de los Cerros

Me despierto en San Carlos. El camino de Salta está vestido de cerros y pequeños parajes que son pueblitos de pocas familias.
Con el colectivo a medio llenar, pude ocupar dos asientos para reposar después de las pocas horas de sueño de la noche anterior, pero cuando van a subir más pasajeros me reincorporo y sedo el lugar del acompañante. A mi lado se sienta entonces Alicia Nélida Ibarra, de 79 años, que en primer lugar me consulta si puede ubicarse ahí y después saluda alegre a los muchachos que la despiden desde la ventana. “Mis nietos”, dice orgullosa, “a todos lados me acompañan”. En los asientos contiguos ocupan lugar también tres de sus hijas y dos nietas.
La abuela Alicia 
Le sonrío, el colectivo arranca y ella agrega “40 nietos mijita”. ¿40 nietos?, la remedo en forma de pregunta. “Si, dos hijos varones, siete hijas mujeres y 40 nietos”.
De un momento a otro ya estamos hablando de la vida, ella me nombra el lugar donde se tiene que bajar “Payugastilla” y algo me comenta sobre la época en que la mayoría de las familias vivían de forma autosustentable en medio del cerro, cosechando los alimentos y criando animales.
“La casa misma era como un almacén, no existía esto de que sea todo comprado, por eso para nosotros siempre es tan importante la tierra, de ahí se sacan los alimentos, y si no tenes trabajo la propia naturaleza te da todo”, dice.
En pocos minutos ya decido sacar el grabador de la mochila y ella accede a que nuestra charla se convierta en esta crónica. Cuando comienzo a grabar, nuestra conversación continúa de manera natural, mientras de tanto en tanto miramos el paisaje de la ventana.
“La vida nos enseña muchas cosas, mayormente en el campo, uno aprende a hacer de todo, ha hacer como peón, como doméstica, todo se hace en la casa”.
Todos los nietos se crían cerca de los abuelos, “esa reunión enseña a conocerse, a hacerse de más amistades, a ser más unidos, inclusive también es bueno para los padres”. ¿De qué suele hablar con los nietos?, quiero saber. “Les contamos cómo se han criado sus padres, que hacían, después uno les aconseja que estudien, la cosa tiene que ir cambiando”, y agrega que hace poco tiempo sus hijos que se jubilaron están volviendo al pueblo, por eso siente que todas las enseñanzas y esas charlas van a continuar, “no se va a perder, no se va a olvidar la atención a la tierra, por intermedio de los padres van a volver a conocer, ya serán los nietos de mis hijos”, acentúa, “mira lo que es la vida ¿no?, y así sigue la costumbre, la cultura”.
El modo de subsistencia hasta el día de hoy, es sumamente diferente al que conocemos en forma industrial, “la alimentación, que no es todo comprado, que viene de la misma naturaleza, hecho por las manos, comidas criollas, sanas, nada artificial, como son los productos que uno saca de la tierra, haces dulce o disecado, y así las conservas”. Alicia sostiene que algo de esas costumbres ya no son como en su época porque ahora prefieren comprar todo y no saben cómo producirlo por los propios medios. “Todo eso que nos han enseñado, hemos ido volcando a mis hijos y a mis nietos. Si no saben para qué sirve esta verdura, esta fruta, la tiran, no conocen, eso pasa mucho porque no le enseñan a los chicos como pueden aprovechar, como pueden hacer durar las cosas”.

La atención médica a lomo de mula
En medio de los cerros hay pueblos agricultores 
“Yo he trabajado treintaicinco años en salud, en APS (Atención Primaria de la Salud), he sido la primera agente de salud aquí en San Carlos, en el año 1978. He trabajado para los cerros aquellos”, y me señala una ruta donde solo veo una pequeña franja de árboles y la inmensidad de las montañas. “Para toda esa gente que ha pasado por mis manos, yo no soy ajena, yo soy “la abuelita”, “la tía”, “la mami”, así que tengo familia a granel, ellos mismos se hacen pertenecer y yo no estoy para decir “hijitos ustedes no son mi familia”, al contrario, yo los recojo para aconsejarlos, lo bueno, lo malo, y que no se pierdan, porque yo en la ciudad veo niños perdidos, a mi me duele un montón ver los chicos así, tan tirados, es una lástima”. Los ojos le brillan por alguna imágen que se le viene a la memoria y deduzco que cuando dice “la ciudad”, se refiere  Salta, por eso también observo de manera fugaz mi propia imagen mental de Buenos Aires, donde cientos de niños vagabundean y mas de 18 mil personas viven en situación de calle. “Necesitan criarse como quien dice, una planta derechita. La misma planta si dobladita crece, luego no sirve ni para vara, ni para poste, ni para nada, no sirve, y lo mismo el ser humano, si se ha criado chueco, ladrón, peleador, no sirve y es una lástima, porque es una vida igual que uno”.
Los diarios del mundo nos muestran un ser humano sumamente individualista, violento, corrosivo para sí mismo y para su sociedad, por eso quedan perdidas las historias humanas, igual que estos pueblos en medio del cerro, donde todavía existen otros valores. “Tengo una autorización mía, para con todo los niños que he trabajado. Yo le hablo directamente como un familiar, para que ellos analicen lo bueno, lo malo. Ahora mi hija más chica ha quedado en mi lugar, ella trabaja en salud y hace las mismas actividades que hacía con los chicos”, expresa orgullosa. “Es lindo, o será que a mi me gustaba mi trabajo. Para mi APS es una gran cosa, uno se familiariza con la familia, acompaña a la madre soltera para saber cómo cuidar su hijo, y le enseña al mismo hijo lo que es bueno y lo que es malo. El agente sanitario es el primer contacto con las enfermedades, con los problemas de la familia. Es domiciliario, uno va a la casa y ve todos los problemas de la familia. Si el niño está desnutrido se lo anota para pesarlo y cuidarlo, ese niño necesita leche. Si son vacunas, se lleva el registro de vacunas, desde el embarazo hasta la edad que corresponde y así se evita la muerte por desnutrición”.
¿Cómo hacían con las distancias tan largas?, le consulto. “En la época mía lo hacíamos a lomo de mula, ese era mi transporte, porque para los cerros son senditas, una casa está por allá y la otra está al otro lado del cerro, no están juntas, y así hay que andar mucho para llegar a la otra familia, esa es la única dificultad que hay”. ¿Y cómo se enteraban que una persona necesitaba atención?, repregunto. “Porque uno hacía la derivación, por ejemplo yo trabajaba todo esto”, me dice apuntando el territorio montañoso que vemos a un costado.
En muchas oportunidades también le tocó ser partera, describió el proceso de contar cuatro dedos para anudar correctamente el cordón umbilical y atendía a las parturientas en la montaña. “¿Ves esa chica?”, me dice apuntando a una muchacha de espaldas que no supera los 15 años, justo cuando se acerca para consultar algo al chofer, “yo la traje al mundo”.
“He andado toda esta franja”, vuelve a decir mirando una ruta repleta de árboles y piedra, “hice mucho camino a pie, pero a lo último me he comprado una moto, y ahí sí”.
¿En moto por el cerro?, me sorprendo. “Ha si, yo embarazada de casi nueve meses andaba en la moto hasta San Carlos, para llevar las planillas, para hacer reuniones”, y su voz transmite una sensación de siesta provinciana, “yo me iba tranquila en la moto, volvía en la moto, y para los cerros a lomo de mula”.

El amor de una vida
pequeño cartel de "Payugastilla"
“Lo que yo admiré muchísimo y nunca me canse de admirar es la compañía de mi marido, con él andábamos en el cerro”. Será que muchas veces nos cuesta pensar que es posible acompañarse de manera natural, por eso se valora una historia de amor sencilla que ocurre, aunque nadie la narre. “El era de Payugastilla y yo era de Angastaco, pueblo medio cercano ¿no?, y bueno, la misma cultura Coya somos, así que muy bien hemos vivido, un matrimonio muy bueno. No ha habido problemas para los hijos, no ha habido maltratos, no han visto malos tratos de la pareja nunca, y así, eso también se enseña mucho a los niños”. Nuevamente sus ojos se transportan a un recuerdo y me permite imaginar los últimos años del matrimonio, ahora rodeados de una enorme familia. “Nosotros hemos cumplido los 50 años de casados y todos los hijos nos han hecho una fiesta, nos han sorprendido, mi esposo pobrecito estaba en silla de ruedas ya, eso ha sido como volverse a casar, porque nos dieron anillos nuevos, la misa, la bendición, ni más ni menos que volverse a comprometer, ahora con todos los hijos y nietos, la iglesia llena”.
La igualdad entre hombres y mujeres
¿Siempre fue así de activa?. “Si claro, yo deduzco que la actividad hace a la salud”.
“Yo siempre fui muy inquieta, mis hijas son iguales, para nosotros la mujer hace lo mismo que el varón y el varón lo mismo que la mujer, mi última hija es electricista, carpinteria, ella me instaló la corriente en casa, así que bueno ellos se encargan de todo ahora”.
La parada es en Payugastilla. Cuando estamos llegando me señala una casa blanca que es el Centro de Salud donde ahora la reemplaza su hija. Muchas gracias Alicia, le digo. “Gracias a vos mija, y ya sabes que acá tenes familia”. Cuando llega a destino, efectivamente la esta esperando una de sus nietas más pequeñas, junto a los que supongo que serán otros hijos.
El colectivo vuelve a tomar la ruta, entonces me pierdo en la imágen del camino, pensando en esas otras maneras de habitar el mundo.  
Alicia cuando se bajó del colectivo


sábado, 2 de enero de 2016

"Vivo en un mundo muy imaginario"


Vivo en un mundo muy imaginario

“Desde pequeño siempre quise dibujar mis sueños, sin conocer el surrealismo, ni el psicoanálisis. Como una forma de recordar las imágenes múltiples, sin sentido, la yuxtaposición de objetos”, dice el excéntrico Marcos Corvalán, artista plástico chaqueño que vive el arte desde su propio cuerpo hasta las paredes donde plasma sus creaciones. “De más grande siempre me decían que se parecía mucho a la obra de Dalí y comencé a buscar sobre él, ahora poseo una gran colección de sus libros”, agrega.

Cuando charlamos sobre su obra, él está pintando nuevamente la iguana que taparon con los carteles promocionales de las fiestas que se hicieron el 24 y el 31 en la ciudad de Resistencia. El artista de bigotes estirados y curvos, con expansores en las orejas, la cabeza rapada hasta la pequeña cresta que deja crecer en la nuca y un sin número de tatuajes, pasa de estar sentado en una mesa en la vereda del bar “Las Chatas”, a buscar sus pinturas, para que en la madrugada del 2 de enero, reviva su mural callejero.

Cuando lo interrumpo para sacarle charla y saber qué está haciendo, él coloreaba la base del dibujo con una versatilidad asombrosa. “¿Y de qué habla tu obra?”, le pregunto para empezar. “Habla de las culturas, los movimientos y las personas que conocí a lo largo de mi vida. Desde chico me gustaba coleccionar las enciclopedias y conocí el mundo mediante eso. Me influenciaron mucho las otras culturas, quizá no todos los chicos se interesan por eso, entonces yo vivo en un mundo muy imaginario, donde tengo un abanico de posibilidades sin quedarme en un estilo marcado”, contesta.

A medida que avanza la charla me doy cuenta que estoy frente a un artista solitario y autodidacta. “Me gusta hacer lo que me imagino, cualquier cosa”, me explica, “la mayoría de las técnicas para pintar las aprendí solo, fui pensando en cómo hacer, y cuando estudié Bellas Artes opté por la escultura, porque no quería que nadie toque mi manera de pintar”.

Sobre su trabajo como escultor me comenta algo muy interesante. Para un concurso de arte, ciencia y tecnología de la UTN de la Plata, construyó un artefacto muy psicodélico con un tocadiscos que encontró en la calle.  En lugar de una púa, colocó la escultura de una mano hecha en arcilla y cocinada en horno. “El brazo que la sostiene y permite el movimiento esta tallado en madera. Para que funcione el mecanismo giratorio usé un motor de ventilador y pegué una correa alrededor de la parte interna del círculo giratorio. El movimiento se activa por medio de un interruptor colocado en la parte superior de la obra”, dice la explicación del video colgado de su canal de YouTube. “Aparte tiene una serie de cuatro discos con las ilusiones ópticas de "Anémic cinema" de Marcel Duchamp, que se pueden ir cambiando a gusto y son las que le dan el nombre a la obra”, completa.



“En mis esculturas es todo material reciclado. Yo construyo cada pedazo de mi obra”, me comenta mientras hace una breve pausa para sacudir el aerosol y sobre su pintura retoma, “para pintar siempre hay un disparador, una idea, puedo jugar con un chiste por ejemplo, o veo un lugar y pienso que hay un dibujo que debería estar allí”.

Se puede vivir el arte de múltiples formas, por eso Marcos se da la oportunidad de vivir sus intervenciones a veces con mucha adrenalina. “Así entré en una empresa de construcción que se llama “El Yunque” cerca del Hipermercado Libertad. Decía bien grande El Yunque y tenía esa imagen. Entonces a las tres de la mañana me fui en bici hasta allá y a las seis entré encapuchado, salté la reja y antes me fije si no había perros, inclusive lleve comida para apaciguarlos si estaban cuidando”, relata, “en media hora pinté un Coyote justo abajo del yunque”, dice riéndose para rematar la anécdota.


Entre las enormes pinturas que ya realizó, hay una muy imponente con el rostro de Bob Marley, Zoso, la pirámide de Pink Floyd y Goyeneche. “Yo vi que estaba el cartel sin uso, todo mal pintado sobre un kiosco, entonces pedí para pintarlo. El vago del lugar me tiro la idea de que sea como una línea histórica del rock. Los retratos están hechos en acrílico, y los logos de las bandas en esténcil”.

Antes de cerrar la noche y seguir a mis amigos que ya se levantaron de la mesa en la que estábamos cuando Marcos comenzó a pintar, le agradezco por su apertura y veo a la iguana casi terminada, muy cercana a la imagen del rostro de Dalí que el artista tiene tatuada en la costilla. Definitivamente el mundo está plagado de artesanos del cosmos.  





jueves, 31 de diciembre de 2015

Entrevista grabada a Carlos Jesús Castillejos

Entrevista grabada a Carlos Jesús Castillejos

"Tu ser tiene la amplitud del cielo", me dijo Carlos Jesús Castillejos, bajo la sombra de un enorme árbol en pleno bosque chileno, en 2014. Él es un poeta del pueblo Maya Tolteca, un hombre ceremoniante. Fundador de Masacalli, centro de Espiritualidad Indígena. En el encuentro "Raíces de la Tierra", lo presentaron también como "Peregrino de Desierto de Wirikuta por más de 15 años. Guía en diversos países en trabajo de peregrinaje, ensueño y recapitulación. Actualmente trabaja en diversos países el peregrinaje como una forma de reconectar a los mestizos con las raíces tradicionales". El mundo está lleno de artesanos del cosmos. Conozcan a Carlos Jesús Castillejos. 



martes, 29 de diciembre de 2015

El payaso Polvorita (Artesanos del Cosmos)

El Payaso Polvorita, la historia del artista

El Payaso Polvorita durante el rodaje del video clip que grabó junto a las Pastillas del Abuelo 


“Si conoce algún cantante, bailarín o lo que fuere, cuéntele sobre el Festival con Radio Abierta que estamos organizando en el barrio para incentivar a los chicos a que terminen el secundario, el Festival se llama “No te cuelgues”, le dejamos el volante”, decíamos a cada persona con la que nos cruzamos en la Feria de la Villa 31, Capital Federal.

-Soy payaso –anunció Antonio, mejor conocido como "el Payaso Polvorita". Y del bolsillo sacó una foto doblada en varios pliegos, como un acordeón, con diferentes imágenes de su cara, mientras se maquillaba para transformarse en payaso.-Yo participé de un video que recorrió el mundo- comentó en ese momento. Se refería a “¿Qué hago yo esperando un puto as?”, un tema de las Pastillas del Abuelo donde efectivamente aparece siendo parte del circo.

“Mi nombre es Carlos Antonio, tengo 54 años, nací en el Chaco y desde los 8 años, vivo en la calle-, se presentó-. A mi primer madre de la vida nunca la conocí; fui hijo adoptivo hasta los 8 años, y a esa edad elegí una vida nueva. Trabajé de changarín, de vendedor, de lustra botas, hasta que un día a los 15 años conocí un circo, que fue uno de los más grandes sueños que yo nunca había esperado: comencé como el ‘che pibe’, en el famoso Circo Rodas. Ese fue mi segundo hogar: aprendí magia, malabares, pero lo más lindo que aprendí es a hacer reír, fue lo más difícil para mí.

- Ahí nació Polvorita.  

Cuando hablo ahora de mi personaje, que es uno de los más simpáticos que tengo en la vida, me siento orgulloso, porque Polvorita viajó conmigo a muchos lugares. Y así conocí Colombia, Chile, México, Uruguay, Paraguay… Muchos países. Y muchos lugares de Argentina, siempre con el circo.

- Usted contó que al comienzo era “el che pibe”. ¿Cuándo se pintó la cara por primera vez?.

Yo tenía un maestro que se llamaba Lagrimita, un gran payaso. Y una vez antes de salir a escena me dio la mano y me dijo: “Mientras exista un niño y exista un payaso, la sonrisas en el mundo nunca morirán” Y eso es lo que me dio fuerzas para salir al escenario.

- Habías visitado un circo antes?, habías visto payasos o algún espectáculo parecido?

No, pero desde chico siempre me gustaron los payasos, creo que era por un tango que decía “ríe payaso”, un tango muy bueno.

Cuando yo llegué por primera vez al circo me preguntaron que quería hacer, y yo dije que quería ser payaso, y entonces el dueño del circo me dijo: ‘vos vas a ser payaso mío, especialmente mío, así que ahora para hacer la payasada más grande, vas a ir a buscar un balde y un trapo para lavar mi auto, y esa va a ser tu payasada’, y así empecé, a hacer los mandados, durmiendo en una casilla, porque no sabía si me iba a quedar o no. Aprendí a levantar carpas, desarmar carpas, aprendí mucho.

El Circo Rodas fue el primer circo más grande del mundo, y yo lloré mucho cuando nos jugó una mala carta la vida y el dueño se hizo un auto robo, y ahí quedamos todos en la calle, quedamos ahí, en Nazca y Gaona, donde actualmente quedan abandonados algunos carromatos. Entonces el padre del dueño del circo, cuando se enteró de lo que hizo el hijo, vino a la Argentina y nos indemnizó como pudo a cada uno, a algunos les dio un carromato, a otros plata, y a mí me dio algo muy grande que fue la esperanza, yo nunca le agarre nada a nadie. Mira si alguno me dice: “Antonio hay que ir al hospital a hacer reír a los chicos”, allá voy, lo hice en el Casa Cuna, lo hice en el Hospital Garrahan. Y a veces la gente no te conoce mucho como sos, y yo elegí ser payaso porque primero te hace reír, segundo podes esconderte de vos mismo atrás de la máscara, y tercero sobrevivir con la máscara de payaso.

Polvorita y Las Patillas del Abuelo

Yo tengo una anécdota muy grande, que creo que fue en el 96, las Pastillas del Abuelo hicieron un DVD, donde necesitaban hacer la historia de un circo, y bueno ahí aparecí yo justo, en Pergamino.

¿Cómo fue que los conociste?

Estaba paseando por Pergamino, me fui a comprar comida para mí y para mi hijo, iba por la plaza así y me choco con el cantante, uno medio alto así, y lo miro, él tenía un papel en la mano, entonces le digo yo, ‘¿estás buscando alguna dirección?’, me dice ‘si’, y me dice ‘tenes idea de quien soy yo?’, ‘no’ le digo, ‘y tenes idea de donde hay un circo por acá?’, ‘si se’ le digo, ‘donde estoy yo’, ‘¿vos estas en un circo?’, ‘si’ le digo, ‘¿y que haces en el circo?’, ‘soy payaso’. Me abrazó, y me dijo ‘vos sos mío’, me llevó a un bar, me invitó a almorzar, y yo le dije ‘mira que no puedo estar mucho tiempo porque estoy trabajando’, ‘no te preocupes’ me dijo, ‘te vamos a pagar nosotros’.

Entonces vinieron conmigo al circo y hablamos con el dueño, le explicaron que querían grabar un video y todo, y me dice mi jefe ‘¿y estos quiénes son?’, ‘ni idea de quienes son’, le digo. ‘¿No serán de la municipalidad no?’, ‘no tengo idea’ le dije yo, ‘me preguntaron por un circo y yo los traje’, y me dijo ‘más vale que deje plata esto porque sino vas a la calle’. Entonces vino uno de los cinco y le dijo, ‘nosotros queremos filmar un video con ustedes, con todos los integrantes del circo’. ‘¿Pero y quienes son ustedes?’, ‘nosotros somos una banda famosa de Rock, somos el grupo Las Pastillas del Abuelo’, y yo casi me caigo en el piso de la impresión.

Porque vos hasta ese momento no sabías quienes eran.

No sabía quiénes eran, y mi hijo que en paz descanse era fanático de ellos, y entonces lo abrazó a uno por uno, y bueno, empezaron a grabar justo un día de lluvia, entonces grabaron toda la tormenta. A mí nunca me gusto que me saquen fotos y eso. Me dijeron ‘anda a cambiarte que hay una función a las tres de la tarde’, y yo caí como un tonto, porque ese era un día martes y no hacíamos función, porque las funciones son de miércoles a domingo, y yo caí, fui al camarín y me pinte, y son las fotos que tengo. Y después el dueño me dice, ‘no te cambies, ahora por traer a estos músicos vas a ir a lavar el auto vestido de payaso’, y yo me fui vestido así, y hay un momento en que uno de los músicos me dice ‘pará, antes de lavar el auto, te pones así, apoyado en el auto haciéndote el canchero, como si fueras el dueño del circo?’, ‘te parece?’, le digo. Y me puse y así me sacó.



Y porque se enojó el dueño?

Porque el circo Papelito es un circo criollo, no es un circo internacional, y lo más lindo es que después de todo me vino a buscar el dueño del circo, y me agradeció porque ese era un circo humilde, y después me dice ‘discúlpame Antonio, sé que estuve mal’. Porque después el circo se vio por todo el mundo.

Como se llama el tema?

“Que hago yo esperando un puto As”.

Un enano con la cabeza gigante

Me vine a los 8 años del Chaco y me puse a vivir en la calle, que fue mi segundo hogar. Y cuando llegue a Buenos Aires parecía un enano con la cabeza gigante, porque no tenía nadie en quien apoyarme, me sentía desamparado, me sentía solo, y bueno no tenía a mis padres, pero yo elegí mi destino. Hoy en día me siento solo porque no tengo amigos, y hace cinco años perdí a mis dos mejores amigos, mi mujer y mi hijo, y hablar de ellos es como sacar algo muy grande, no quiero tocar el tema. Yo le echo la culpa a la inseguridad, mientras yo estaba de gira con el Circo Atlas, en el Chaco casualmente, me violaron a mi mujer y me mataron a mi hijo de 12 años.
Y pensé hasta ese momento que tenía amigos, y con toda la gente que conocía acá en Buenos Aires nadie me dio una mano, entonces, hace cinco años volví a esta vida devuelta, estar solo y como empecé, para mi mis hermanos son cada persona que conozco, y mi padre y mi madre son la noche y el día, y siempre le doy gracias a Dios que me dio un talento muy bueno, que es el ser fuerte, por eso yo te decía el otro día en la charla, que nunca terminamos de conocernos los seres humanos, osea que cada uno tiene otro yo guardado. Pero vos sabes que las cosas que yo veo en el mundo en el que vivo, nadie es perfecto, todos cometemos errores.

La última vez que nos vimos me hablaste mucho sobre poder ayudar a los niños

Yo lo que quiero dejar, es un mensaje para los chicos, que nunca pierdan la esperanza, que siempre hay un mañana, que cuando estemos mal abramos una biblia, que es mejor que un ciber, mejor que droga, que un paco, que un vino, una cerveza. Dios es la mejor medicina que hay, yo no soy católico ni evangelista, pero creo en Dios.

Vos me habías dicho Polvorita, que sos un poco Chamán, tuviste maestros de la vida, me queres contar sobre alguno de tus grandes maestros?

El mejor maestro que tuve en esta vida fue mi padre. Cuando mi viejo vivía era todo para mí, pido perdón porque de esto nunca hable con nadie, tomalo como quieras, pero anoche me costaba dormir, porque pensaba en cómo hacer la entrevista para hoy, por eso mirá la picardía mía ¿no?. ¿Porque no me vestí de payaso cómo habíamos quedado para sacar las fotos?, porque quería que me veas realmente como soy, porque si me pinto va a aparecer Polvorita.

Antes me dijiste que habían tres tipos de payaso, en este caso estaría Antonio, después Polvorita, y hay un intermedio no? Llevar la máscara, me dijiste.

En este momento soy yo, si tendría que hablarte Polvorita tomaría muchas cosas que no son mías, y lo otro es ‘el otro yo’, el enigma como le digo yo, porque en la vida hay tres escaleras principales que hay que aprender a subir, primero la honestidad, segundo el miedo, y el tercero es el más duro de todos, el fracaso. 
Entonces yo siempre digo que cuando alguien va a emprender algo, tiene que superar los tres miedos que yo superé en mi vida, que son: el miedo a quedarse solo, el miedo a que nadie te quiera y el miedo a que te quieran.

“Chispita y Polvorita”

Su hijo se llamaba Fabián David. Polvorita cuenta que sacó sus dones artísticos y a los 10 años se escapaba por la ventana para hacer malabares en el semáforo desde las 6 de la madrugada. Cuenta que en esa época llegaron a estar sin un mango, y un día hablando con su mujer de que por falta de pago los iban a echar, su hijo, que escuchó la conversación, sacó de debajo de la cama una gran bolsa de monedas que venía ahorrando, “serían como 500 pesos de ahora”, dice Polvorita. 

Pudiste compartir el circo con Fabián David?

Cuando cumplió los 10 años lo llevé al circo por primera vez, yo trabajaba en esa época con otro payaso, y yo quería que suba conmigo al escenario. En un momento me dice el dueño del circo que tenía que salir a escena porque me esperaban los chicos, y yo ni me imaginaba, pero cuando dice por el parlante que íbamos a recibir a un nuevo integrante, yo pensé que era el otro payaso, que por ahí se cambiaba el nombre para actuar, “con ustedes el payaso Lagrimita”, y era mi hijo. “Que hace acá pedazo de zapato mal lustrado, váyase de acá que ésta es mi función”, me dijo, no habíamos practicado nada y ya estábamos actuando. “Pero y quien sos vos”, “yo soy el mejor payaso del mundo” me contestó. Y al del circo le gustó, entonces dijo, a partir de ahora no te llamás más Lagrimita vos, vas a ser ahora Chispita, entonces quedamos como “Chispita y Polvorita”.

Polvorita cuenta que cuando le tocó despedirlo tras la tragedia que se llevó la vida de su mujer y su hijo, lo vistió con su trajecito de payaso.

Chispita le enseñó a Polvorita a hacer artesanías, “él fue mi maestro”, dice Polvorita.

El psicópata que violó y mató a la mujer se Polvorita y a su hijo de 12 años entró a la casa cuando él estaba trabajando con el circo, en una gira por distintos países. Los vecinos le contaron como fue el episodio.
En Reconquista, en la provincia del Chaco “lo agarraron”, dice Polvorita, “y en la cárcel se encargaron de él, ya que la Justicia no iba a hacer nada”, agregó.
Después de eso Polvorita remató su casa por cinco mil pesos para poder pagar el velatorio de su mujer y de su hijo. “Hoy descansan en paz allá en el Chaco, al lado de mi papá”.

Yo me aferre a mi padre que está arriba que el Dios, y a mi madre, que duerme todos los días conmigo que es la soledad. La mejor fuerza está en la mente y el corazón, y si no queres fracasar, y si no queres morir de tristeza busca a alguien que te acompañe y te entienda, y el mejor amigo es Dios.
Todo lo que tenemos en esta vida es prestado, vinimos desnudos y nos vamos vestidos, por eso mientras tengamos fuerza y tengamos esperanza, vivamos lo que somos, simplemente payasos…


1 de octubre 2014. Maga Benasulin