lunes, 10 de octubre de 2016

Breve biografía del Hospital Modelo de Don Bosco (perfil historico)

Los días pasaban y seguían sin encontrar un nuevo lugar para instalar la sala de salud de la Av. San Martín 1175. Todo el esfuerzo de la comisión vecinal para que el barrio de Don Bosco tenga atención sanitaria, parecía que se desasía por falta de ingresos que pagaran un nuevo alquiler.
Foto: Maga Beijaflor

En las verdulerías, carnicerías, por la plaza o al cruzar a un vecino en plena calle, se comentaba el tema que preocupaba hace varias semanas. “¿Por qué no van a ver a don Pesquero?”, dijo una vecina que vivía cerca de la casa del español, “él se hizo la casita arriba y tiene la planta baja desocupada, es buen hombre por lo que se ve, pregúntenle cuanto le cobra por poner la salita ahí”.
Cuando Cecilio Pesquero abrió la puerta aquella tarde y vio al grupo de vecinos no se imaginó la tarea que se le estaba encomendando. “Vinieron a verlo a mi papá para preguntarle si se los alquilaba, y él como muchos españoles era afecto de las sociedades de fomento y clubes. Allá en su España natal no tenían nada, entonces armaban espacios donde se encontraban, bailaban, leían. Eran anarquistas, pobres como ratas ¿y qué iban a hacer?. Cuando mi papá llegó a la Argentina siguió con esa modalidad de querer ayudar a la sociedad. Entonces les alquiló la planta baja, pagaron poco tiempo y estuvieron 25 años”, cuenta su hijo Eros Pesquero “Toto”, que ya tiene 85 años.
Foto: Maga Beijaflor
1947. Los vecinos llegan a la casa muy temprano, arman el mate, sacan las planillas de recepción y mientras comentan sobre el partido del domingo, llegan las madres con los niños que se agarraron una tos muy fuerte o que de pronto les agarró papera. Para Toto y sus hermanos se hace común bajar las escaleras, encontrarse con los delantales blancos de los médicos y ver a su padre todos los días involucrarse más en la tarea que hacen por la salud de los más vulnerables de la comunidad.
“Mi papá era naturista, entonces él creó su propia escuela de experimentación natural. Después, a raíz de todo el trabajo que había hecho respecto a la alimentación, lo contrataron en el Ministerio de Salud Pública, como asesor en una división que crearon, que se llamaba “La cocina de la salud”, cuando era ministro era el Dr. Ramón Carrillo”, explica Eros. En las fotos sacadas en blanco y negro, aparece Pesquero frente a cientos de personas de distintos lugares del país, pendientes de la explicación sobre la mejor manera de utilizar los alimentos para nutrirse de forma ahorrativa.
"Escuela Experimental de Alimentación Natural.
Director: Cecilio Pesquero".
Foto: Maga Beijaflor. 
Para el 70’, la casa ya quedaba chica y la necesidad de ampliar los servicios de salud, impulsó la construcción del Hospital Modelo de Don Bosco en terrenos fiscales. Los planos fueron realizados por el hermano de Eros, el arquitecto Enzio Pesquero. “Todo lo que se hizo fue con dinero de la gente, la Municipalidad no ponía nada”, dice Toto.
El crecimiento de las empresas de salud prepaga, los grandes centros de salud puestos por entidades privadas comenzaron a enflaquecer el trabajo del Hospitalito, por lo que cada vez se hacía más complicado sostenerlo. “Los estatutos preveían que en caso de que la salita armada por los vecinos en terrenos fiscales, perdiera capacidad de ser auto sustentada por falta de bienes, se podía entregar a la Municipalidad para que se haga cargo”, explica Toto, y eso fue lo que pasó.  
Foto: Maga Beijaflor
Durante un tiempo largo el Hospital estuvo cerrado. Luego de casi 30 años de trabajo a pulmón de los vecinos, los tiempos hostiles de la economía torcieron el destino de esa fuente fundamental para la salud de miles de familias.
Pero muy cerca de allí, en Villa Itatí, otra historia de trabajo por la salud estaba ligada al Hospitalito. La labor de don Pesquero y la comisión de vecinos, fue retomado por Juanita Ríos.
A pocas cuadras ya existía la Salita Sanitaria “Itatí l”, ubicada en la esquina de Chaco e Ituzaingó. Esa construcción realizada primero con madera, fue el resultado del esfuerzo del cura tercermundista José Tedeschi. Juanita Ríos fue su compañera y con ella tuvo una hija que nació tres días después de que despidieran los restos de Tedeschi, desaparecido y asesinado por la Triple A de López Rega, en febrero del 76’.
Foto: Maga Beijaflor
Aquella Salita “Itatí l”, fue construida primero en un vagón de tren abandonado y luego trasladada a la casita que armaron gracias a las habilidades como carpintero que tenía “Pepe”, así llamaban al cura napolitano.
La voluntad inquebrantable de Juanita fue el motor de muchos emprendimientos en Villa Itatí. En los 80’, con la recuperación de la democracia, siguió impulsando la organización de los vecinos para luchar por todas las necesidades que había. La reconstrucción de “Itatí l” promovió la llegada de médicos especialistas y la promoción de la “planificación familiar”, es decir el trabajo de concientización para que las mujeres cuiden su salud sexual, usen anticonceptivos y consigan elegir una mejor manera de armar sus familias.
Todos los progresos que consiguió Juanita no alcanzaban para que ese pequeño lugar tuviera la oportunidad de ofrecer internaciones, laboratorio, rayos o cirugías. Entonces con la existencia del Hospitalito clausurado y abandonado, pensaron en la necesidad de su recuperación.
Foto: Maga Beijaflor
“Juntamos 2000 firmas y las llevamos al Municipio”, recuerda Lalo, amigo entrañable de Juanita y protagonista en la recuperación del Hospitalito. El pedido que hacían era que les sedan la coordinación del lugar para poder abrirlo y hacerlo funcionar, pero la respuesta se perdía entre dadivas, los tiempos tortuguezcos de la burocracia entorpecían cada vez más, la solución para la demanda de salud que crecía en los vecinos.
Foto: Maga Beijaflor
4 de agosto de 1997. Juanita junto a un grupo grande de vecinos rompieron el candado del enorme edificio clausurado y lo tomaron para recuperarlo. “Los que siempre estuvieron en contra eran los punteros políticos, y después ellos mismos comenzaron a traer a sus familiares”, dice Lalo al recordar que como la condición que puso la Municipalidad para brindar apoyo, era el traslado de los recursos de “Itatí l”, algunos pensaban que era mala idea.
Encontraron un edificio completamente en ruinas, “se habían robado hasta las canillas de los baños”, dice Lalo. Lo cierto es que el traslado de los recursos fue a solo seis cuadras y la gestión de Juanita llevó al Hospitalito a su máximo esplendor. “Ella lo adoraba a éste lugar, entonces nos enseñó a nosotros también a quererlo, pero ya te digo, ella siempre fue la pionera acá. Luchó siempre por el Hospital. Acá se atiende bien a la gente, si no hay un medicamento se busca hasta encontrarlo, eso fue lo que nos enseñó Juanita y nosotros lo seguimos haciendo”, dice Alicia Burrone, quien la conoció en el 99’, cuando la trasladaron para trabajar allí.
Foto: Maga Beijaflor
El edificio parece un viejo submarino rosado y blanco. Con sus ventanitas redondas y sumergido en la tranquilidad del barrio, naufraga hasta la actualidad. Don Cecilio Pesquero y Juanita Ríos ya partieron de éste mundo hace tiempo, las fuerzas que lo sostienen hacen frente a la maldita escases de recursos, como también a una gestión que ya no carga la energía arrolladora de sus impulsores.
A veces caminamos frente a obras de trabajo humanitario sin imaginar el trasfondo que guardan en las historias de sus protagonistas. Conocer las tormentas que ha sobrevivido éste espacio fundado y sostenido por la voluntad de sus trabajadores es un ejemplo de muchos otros, donde el amor y la dedicación de la comunidad, transforman las injusticias en motivos de unión y trabajo.



2 comentarios:

  1. EXCELENTE NOTA!!! Conmovedora y tan noble historia!!! DIOS LOS BENDIGA!!!! GRACIAS!!!

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  2. y tuve que leer y conocer a fondo la historia del Hospitalito de villa Itati aquí en éste blog mágico y que durante más de 5 meses compartimos en algun taller de fotografía del barrio de Almagro...
    Maga ya no tengo palabras. Admiro tu valentía y el power para todo..sos inmensa!!

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