lunes, 26 de diciembre de 2016

Las preguntas Zapatistas para la Ciencia (crónica zapatista)

“Para nosotras, nosotros las, los zapatistas, hoy ha comenzado un nuestro largo caminar, en búsqueda a las y los otros quienes pensamos que con ell@s tenemos una gran responsabilidad de defender y salvar al mundo en que vivimos, artes de artistas, ciencias de científicos y los pueblos originarios con los abajos del mundo entero”, dice al micrófono el Subcomandante Galeano, siempre mejor identificado como el “Subcomandante Marco”.

Subcomandante Galeano (Conocido antes como Subcomandante Marco) 

Es el día 1 del Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”, a las 10 de la mañana ya estamos en el CIDECI-Unitierra. La mañana está fría, pero al sol y tomando café de olla se está a gusto. Unos momentos después, hombres y mujeres zapatistas llegan al predio haciendo una hilera.

Es una Universidad de la Tierra, a los alrededores se ven los cerros y un cielo siempre lleno de matices grises y soleados. Ingresamos a un salón enorme en el que se ve una clase abierta al mundo, donde mujeres y hombres zapatistas dialogan con la ciencia desde la realidad más profunda de sus pueblos.
“Hoy estamos aquí, no para decirnos qué tenemos que hacer, sino para conocernos cuál es nuestra función que nos tiene el capitalismo en este mundo, y para ver si es un bien lo que nos hace hacer el capitalismo para este mundo en que vivimos con los seres humanos y los seres vivos. Y si descubrimos que está totalmente mal, el mal uso que hace el capitalismo de nuestras ciencias, entonces tenemos que hacernos responsables y entonces tenemos que decidir lo que tenemos que hacer”, dijo Galeano cerca de terminar el largo poema de lucha que fue su discurso.
El 1 de enero de 1994, tras el anuncio de que México iría al libre comercio con Estados Unidos y Canadá, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional tomó el Palacio Municipal y declararon la guerra al Ejército. Se lee la 1ra Declaración de la Selva Lacandona y marcan un nuevo camino para la lucha indígena.

“Así que bienvenid@s a este encuentro, a este largo caminar de otras ciencias y que no haya descanso, que el descanso marque porque ya está construido el otro mundo nuevo y si no hay eso no habrá descanso. Que su sabiduría de ustedes, científicas y científicos, se encuentre y se abrace con nuestra gana de aprender y conocer los mundos”, dijo finalmente el Subcomandante Galeano.

















domingo, 25 de diciembre de 2016

“Queremos un mundo donde quepan muchos mundos”, EZLN (crónica zapatista)

“Otro mundo es posible”, dice el bordado de una pequeña tela en forma de mantel. Está junto a las otras artesanías zapatistas, en uno de los puestos dentro del Centro Indígena de Capacitación de Capacitación Integral (Cideci)-Unitierra, Chiapas. Este 25 de diciembre, el día de navidad, nos inscribimos al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”.
25 de Diciembre de 2016. Acreditación al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”
Asistirán 200 mujeres, hombres, niños y ancianos, bases zapatistas que hablan las lenguas Tzeltal, Tzotzil, Tojolabal, Chol, Zoque, Mame y mestizo.  Ellos podrán hacer consultas a los más de 90 científicos que fueron convocados para formar parte de las sesiones generales, charlas de divulgación y talleres.

En la 6ta Declaración de la Selva Lacandona, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), propone generar en el ámbito internacional, “más relaciones de respeto y apoyos mutuos con personas y organizaciones que resisten y luchan contra el neoliberalismo”. Éste, es el primer Congreso que se hace de puertas abiertas al mundo, motivo por el cual muchos extranjeros participaremos en calidad de escuchas.

En medio de los cerros chiapanecos, treinta y tres pueblos indígenas se unirán en el diálogo y aprendizaje para crear nuevas bases de trabajo conjunto. Otro mundo es posible, y es desde la raíz que comienza la transformación. 

“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.
Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias”, se lee en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Soñar en el Cañón del Sumidero (crónica de viaje)

Ana Julia sonríe, cuando despertamos temprano para prepararnos para ir al Cañón del Sumidero llovía y hacía frío, así que pensamos que no podríamos ir. Dormimos un poco más, o bueno, ella durmió un poco más y yo me quedé pensando en todo, haciendo esos procesos duros de la mente por intentar crear respuestas a preguntas nunca bien formuladas.

El día se puso maravilloso y la combi de la excursión nos buscó en la puerta del hostal a las 9 am, una hora después estábamos en una lancha llena de turistas mexicanos. “¿De dónde nos visitan?”, dijo el guía, “de Brasil”, dijo Ana Julia, “de Argentina”, me sume.
La travesía por agua está a 5 km de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, dentro del municipio de Chiapa de Corzo. Las aguas del río Grijalva, que atraviesa los estados de Chiapas, Tabasco y desemboca en el golfo de México, están rodeadas de una vegetación brillante en la que viven diversas especies animales.
La inmensidad se abrió frente a los diminutos seres humanos que somos y vimos cocodrilos tomando sol sobre las piedras, monos araña saltando entre las ramas de los árboles que crecen en las alturas, aves de distintas especies. Todo el paisaje respirando naturaleza.
“A ésta, la llaman la Isla de los Buitres, ellos comen los cuerpos de los animales muertos y si no encuentran carroña elijen al más débil de la manada, lo golpean hasta que muere y entonces se lo comen”, explicó el guía y nos horrorizamos, “y lo mismo con los turistas caídos del bote”, agregó generando la risa de todos.
En una cueva a mitad de camino vimos un altar con la virgencita de Guadalupe, allí llegan las ofrendas y los rezos. Muy cerca una placa conmemorativa recuerda al “Dr. Miguel Álvarez del Toro, Guerrero Incansable de la Naturaleza”. El paseo concluyó frente a un fenómeno vegetal al que llaman “el arbolito de navidad”, por su forma triangular y sus bolados de una planta como musgo.  
Cuando baje la cámara para entregarme al microorganismo que soy en el universo, fui parte absolutamente de esa magnífica presencia de la divina naturaleza. Como una serpiente que cambia la piel sin hacerse daño, el fluido de esas aguas se llevó una nueva capa de piel gastada. Deje las preguntas confusas y las respuestas inacabadas de la mente. México tira de las raíces más profundas, y allí, en un pequeño barquito, observo el acantilado que tiene un kilómetro de alto, con una profundidad de 250 metros. El paisaje-árbol se manifiesta con su inmensidad hacia las aguas más lejanas de la orilla y las piedras más cercanas al sol.

Antes de regresar a San Cristóbal recorremos un poquito de Chiapa de Corzo. “Se llama igual que la calle donde está el Hostal”, dice Ana Julia. “Sí, todo está conectado”, me sorprendo. 










lunes, 19 de diciembre de 2016

XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela

La raíz de un ser humano está enlazada a su lugar de nacimiento. En el XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela que se realizó hace una semana en el Malecón de la Cultura y las Artes de la ciudad de Lázaro Cárdenas, aprendí que uno de los encuentros familiares más importantes despliega esa raíz en el Océano Pacífico.
La ciudad-puerto michoacana tiene una posición geográfica que la destaca por ser una de las principales rutas marítimas de intercambio comercial de la costa del pacífico en Asia y América. Allí se conectan 141 puertos y 31 países del mundo a través de 46 líneas navieras.

La fiesta popular que se celebró el pasado 11 de diciembre, convocó a las familias lazareñas que disfrutan de la pesca deportiva. De las 41 embarcaciones que participaron representando a distintos lugares del mundo, solo 15 consiguieron atrapar al pez vela. 









domingo, 11 de diciembre de 2016

La magia de las burbujas (paisaje interno #46)

“Tengo a veces una angustia tan profunda y yo sé que viene de afuera. Es una angustia interna que viene del mundo material. Por eso me escondo.
Acuarela 
Me meto por un túnel que hay en el pasto del jardín y llego a un pequeño universo en el cual me oculto del mundo. Es un ecosistema que se alimenta de la imaginación y puede presentarse en sus distintas versiones, todo depende de la magia que produzca mi aleteo.
A veces me encuentro el conejo, en su jardín repleto de enormes hongos que crecen sobre el pasto azul. Un pueblo vegetal donde huele a verano todo el año y las ardillas caminan por los cables del universo.
_ Haz vuelto!_ dice el conejo cuando me ve aparecer _por favor muéstrame una vez más la magia de las burbujas_ me ruega.
Entonces escuchamos jazz y observamos en silencio como se forma cada burbuja de jabón, aferrada al aro donde nace. Viajando en el aire cuando se completa.
Cada burbuja contiene a su vez otros pequeños universos. Allí, más mujeres aladas disfrutan de la expresión del conejo cuando soplan burbujas, relajadas en algún hongo de esos jardines azules.
Por un momento el mundo parece estar en cámara lenta. Sonrío mirando los luminosos ojos del conejo alucinado, porque está seguro que esas burbujas son mágicas.
A veces necesitamos escondernos del mundo, de todas las personas que amamos y de todas las que olvidamos. El mundo corre tan deprisa que se nos hace urgente frenar el tiempo, en una sencilla burbuja de jabón viajando por el aire. Quizá mi amigo conejo tenga razón, y cada una de esas burbujas son resultado de la magia.
¿Podes parar tu cabeza y escuchar el corazón?. Hacer silencio un domingo, como hoy por ejemplo. Dejarte llevar por el cuerpo a otras tierras, y desprender la imaginación para que puedas soñar.
Es verdad que la vida para una mariposa, dura solo un día. ¿Será por eso que disfruto tanto abrazarme a éste presente?.
Vos también te podes esconder. Cerrar los ojos, viajar a ese universo mágico que tenes adentro y acostarte junto al conejo, para sentir la magia de las burbujas”, dice la mujer de alas verdes.

Domingo 11 de diciembre de 2016.

12: 42 hs en México. 15: 42 hs en Argentina. 
Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

El mundo desde "La Cafecita" (crónica de viaje)


“Conocerse, saberse, presentirse, observarse, esperarse, necesitarse, verse, revisarse, temerse, enfrentarse, quererse, ganarse, volverse, transformarse, perderse, amigarse, olvidarse, recordarse, sanarse, Obsequiarse, mimarse, alentarse, escucharse, hablarse, mentirse, sincerarse, sentirse, cantarse, dibujarse, olerse, rechazarse, viajarse, quedarse, volarse, entretenerse, soñarse, evolucionarse, revolucionarse, florecer, cultivarse, brindarse, animarse, aventurarse, intuirse, gruñirse, lamerse, lastimarse, atacarse, defenderse, encontrarse, cerrarse, involucrarse, abrirse, liberarse”, escribo en mi libretita de trapo, una mañana sentada en “La Cafecita”, la cafetería que atiendo durante un mes, en una universidad de México.

La cosa evidentemente es con una misma. No está fuera la solución, la solución siempre está adentro nuestro. Por eso es importante identificar todo que nos hacemos sentir. Eso pienso, y fuera de “La Cafecita”, los jóvenes y las muchachas del “Tecnológico de Lázaro Cárdenas” van y vienen entre clase y clase. La propuesta de atender una cafetería dentro de una Universidad, me pareció encantadora así que ya voy tres semanas.
Por primera vez desde que llegué a México, tuve una rutina, una responsabilidad, un trabajo que hacer. Después de las aventuras con el artesano y la bruja, los cientos de viajes éste año, las idas y vueltas con el amor pagano, las incontables capas de estructura que se movieron adentro, me dispuse a frenar. Despertarme muy temprano, hacerme café con leche y dos tostadas de queso y miel, buscar hielo, abrir “La Cafecita”, es mi aventura cotidiana.
Cuando me describieron el trabajo me imagine en medio de la nada, con dos conservadoras (acá le dicen hieleras), una mesita de plástico y vendiendo galletitas y papas fritas (acá le dicen galletas y Sabritas). La noche que vi por primera vez “La Cafecita” llovía. No iba a estar a la intemperie pero justo falta uno de los techos así que vi cómo se mojaba una parte de la estructura cilíndrica donde iba a pasar un mes, y no me importó.

Todos los días llego con seis bolsas de hielo para enfriar las bebidas y armo el espacio circular, que luego va rotando para salvar los alimentos del sol. Pongo los mismos discos que tengo en el celular y leo “Relatos de Poder”, de Carlos Castaneda, mientras vendo. Se supone que acá estamos en invierno, y eso solamente hace que las mañanas tengan un clima primaveral, que para el mediodía arde nuevamente en el verano eterno que se vive en éste rincón del mundo, a orillas del Pacífico.

La quietud de la mañana es deliciosa, corre una brisita y el mundo parece en paz. Mi cabeza está en paz. Porque el año se está terminando y mi escenario anterior se diluyó, entonces soy consciente de que de pronto, aparezco sentada en un banco de barra, vendiendo galletitas, dentro de una Universidad donde se forman los futuros ingenieros, lejos de toda contractura citadina.
“¿Eres argentina?”, “¿de dónde eres muchacha?”, “no eres de aquí ¿verdad?”, me dicen una y otra vez en la ventanita por donde observo su universo. “Sí, soy de Argentina”.

Me gusta mucho observar los rasgos de los rostros mexicanos. Las muchachas tienen labios gruesos y ojos negros. La mayoría llevan mucho maquillaje y colores oscuros de labial que jamás me hubiera animado a usar.
Los varones flacos, rellenitos, altos, bajitos (chaparritos), con el cabello negro, las pestañas gruesas, los ojos brillantes, llegan tímidos, osados, curiosos, charlatanes, serios, risueños, jóvenes. Todos me dan la impresión de ser realmente inocentes.
También llegan los trabajadores de la obra en construcción que hay justo al lado de la Cafecita, tienen la piel curtida por el trabajo de albañil, la mirada milenaria, la cabeza cubierta por algún sombrero grueso, y la apariencia de agotamiento y sed que produce el sol después de las doce.
Los vigilantes, los docentes, la mujer de la biblioteca que siempre me pide un vaso con hielo, se paran frente a mi pequeña ventanita y de a poco nos vamos conociendo.

Después de una mala actitud que tuvo el muchacho que vende tacos de canasta a un lado mío, ya no le hablo. Aprendí a respetar en un 99, 9 porciento mis sensaciones respecto de las personas y eso me da tranquilidad.
Así que me paso las horas leyendo, escribiendo en mi libretita de trapo, tratando de no pensar, descansando de todas las veces que me tocó armar y desarmar la mochila, buscando explicaciones para esas cosas que todavía me cuestan aceptar, dándome cuenta de que efectivamente cambié en ciento ochenta grados mi historia.

Cuando le dije a la muchacha de rulos que iba a armar una pequeña exposición de mis acuarelas dentro de la Cafecita, ella se rió y nos imaginamos una secuencia en la que alguien se acerca y dice “¿tú los pintas?, ha!, qué interesante!. ¿Me vendes un sandwich?”. Y tal cual así ocurre, lo cual me parece todavía más divertido.
Me animé a colgar una cuerda sobre las Sabritas, como si fuera un tendal de ropa, y con los mismos broches de la casa expuse a la mujer de alas verdes para que me haga compañía. “¿Por qué está desnuda?”, me preguntó hace poco uno de los muchachos. “Así es el personaje”, respondí de forma poco convincente.

La mujer de alas verdes está desnuda porque es libre y está en perfecta salud. Desde los once años padezco una enfermedad psicosomática llamada psoriasis, que funciona como un catalizador de las cosas que me angustian y no conseguí expresar. Cuando era niña comencé a escribir como una forma de sacar de adentro ese dolor y cada vez estoy más convencida de que la palabra también puede sanar.
En pocas oportunidades vi mi cuerpo desnudo completamente libre de psoriasis, aún ahora que ya conozco más mis procesos, suele aparecer alguna pequeña lesión. Cuando la acuarela da vida a ese pequeño cuerpito desnudo, creo una piel libre de dolor, y en cada paisaje interno procuro explicarme el fenómeno de la vida.
Todas las máscaras que voy dejando en el camino me permiten estar un pasito más cerca de saber quién soy, que quiero, a dónde voy. Entonces sentada en la paz de la mañana lazareña, simplemente respiro mi presente mientras el año comienza a cerrar el telón. Por un mes soy una muchacha de pueblo que atiende una cafetería en una Universidad. Todo lo que fui, todo lo que seré, solo es obra de mi imaginación.


La vida es una aventura siempre cotidiana, nuestro desafío es abrazar la belleza de lo simple y recordar que el amor que compartimos, es la riqueza más importante a la que podemos aspirar.