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domingo, 25 de diciembre de 2016

“Queremos un mundo donde quepan muchos mundos”, EZLN (crónica zapatista)

“Otro mundo es posible”, dice el bordado de una pequeña tela en forma de mantel. Está junto a las otras artesanías zapatistas, en uno de los puestos dentro del Centro Indígena de Capacitación de Capacitación Integral (Cideci)-Unitierra, Chiapas. Este 25 de diciembre, el día de navidad, nos inscribimos al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”.
25 de Diciembre de 2016. Acreditación al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”
Asistirán 200 mujeres, hombres, niños y ancianos, bases zapatistas que hablan las lenguas Tzeltal, Tzotzil, Tojolabal, Chol, Zoque, Mame y mestizo.  Ellos podrán hacer consultas a los más de 90 científicos que fueron convocados para formar parte de las sesiones generales, charlas de divulgación y talleres.

En la 6ta Declaración de la Selva Lacandona, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), propone generar en el ámbito internacional, “más relaciones de respeto y apoyos mutuos con personas y organizaciones que resisten y luchan contra el neoliberalismo”. Éste, es el primer Congreso que se hace de puertas abiertas al mundo, motivo por el cual muchos extranjeros participaremos en calidad de escuchas.

En medio de los cerros chiapanecos, treinta y tres pueblos indígenas se unirán en el diálogo y aprendizaje para crear nuevas bases de trabajo conjunto. Otro mundo es posible, y es desde la raíz que comienza la transformación. 

“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.
Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias”, se lee en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Soñar en el Cañón del Sumidero (crónica de viaje)

Ana Julia sonríe, cuando despertamos temprano para prepararnos para ir al Cañón del Sumidero llovía y hacía frío, así que pensamos que no podríamos ir. Dormimos un poco más, o bueno, ella durmió un poco más y yo me quedé pensando en todo, haciendo esos procesos duros de la mente por intentar crear respuestas a preguntas nunca bien formuladas.

El día se puso maravilloso y la combi de la excursión nos buscó en la puerta del hostal a las 9 am, una hora después estábamos en una lancha llena de turistas mexicanos. “¿De dónde nos visitan?”, dijo el guía, “de Brasil”, dijo Ana Julia, “de Argentina”, me sume.
La travesía por agua está a 5 km de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, dentro del municipio de Chiapa de Corzo. Las aguas del río Grijalva, que atraviesa los estados de Chiapas, Tabasco y desemboca en el golfo de México, están rodeadas de una vegetación brillante en la que viven diversas especies animales.
La inmensidad se abrió frente a los diminutos seres humanos que somos y vimos cocodrilos tomando sol sobre las piedras, monos araña saltando entre las ramas de los árboles que crecen en las alturas, aves de distintas especies. Todo el paisaje respirando naturaleza.
“A ésta, la llaman la Isla de los Buitres, ellos comen los cuerpos de los animales muertos y si no encuentran carroña elijen al más débil de la manada, lo golpean hasta que muere y entonces se lo comen”, explicó el guía y nos horrorizamos, “y lo mismo con los turistas caídos del bote”, agregó generando la risa de todos.
En una cueva a mitad de camino vimos un altar con la virgencita de Guadalupe, allí llegan las ofrendas y los rezos. Muy cerca una placa conmemorativa recuerda al “Dr. Miguel Álvarez del Toro, Guerrero Incansable de la Naturaleza”. El paseo concluyó frente a un fenómeno vegetal al que llaman “el arbolito de navidad”, por su forma triangular y sus bolados de una planta como musgo.  
Cuando baje la cámara para entregarme al microorganismo que soy en el universo, fui parte absolutamente de esa magnífica presencia de la divina naturaleza. Como una serpiente que cambia la piel sin hacerse daño, el fluido de esas aguas se llevó una nueva capa de piel gastada. Deje las preguntas confusas y las respuestas inacabadas de la mente. México tira de las raíces más profundas, y allí, en un pequeño barquito, observo el acantilado que tiene un kilómetro de alto, con una profundidad de 250 metros. El paisaje-árbol se manifiesta con su inmensidad hacia las aguas más lejanas de la orilla y las piedras más cercanas al sol.

Antes de regresar a San Cristóbal recorremos un poquito de Chiapa de Corzo. “Se llama igual que la calle donde está el Hostal”, dice Ana Julia. “Sí, todo está conectado”, me sorprendo. 










lunes, 19 de diciembre de 2016

XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela

La raíz de un ser humano está enlazada a su lugar de nacimiento. En el XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela que se realizó hace una semana en el Malecón de la Cultura y las Artes de la ciudad de Lázaro Cárdenas, aprendí que uno de los encuentros familiares más importantes despliega esa raíz en el Océano Pacífico.
La ciudad-puerto michoacana tiene una posición geográfica que la destaca por ser una de las principales rutas marítimas de intercambio comercial de la costa del pacífico en Asia y América. Allí se conectan 141 puertos y 31 países del mundo a través de 46 líneas navieras.

La fiesta popular que se celebró el pasado 11 de diciembre, convocó a las familias lazareñas que disfrutan de la pesca deportiva. De las 41 embarcaciones que participaron representando a distintos lugares del mundo, solo 15 consiguieron atrapar al pez vela. 









miércoles, 2 de noviembre de 2016

El hombre que inventó la muerte (perfil histórico)

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, dijo alguna vez José Guadalupe Posada. Quizá toda la vida comience exactamente por la idea que tenemos de la muerte. ¿Qué representa para vos?, ¿de qué morimos?, ¿por qué morimos?. Y entonces, ¿para qué vivimos?.

Acuarela
A los 15 años estuve por primera vez frente a la obra del mexicano G. Posada, ilustrador experto en litografía, grabado en madera y otros materiales. Estaba sentada en un banco de la plaza 9 de Julio en horas de la siesta y desconocía que aquel libro de Eduardo Galeano, “Patas Arriba, la escuela del mundo al revés”, contenía aquellas calaveritas como huellas de otra historia. ¿Te acordas del arlequín enanito en la tapa del libro?, ese dibujo también lo hizo el hombre que le dio vida a la muerte mexicana.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
Si me hago éstas preguntas es porque hoy mismo, 2 de noviembre de 2016, aquí en México es el día de muertos y la imagen espectral de la Catrina me tendió la mano al encuentro. Me acuerdo perfectamente que en esa plaza de la adolescencia, abrazada por la idea lúgubre que tengo de la muerte como resultado del legado cultural, me generó rechazo la posibilidad de esos huesos vestidos y actuando como vivos.
 Ahora sé que el autor de esas figuras nació el 2 de febrero de 1852, en Aguas Calientes. A los 16 años aprendió el grabado en madera y la técnica de litografía, trabajos que profundizó como aprendiz de Trinidad Pedroza desde 1968. Fue también su maestro quien influenció las ideas políticas y sociales de Posada, un elemento definitivo para que el arte tallado en materiales duros, se vuelva ilustración gráfica en los diarios de la época.
Entre las publicaciones más recordadas se encuentra el Jicote, el semanario progresista que crearon como herramienta de protesta y manifestación de humor negro, ante las injusticias que se vivían en el régimen porfirista (la dictadura de Porfirio Díaz).
En 1872 Posada y Pedroza se instalaron en León, Guanajuato donde instalaron un taller de litografía comercial. De 1875 a 1888 Posada colaboró con los periódicos de esa ciudad, como “La Gacetilla”, “El Pueblo Caoticoa” y “La Educación”. Después de la inundación del 18 de Junio de 1888, se trasladó a la Ciudad de México y continuó participando de las publicaciones de “La Patria Ilustrada”, y “La Revista de México”.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016

La popular “Catrina”, esa calavera coqueta, con un enorme sombrero, flores y de aspecto aristócrata, fue originalmente bautizada por Posada como la “calavera garbancera”, en alusión a los indígenas que cultivaban garbanzos y que pretendían llevar un estilo de vida y costumbres europeas. Entonces mientras la desigualdad socio económica generaba miles de muertos o vivos hambrientos, Posada necesitó cuestionar esa actitud hipócrita de sus propios compueblanos.
Aquel trabajo de visualización de la desigualdad generó que en varias oportunidades lo metieran a la cárcel, sin embargo el artista continuó su trabajo inclusive en los momentos más álgidos de la política nacional. Los investigadores declaran que la obra de Posada alcanza los 2000 grabados.
El 20 de enero de 1913, Posada se encontró con su musa de toda la vida, la muerte. Enfermo, en la más despiadada pobreza y anonimato, fue enterrado en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México, y tiempo después depositado en una fosa común junto a otros cuerpos sin identificación.
Fue el muralista Diego Rivera quien desenterró al artista. Renombrando a la calavera garbancera como “Catrina”, puso en las líneas de la historia mundial una obra que recorrió el planeta y que consolidó la tradición del día de muertos.
Es nombrada frecuentemente la pintura “Sueño de una tarde Dominical en la Alameda Central”, donde Rivera se pintó como un niño tomado de la mano de la Catrina, que a su vez va del brazo de su creador José Guadalupe Posada. En una segunda hilera también están presentes José Martí y Frida Kahlo.

Ayer por la tarde, después de investigar sobre ésta raíz, mis amigas mexicanas me invitaron a compartir el homenaje que realizaron en el Panteón, aquí en Lázaro Cárdenas. Cuando llegué todavía era de día y sobre cada tumba se vestían alfombras anaranjadas con la flor de muerto. Era un pequeño vecindario absolutamente horizontal, y cada familia en su parcelita de pasto embellecía el lugar de descanso de su familiar querido.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
El 1 de noviembre se realizan las ofrendas a los niños, por eso cuando miré en más detalle vi los juguetes sobre los tapetes de flores. El 2 de noviembre es el momento de los adultos. Entonces todos los muertos y los vivos se encuentran en amor, comiendo y bebiendo lo que más le gustaba al difunto.
Cuando se hizo de noche apareció una luna finita sobre las tumbas iluminadas por los veleritos que se compran en el mercado. Las almas encarnadas y no encarnadas me dieron la sensación de que éramos una multitud. Luego de un rato, sin palabras, explicaciones o pensamientos racionales, entendí la belleza de ésta tradición que nos recuerda que la muerte y la vida son lo mismo, sólo un momento en el aprendizaje infinito que desarrollan nuestras almas.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
La ceremonia de la muerte, las calaveras bailando en el barcito del pueblo, Posada y Rivera pintando a la Catrina, los cementerios con sus trajes naranjas, todos los encuentros que exceden el cuerpo, todas las historias que son la misma historia, hacen de mí tabú sobre la muerte una reverencia de respeto hacia la vida.

Feliz día de Muertos. 

2 de noviembre de 2016, Lázaro Cárdenas, Michoacán. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

El día del conejo (crónica de viaje)

No existe “la verdad”, por eso estar viva es una experiencia pasajera, en la que puedo manifestarme de muchas formas para aprender.
Despertar en Mazunte

¿Aprender qué?.
Aprender que el tiempo es un parámetro, que a veces funciona como dos rueditas adicionales en la bicicleta, sostenerse en la gravedad parece al principio un acto de brujería. Entonces las pequeñas rueditas que nos sostienen a los lados, nos regalan la sensación de conducir algo más que nuestros propios pies.
Ese tiempo-rueditas nos representa el orden de las cosas, la seguridad en el desplazamiento al futuro, la certeza de “saber cómo sigue” la secuencia de nuestros días. Sin embargo llega un tiempo de giro en el relato, entonces la vereda de la infancia donde damos vueltas en círculos, un día es un camino tan inmenso como el océano y la bicicleta hay que subirla a la cuerda floja. Puedo detenerme, caer o seguir. Haga lo que haga, viva donde viva, me conecte o me desconecte de las cosas, esa trilogía se carga en mis pies sobre los pedales.
Cuando le quito las rueditas de contención, el tiempo sin paracaídas me arroja al mundo en caída libre. Desde ese momento mis rutas son las que me muestra la percepción. Lázaro Cárdenas, Pátzcuaro, Isla de Janitzio, Tzintzuntzan, Erongarícuaro, Oaxaca, Hierve el Agua, Mazunte y mañana San José del Pacífico, son los laberintos que se adhieren a mi piel.  
El mar está vivo, conectado por todas sus aguas siempre es el mismo mar, el tiempo está vivo, conectado por sus milésimas de segundos es el mismo tiempo, yo estoy viva, conectada a todas las historias, soy la misma vida.
Me abrazo a la experiencia rústica. Duermo en una colchoneta sobre la tabla de la habitación que tiene sólo un par de paredes de bambú y una vista al monte que rodea la playa de Mazunte. Cuando despierto adentro del mosquitero veo las ardillas trepando las ramas y siento el crujir de la naturaleza.
El baño a cielo abierto, el locker donde guardo la mochila de 80 litros, el cepillo de dientes y la pasta en el bolsillo de la mochila de mano, el espejo comunitario, la salida directa al mar con el que juego todos los días. Las picaduras de mosquito, ¿también de araña?, nunca se sabe, la herida de la rodilla que cicatriza a su tiempo desde el revolcón de aquella ola, la piel curtida por un sol constante que no da espacio a la lluvia. El cangrejo Mazunte que me espía a la noche y los días de vagar con la banda de amigos improvisada que construimos, de tanto estar contemplando la vida desde la orilla.
Una vez con la muchacha de rulos, reímos pensando que nuestras referencias de los días son surrealistas. “Eso fue el día del conejo. ¿No te conté?, la otra noche por fin vi al conejo blanco, corrí a buscar la cámara y estaba tan oscuro que le disparé con flash y la foto es malísima, pero bueno. ¿En qué estaba?, ah sí, bueno fue el día del conejo”, le dije. “¿Te diste cuenta?, ya no sabemos ni qué día es hoy, sólo nos acordamos por referencias como esa, el día que viste al conejo”, observó y nos reímos de placer.
Naufragar un tiempo sin rueditas, concluido por el momento el ciclo introspectivo, conociendo los idiomas que hablan las corrientes del mar, recordando a diario que cuanto menos cargo más llena me siento, entrenándome para la tarea que me toca, ofreciéndome inclusive el espacio de juego, soy por fin una partícula más de arena. ´
Mi método ahora es destejer los ritmos que traigo de la ciudad, respirando profundo la adrenalina que me da éste tiempo sin rueditas de contención, confiándome como un obsequio que brindo a la humanidad, para que hagan de mí un canal de comunicación, un puente invisible de aproximación para todos éstos mundos que somos.
Me toca primero soportar la presión de una ansiedad a la que no llega ninguna respuesta, y ceder después un cuerpo desnudo al mar, que como no me traga por éstos miedo, me devuelve a la orilla por la curiosidad que me enamora de un tiempo asimétrico.


12 de Octubre de 2016. Mazunte, Oaxaca, México. 

viernes, 7 de octubre de 2016

La red para sentir el mundo, sin atraparlo (paisaje interno #39)

“Regalo mi subjetividad caprichosa y me uno al universo. Cada partícula de mi ser se conecta al todo y siento el roce magnífico de lo infinito viviendo en el instante. Respiro como el pez que vuelve a su profundidad, ese que solo en sus aguas alejadas de la superficie, se abre en cada escama, hasta que las aletas parecen alas.
Acuarela

Mi red es perfecta porque no atrapa, pero permite que me transforme. Así me traslado entre cientos de paisajes internos, al tiempo que la exuberante naturaleza me mira a los ojos para que nos conozcamos un poquito mejor.
Duermo a pocos metros de mi sueño, eso se vuelve magia porque ya no necesito quedármelo. Me siento millonaria ahora que no soy dueña de nada, en éste día, que es mi mejor oportunidad de amar. Acepto toda la belleza que recibo con las manos abiertas para que me inunde el cuerpo, antes de que desaparezca como una simple brisa.
Tengo que contarte un secreto, te encargo que lo compartas también. Éste planeta, lleno de mundos, tiene todos los tesoros que presentimos de niños. Si cerras los ojos vas a verlos otra vez, porque eso jamás nos abandona. Lo único que tenes que hacer, es creer.
Desde cada nota musical, hasta cada gota de sudor en la piel de los trabajadores más sacrificados, me encuentro, soy, me reconozco, me acepto, me ofrezco. Soy tan joven todavía, igual que vos, igual que ellos también y por eso estamos siempre resucitando.
Voy a morir ésta misma tarde en miles de formas y tras ese parpadeo voy a nacer otra vez, cubierta de escamas, plumas, pelos, pieles, cueros, pétalos, espinas, venenos y medicinas. Podes tomarme las manos en estas letras para sumergirte un poquito más en otras dimensiones, es un milagro que podamos conectarnos sin siquiera rozarnos, y solo por eso ya puedo decirte que agradezco el encuentro.
Desde una cosmovisión de lo material, parecía que reinventarse significaba arrojar el propio cuerpo al vacío. Por eso es importante que la mirada sobre el crecimiento florezca otra vez, hasta comprender que el caparazón que nos fue prestado, es sólo un regalo que nos cubre las almas cuando necesitamos abrazarnos sobre este mundo.
Algunas ocasiones de tu vida tendrán vacío. Ese profundo hueco es la cáscara vieja de una semilla anterior que también sos. Los ciclos precisan de ese silencio incómodo pero necesario que generan las preguntas importantes sobre la existencia. Si te parece bien, podes pensarlo como ese gusto feo del remedio que calma el dolor, confiá en que cuando caigan todos tus paradigmas, la aceptación de la esencia, corre por las venas como espasmos de alivio.
Te obsequio mi red sin fondo para que salgas a explorar el mundo que te rodea. Cuando la vida pase por su aro, vas a sentir la belleza con las manos abiertas. Hay que soltar los dedos porque lo milagroso no necesita ser atrapado.
Tu talento será la observación libre de juicios, y ante la alquimia de tu propia experiencia vas a renunciar a todo, entonces resucitar será asumirte parte del universo.

Tu única misión es permitirte que los tesoros que presentiste en la niñez, te encuentren”, dijo la mujer de alas verdes, que sonriendo con picardía me brindó su red sin fondo que no atrapa, porque sí libera. 

6 de Octubre 2016, Mazunte, Oaxaca, México.  

miércoles, 5 de octubre de 2016

Kitzia bajo el árbol Jacaranda (entrevista)

Luego de vivir 15 años entre Morelia y el DF, Kitzia González Simón regresó a su Pátzcuaro natal y junto a sus hermanos, cuñados y amigos formaron una Cooperativa y Espacio Cultural llamado “La Jacaranda”. Su trabajo como artista plástica se desplaza por las paredes del lugar, mientras la vocación musical de sus hermanos complementa la agenda cultural con diversas propuestas locales.
Kitzia González Simón
Foto: Maga Beijaflor 

“Inclusive hablar de lo íntimo, puede ser hablar de lo político”, dice Kitzia pensando en las temáticas que elige cuando pinta. En su muestra de trabajadores de la construcción, plasmó aquella imagen cotidiana de las ciudades hinchadas de hombres rurales que debieron migrar por el hambre que se vive en el campo.


Volver a su pueblo significó una oportunidad para que su vocación artística contribuya al crecimiento de lo comunitario y por eso desde “La Jacaranda”, apuestan a que se pueda crecer desde la motivación propia, como de aquella que se puede generar en todas las personas que los apoyan.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Pátzcuaro Introspectivo (crónicas de viaje)

Caminé por Pátzcuaro, como quien camina sobre la luna más plateada. Tengo que contarte algo, pero necesito que me ayudes con la imaginación, por favor transformá estas palabras en imágenes porque quiero mostrártelo.
Camino a Janitzio

La Plaza Vasco de Quiroga es, junto a la de Gertrudis Boca Negra, una de las plazas importantes del pequeño pueblo michoacano. Allí, caminando por sus escalones de piedras, entre sus jardines verdes, hay parlantes imperceptibles, por donde se llena el paisaje de música ambiente.

Habitación 20, 21, 39, 12 y 13. Todos los días un cuarto diferente.
El primer cuarto me deprimió profundamente, fue la tarde que llegué. El cielo se cubrió de gris y comenzó a llover a los pocos minutos de bajarme del segundo colectivo. Lázaro Cárdenas hasta Uruapan y desde Uruapan hasta aquí, Pátzcuaro.
¿Viste lo que dicen del universo?, que hay que aprender a aceptar sus giros. Cuando llegué al hostal donde plenee quedarme, no había lugar. El hombre de la casona oscura era bastante desagradable y cuando me abrió la puerta bajo la tormenta, me dijo, “en un espacio para 15 están durmiendo 30 chicos de la universidad, no tengo espacio”.
Así que la primera noche llueve, no hay hostal, estoy en un hotelucho deprimente y no tengo nada para hacer en esta vida, ¿qué carajo estoy haciendo?. Así que mire muchos documentales para turistas que visitan Pátzcuaro y me dormí sin cenar.
La muchacha de rulos, la amiga de mi amigo rubio que ahora también es mi amiga, me dijo algo sobre enfrentar el vacío.
Enfrentar-el-vacío. Permitirme que me invada el pánico, la desolación, la pérdida profunda de sentido, aun sabiendo que por acá es mi camino. Miedo. Sí, ese miedo inevitable que genera entregarse por ejemplo, a un nuevo país.
Pátzcuaro me tuvo la paciencia que necesitaba. Sus plazas con música ambiente, sus calles y casas coloniales que me conectaron con los pueblos del norte argentino, o bien mi barrio en la ciudad, San Telmo.
Aceptar los hoteles, todas las noches un cuarto distinto. No hay lugares debido a una fiesta sobre la muerte aquí cerca. Cargar la mochila para comprender que necesito llevar menos equipaje, porque efectivamente necesito muy poco.
Eso de “perderse para encontrarse”. No sé. Pero camine por Pátzcuaro en silencio, escribiendo como a soplidos en mi cuadernito experimental. Aceptar que llueva a cántaros y volver a mirar la tele o dormir la siesta.
Caminé sola por las noches, cuando la lluvia paraba un poco. Vi a un grupo de jóvenes tocar sus tambores y trompetas en la plaza, comí un choclo con picante, mire una película de domingo aunque era jueves a la noche.
Recorrí algunas cuadras laterales y me encontré con la enorme Basílica de la Madre de la Salud. Entre justo cuando celebraban una misa y me senté bien atrás. Isabel me dijo que las iglesias cuentan mucho sobre la historia de un lugar, así que observé.
Al tercer día junte coraje para salirme de Pátzcuaro. Me tomé una camionetita, que en Argentina sería un colectivo urbano, y llegué a la Isla de Janitzio. El debate interno sobre eso de ser viajera y no turista, sintiendo cansado el corazón de tanto sentir, entregando algo de mí al lago, para que lo transforme.
Días de silencio. “Quiero entregarme al vacío”, me decía, entonces dejé que la ausencia de la expresión a partir de las palabras, me permita respirar. A veces eso que nos da energía, también nos la quita. Eso ocurre cuando jugamos bajo la presión innecesaria que nosotros mismos nos obligamos a sentir.
Ahora por ejemplo, escribo, porque ya estoy lista para volver a disfrutarlo.
Una noche de esas en que llovió, quizá fue el día en que volví de Janitzio, salí por un café. Me detuve primero en la galería de arte “La Cabrona” y cuando me disponía a volver al hotel, me encontré con el Espacio Cultural “La Jacaranda”.
En el segundo lugar conocí a Kitzia González Simón, una excelente pintora oriunda de Pátzcuaro, que volvió después de varios años vivir en Morelia, para crear “La Jacaranda”. En Argentina a ese árbol lo llamamos “el Jacarandá”. Esa noche tomando un chocolate, la entrevisté sobre su trabajo como artista. En unos días compartiré aquella charla.
Ayer conocí Tzintzuntzan, que en la lengua purépecha significa “lugar de colibríes”. Allí están las Yácatas, cinco pirámides arqueológicas que fueron templos del pueblo Purépecha antes de la llegada de los españoles. También escuché relatos históricos en el museo que se encuentra frente a la inmensa plaza del pueblo.
A la noche volví a La Jacaranda. Kitzia me había dicho que el sábado tocaba una banda que hacía una fusión entre el castellano, el inglés y la lengua purépecha. Así en el mismo día sentí la sangre ancestral y la sangre joven de éste pueblo.


Cuando empecé a escribir estas líneas, todavía no sabía que mañana me voy a Oaxaca con Ireri. Pátzcuaro ha sido efectivamente la puerta a la luna. Eso me gusta de éste viaje que es la vida, su misterioso desarrollo, me regala sus páginas de intensidad.