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miércoles, 25 de enero de 2017

La mujer de alas verdes salió a jugar con otras pinturas (crónica de viaje)

¿Cuánto tiempo de la vida perdemos rechazando lo que somos?. Uno de los motivos que me empuja a conocer otros mundos, es constatar que el arte y la comunicación son una pareja extraordinaria, con la posibilidad inclusive de sanar. Me la paso diciendo a mis amigos y a las personas que conozco en el camino, que si nos manifestamos en cualquiera de las formas del arte, tenemos la posibilidad de leernos en un código secreto, que cura todas aquellas grietas que dejan en nosotros, eso que no decimos.

Claro que para afirmar semejante cosa, es justo aclarar que en ese experimento soy mi propio conejillo de indias. “Yo no pinto”, dije muchas veces, “mi sueño es ser escritora”. Pero la niña que hay en mí, pinta desde siempre. Como creció con una madre que es una excelente pintora, aprendió más cosas de las que mi parte adulta había tomado nota.
Hace ya tiempo estoy investigando mi hipótesis en múltiples dimensiones. Encuentro disciplinas psicológicas, relatos personales y grupales, biografías de los más grandes, la palabra de los anónimos, todos contando sus experiencias que me reafirman en lo que intuía desde la época en que, sin que nadie me lo aconsejara, me puse a escribir para conocer los dolores internos que me provocaba mi enfermedad psicosomática llamada psoriasis.
Estudiado lo que muchos llamamos el “proceso creativo”, proyectando retomar mis talleres de comunicación, un día compre acuarelas y necesité probar cómo funcionaban en mí. La pintura que se activa con agua, que fluye por la hoja en blanco de forma caprichosa y logra las tonalidades después de casi deshacer el papel húmedo, me sostuvo como los bellos cuentos de la niñez.
Para que me entiendas, aunque de forma psicodélica. Estaba ahí, en mi departamento antiguo de ese barrio retro en porteñolandia (Ciudad de Buenos Aires), y una mujer con alas verdes apareció volando entre los enormes edificios de la metrópolis. Esa vez la vi desde lejos, era como una mujer-avión-mariposa de la que no sabría el nombre.

Durante aquellos días complejos en los que necesitaba desarmar todo lo que construí durante diez años, para darme la oportunidad de seguir mi impulso vital y viajar, lo que me sostuvo fue pintar. Entonces entre trámites, meter la vida en cajas, calcular ahorros, aceptar las despedidas, si no podía llorar o reír, sin dudas podía pintar. La mujer de alas verdes se manifestó entonces viajando por el universo con su desfachatada libertad, diciendo alguna cosa desde las entrañas de una sabiduría misteriosa, y desapareciendo.

Pero así, en medio de mi caos interno y externo, podía frenar el tiempo para que el agua cargada de color verde me muestre esas alas que traían textos comprimidos de emoción a los que llamé “paisajes internos”. Sin darme cuenta, jugando, experimentando la puesta en funcionamiento del proceso creativo, había creado un canal que como un puente ofrecía la ruta de la emoción.
Los inesperados caminos de la vida me llevaron a mostrar aquellas acuarelas en un pequeño quincho en la Ciudad de Lázaro Cárdenas en Michoacán, al que conocen como “La Cabaña del Tec”. El sábado 21 de enero nos reunimos allí varios pintores y tres bandas musicales, Los Hijos, Mezcalito y Costa Jazz. El impulsor de esa muestra se llama Patricio Azulita, y cuando fui a consultarle por el espíritu de la actividad me contó que como lazareño se desesperaba de que no haya espacios de arte y cultura en su ciudad natal. Me explicó que pasó de la queja a la propuesta, que en los cultivos orgánicos encontró una clave y lo sintetizó en una frase, dijo “lo orgánico es la protesta que se volvió propuesta”.
Patricio Azulita presentando a Irvingo Solis

La mujer de alas verdes de pronto ocupó un pequeño espacio junto a las obras del profesor y músico Fernando Lugo Hernández, y dialogó con los emblemáticos personajes mexicanos que Irvingo Solis dio vida en enormes lienzos que pronto expondrá en la ciudad de León.
Así fue como mientras la mujer de alas verdes preguntaba por esas creaciones en acrílicos, tinta china, lápiz, aerosoles, crayolas, acuarelas, en sus papeles, lienzos, madera, bastidores; por mi parte conocí a sus autores: Leo Bailon Carrillo, Miner de The Bronk (tatoo-graffiti-aerografía), Alejandro “Creas” de Gacamaya, Ariana Vega Galindo, Víctor Manuel Suarez, Adriana Chávez, el Chino (ChChester Ideas).




Cuando el micrófono giró de forma circular para que presentemos nuestros trabajos, los ojos internos de los asistentes danzaron dentro de los colores en cada pintura. Aquello dicho en forma de imágenes, completó su ciclo hablando también en la identificación de sus observadores.
“Tu opción por la libertad significa hincar el ojo en el ridículo, quemar los viejos mandatos, abrazar este cuerpo y soltarlo en el abismo, entender de una buena vez por todas, que la oportunidad es el instante hormiga que podes convertir en infinito”, dijo la mujer de alas verdes aquella primera noche.
Todos somos artistas, los niños que seguimos siendo lo son, quizá la única tarea sea atrevernos a hincar el ojo en el ridículo, quemar los viejos mandatos, abrazar este cuerpo y soltarlo en el abismo, entender de una buena vez por todas, que la oportunidad es el instante hormiga que podemos convertir en infinito.

25 de enero de 2017. Ciudad de México, o DF como me suena mejor. 

viernes, 20 de enero de 2017

A la Maga que fui o carta para explicarme el zapatismo sin pretensiones periodísticas o de análisis político (crónica zapatista)

Cuando ésta carta te llega desde el futuro, todavía sos una mujercita de ciudad, encerrada en tu departamento cómodo y bello en el barrio de San Telmo, uno de los más turísticos de la Ciudad de Buenos Aires en Argentina. Te veo perfectamente triste tras el cristal del vidrio y sé que mis palabras van a parecerte de ciencia ficción.
"Lento pero avanzo", dice la consigna de los caracoles zapatistas. 6 de enero 2017

Para que comiences a darte una idea donde estoy un año después, es importante que te figures que despierto a las cinco y media de la madrugada en un pueblito llamado “La Realidad”, el cual no entra ni siquiera en tus mejores intentos imaginativos. Cuando nos falta algo para cocinar caminamos alrededor de la cuadra del campamento y compramos en la tienda de abarrotes que tiene uno de los cinco Caracoles, donde funcionan las Juntas de Buen Gobierno. Efectivamente, querida Maga, por un agujerito del espacio hemos llegado a una comunidad Zapatista y es importante que te comparta mi experiencia.
“¿Caracoles zapatistas donde funcionan las Justas de Buen Gobierno?”, preguntas desde tu soledad citadina. Claro que lo que digo te parece inclusive absurdo, porque donde estás ahora cargas con una profunda desilusión por los mecanismos de la política, el sistema democrático, las mezquindades entre seres humanos que se encuentran padeciendo las mismas injusticias. Para vos es “natural” pagar mucho dinero por tu alquiler, los servicios públicos, la comida envasada del supermercado chino, el transporte y vaya uno a saber cómo se podría extender la interminable lista de consumo.  
Voy a tener paciencia para explicar y vos para entender, porque cuando me lees, estás atravesando ese vacío propio del aislamiento y el miedo hacia los otros seres humanos, lamentándote sobre la dicotomía que te abraza con la pregunta sobre ¿individuo o comunidad?. Sabemos las dos, antes y ahora, que el individualismo nunca es una elección feliz, por el contrario vemos en vos ese triunfo del discurso del miedo, experimentamos en tus insomnios la tristeza que gana terreno cuando el amor que solo ofrece la comunidad, te hace falta para no claudicar ante la oscuridad del mundo. La Buenos Aires macrista es un infierno evidente en cada esquina de tu realidad y entiendo esa frustración.
Las mujeres que lavan la ropa durante muchas horas en el río de la Realidad - 7 de enero de 2017

Tengo que contarte sin más rodeos que conocer de cerca la lucha de los zapatistas en el sur de México, comienza a curarnos esa herida profunda del escepticismo. ¿Te imaginas como sonrió nuestro corazón leyendo la consigna que dice “un mundo donde quepan muchos mundos”?. Con el correr del tiempo me gustaría agrupar para vos muchos datos concretos sobre la historia de este pueblo insurgente, pero como te dije al principio, esto no es una nota periodística, ni un ensayo, nota de opinión, reportaje o reseña histórica, es solo una carta para que te animes. Quiero que sepas y confíes, sentada en la mesa de tu comedor, tomando cada sorbo de mate, que efectivamente existen otros mundos, y vos tenes derecho y posibilidad de hermanarte a cada movimiento de liberación, aprendiendo y comunicando.
Para no hacértela más larga, voy a pasar a relatarte de forma desprolija lo que estarás viviendo en un año, cuando decidas que el aislamiento, la soledad y el individualismo, no serán tu tumba en vida mientras puedas seguir luchando por ser más humana.
Cuando llegamos a la Realidad, desde el camión vimos la cosecha de una milpa secándose al sol para las tortillas - 9 de enero 2017
Todo lleva su tiempo, por eso tardarás cuatro meses en llegar a Chiapas, alentada a participar del Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”. La actividad va a realizarse en San Cristóbal de la Casas, la ciudad que fue escenario principal el 1 de enero de 1994, cuando el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomo el Palacio Municipal y declaró la guerra al Estado Mexicano. Por lo que podes leer en internet vas a pensar que fue una respuesta a la declaración de libre comercio que México establecía con Canadá y Estados Unidos, sin embargo la pura lógica te llevará a razonar que los protagonistas de ésta hazaña son indígenas tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles, mames, zoques, que aparecen organizados, cubiertos con pasamontañas y la convicción más fuerte que el miedo a la muerte. “No puede ser un acto espontáneo”, vas a pensar, y vas a estar en lo correcto.
Resulta que ésta historia se puede comenzar a narrar desde el 17 de noviembre de 1983, cuando un grupo de indígenas y mestizos conforman un ejército regular en algún recoveco verde de la Selva Lacandona. Ahora podes darte cuenta que no sólo no fue espontáneo, sino que fue un trabajo constante y sumamente sacrificado de diez años. En esa clandestinidad sostuvieron sus convicciones de forma colectiva, dejando que el motivo de la lucha los consolide en un solo puño que rompa la estructura del tiempo y el escepticismo del “no es posible”.
Si buscas ahora mismo información básica de aquel 1 de enero de 1994, leerás que los enfrentamientos se dieron en San Cristóbal de las Casas, Las Margaritas, Altamirano, Oxchuc, Huixtán, Chanal y Ocosingo. Te recomiendo que veas un documental llamado “Crónica de una Rebelión”, para que puedas imaginar cómo fueron aquellos días en que el ejército mexicano puso a disposición hasta 800 efectivos para acecinar al pueblo zapatista, como fue el caso de Ocosingo.

Una de las personas más conocidas a nivel mundial cuando se habla de zapatismo es el Subcomandante Insurgente Marcos. La memoria te lo trae desde la época del secundario, cuando desde la frescura a los quince años, no era difícil conocer y maravillarse con los luchadores de nuestra amplia Latinoamérica que abarcaba sin cuestionamiento también las luchas en Centroamérica.
Sobre ésta figura relevante y visible del zapatismo necesito decirte algo importante: por favor desestima tu reflejo de entender los procesos sociales y políticos desde los personalismos. Voy a contarte algunas cosas sobre este hombre al que algunos compas llaman “el cara de trapo”, pero necesito que comprendas que él solamente ocupa un rol dentro de su colectivo, si hay algo para admirar es la coherencia con la que viste el mismo pasamontañas negro, mezclándose siempre entre los otros zapatistas que hacen de ésta lucha una realidad con más de veinte años.
No quiero confundirte, pero Marcos era solo su nombre de guerra, y la misma persona ahora se hace llamar Sub Galeano (desde el 26 de mayo del 2014), en homenaje al compa Galeano que fue asesinado en “La Realidad”, sí, en éste pueblo desde donde te dedico las líneas que viajan en el tiempo.
El día comienza antes de que salga el sol, los despertadores más hermosos del mundo son los gallos silvestres de la Realidad 

De aquí en más vamos a nombrarlo con su nombre actual. El Sub Galeano, además de ser un hombre íntegro en su causa, es un excelente escritor y gran comunicador. Por éstos días vas a entusiasmarte al descubrir cómo una palabra simple y desde el corazón se convierte en una herramienta más para la lucha. Hay muchos fragmentos que me gustaría compartirte, pero elijo ilustrarte aquel primer contacto con los distintos pueblos chiapanecos.
“Nosotros estábamos aprendiendo y, me imagino, esa sociedad civil también. Nosotros aprendíamos a escuchar y a hablar, al igual, imagino, que la sociedad civil. También imagino que el aprendizaje fue menos arduo para nosotros. Después de todo, ése había sido el origen fundamental del EZLN: un grupo de "iluminados" que llega desde la ciudad para "liberar" a los explotados y que se encuentra con que, más que "iluminados", confrontados con la realidad de las comunidades indígenas, parecíamos focos fundidos. ¿Cuánto tiempo tardamos en darnos cuenta de que teníamos que aprender a escuchar y, después, a hablar? No estoy seguro, han pasado ya no pocas lunas, pero yo calculo unos dos años al menos. Es decir, lo que en 1984 era una guerrilla revolucionaria de corte clásico (levantamiento armado de las masas, toma del poder, instauración del socialismo desde arriba, muchas estatuas y nombres de héroes y mártires por doquier, purgas, etcétera, en fin, un mundo perfecto), para 1986 ya era un grupo armado, abrumadoramente indígena, escuchando con atención y balbuceando apenas sus primeras palabras con un nuevo maestro: los pueblos indios”. (Fragmento extraído de “Chiapas: La treceava estela”, del SubGaleano).
“La treceava estela” es el documento del EZLN donde se explica el pasaje de los “Aguascalientes” a los “Caracoles”, dos de las formas que han encontrado los zapatistas para organizarse de forma autónoma, local y horizontal. Cuando se hace ese pasaje de una forma a otra, se da nacimiento a las llamadas “Juntas de Buen Gobierno”. Los zapatistas llaman al aparato Estatal “El Mal Gobierno”, y su postura frente a las migajas que el sistema descarte sobre las comunidades pobres, merecen la respuesta de su dignidad y su reclamo en las necesidades de fondo que hay en cada caso.
Vimos a los niños llegar a clase - 10 de enero de 2017

Necesito contarte que antes de escribir estas líneas he dado muchos giros sobre el “cómo” transmitirte las experiencias que estoy viviendo y los aprendizajes que me llegan en múltiples formas. Esto se entiende si consideras que todo aquello que conoces desde la cosmovisión citadina de las posibilidades de construcción política, aquí no caben, no coinciden y simplemente son otras distintas.
Tampoco es mi intención contarte aquí toda la historia del EZLN, sin embargo permitime que te recomiende el libro de Gloria Muñoz Ramírez, “20 y 10 El Fuego y la Palabra”. “Una mujer de profesión periodista acabó, no sin dificultades, por brincar el complicado y espeso muro del escepticismo zapatista y se quedó a vivir en las comunidades indígenas rebeldes. Desde entonces compartió con los compañeros el sueño y el desvelo, las alegrías y las tristezas, los alimentos y sus ausencias, las persecuciones y los reposos, las muertes y las vidas. El nombre de esta persona es Gloria Muñoz Ramírez”, escribe el SubGaleano en el prólogo del libro. En mi opinión, éste es un libro de historia zapatista que demuestra la posibilidad que tenemos los periodistas para ser fieles al oficio de ser canales entre las historias de nuestros pueblos y los otros mundos que buscarán conocer las otras realidades.
Entre los textos fundamentales para comenzar a conocer la historia del zapatismo, están las llamadas “Declaraciones de la Selva Lacandona”, que son seis posicionamientos políticos expuestos en distintos momentos de la lucha. En la 6ta Declaración, se brinda un sendero construido de preguntas: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿cómo vemos el mundo?, ¿cómo vemos el país?, ¿Qué queremos hacer?, ¿cómo le vamos a hacer?.
Esa última pregunta, querida Maga, tan simple y penetrante, “¿cómo le vamos a hacer?”, es una invitación directa a integrar la comunidad nuevamente, a soñar junto a otros el mundo que queremos construir para los de abajo. Y como dicen en México, “que te valga madre el piche mal gobierno”, porque si algo es evidente en la historia de nuestros pueblos, es que igual que la semilla del árbol más gigante, siempre comenzamos desde abajo, en la raíz, sí, como el nombre del proyecto de comunicación que apenas imaginas, desde la Tierra Natal.
Estos días en el campamento de “la Realidad” están siendo fundamentales para sentir al pueblo zapatista desde su cotidianidad. Llegaste aquí en compañía de tres personas más, en calidad de Brigadista Civil de Observación, con la misión de colaborar a través del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas. En otra carta te contaré más sobre el trabajo del llamado “Frayba”, pero no quiero dejar afuera de éstas líneas por lo menos unas pinceladas más sobre la experiencia.
Como te dije, desde aquí escribo éste diario desprolijo entre lecturas, momentos para pintar las acuarelas, charlas con los otros brigadistas, comidas compartidas y lecturas grupales. Cada tarde tenemos la dicha de hablar con un compa zapatista que nos explica distintas cosas sobre la vida en el pueblo, su amor por tocar la marimba (instrumento musical), el trabajo en la milpa y en el cafetal, sus ruegos de lluvia para que la cosecha prospere, la forma en la que educa a sus hijos para valorar el trabajo que les da el alimento, la tarea con la comunidad y así.
Aquí cocinamos a leña, vamos al baño ecológico que hay en el fondo, dormimos en hamacas, nos bañamos con jabón blanco y shampoo en el río igual que los, las zapatistas y observamos durante todo el día a las mujeres que en el mismo río lavan pila de ropas a mano. Justo cruzando el pequeño arrollo está la escuela y la clínica que se construyeron en homenaje a Galeano, ya que cuando lo mataron a sangre fría, estaba trabajando para construir justamente esos dos espacios para el pueblo.
Para llegar a la Realidad, que no son más que cinco cuadras por cinco cuadras, hay que cruzar un buen pedazo de selva y da la sensación que aparecer en medio de un vallecito. En este paisaje rodeado de cerros verdes, llegan una tarde al río un grupo de niños que tienen entre tres y cinco años, se quitan la ropa y entran al río para bañarse solos. Ríen a carcajadas, juegan, se salpican agua, se tallan la cabeza con jabón, giran riendo todavía más, la niña que tendrá siete u ocho años los alienta a terminar el baño y vemos como cada uno, sin ayuda adulta vuelven a vestirse recostados contra los árboles. En pocos instantes ese momento se diluye y los vemos caminar por una callecita rumbo a sus hogares.
Niños autónomos se bañan en las aguas de su Realidad Natal - 8 de enero 2017

En mi diario de campamento escribo: “El sol de la tarde abraza “La Realidad”. La madre perra, aunque flaca hasta el esqueleto, deja que sus cuatro crías tomen de su leche. El río habla su eterno recitado. Las formas del futuro son estas, todas y cada una de las pequeñas escenas que se construyen en un presente mágico, libertario y siempre en lucha.
Aparece la palabra profunda, la inocencia que evoca la sienta y el verano de la niñez, por un momento el mundo parece en paz, hay algo en el aire que gana la batalla a todo sistema perverso de explotación, vence esta tarde el amor y los imperios aúllan la desgracia de su ocaso. Ningún niño más verá la deformación del ego en las personas, fuese posible crear este día para siempre, este presente como un cristal precioso, imperturbable, que sostiene a los niños sanos jugando desnudos en el río que cruza por nuestro hogar de transición. Aquí donde todo pasa por solo un instante, puede sentirse el sonido y el aroma de una eternidad sin oscuridad, sin dolor, sin heridas”.
Maga, desde una mirada blindada de metrópolis no podrás ampliar el conocimiento que todas las personas necesitamos sobre el mundo en el que vivimos. Los medios masivos de comunicación en estas épocas (la tuya antes y la mía ahora), ganan a diario en su tarea de deprimirnos, acobardarnos y aislarnos, por eso lo revolucionario sigue siendo unirse a otros, de acuerdo a cada historia y contexto. Una vez más preguntándonos ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿cómo vemos el mundo?, ¿cómo vemos el país?, ¿Qué queremos hacer?, ¿cómo le vamos a hacer?.

¿Cómo le vamos a hacer?, te escribo desde un 2017 que recién da sus primeros pasos. ¿Cómo le vamos a hacer para construir un mundo donde quepan muchos mundos?. Necesitaré contarte otras cosas sobre los aprendizajes para que te animes a dejar atrás la idea fatalista de que todo está perdido, vivimos un día, la vida es tan breve, mis líneas solamente ansían abrazarte en ésta corta distancia de tiempo para que te aventures a seguir la lucha del corazón, inquebrantable, de abajo y siempre libertaria. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

La sabia roja corre en las venas de Chamula (crónica de viaje)

Nubes sobre el cementerio. El humo que se mezcla con las nubes, mientras las ovejas arrancan el pasto seco con los dientes grises. Nubes que se enredan con un sol opaco. Las súplicas indias que ocupan los canales de comunicación del sincretismo, abren la garganta del dolor que no tiene religión, ni reglas, ni consuelo terrenal.

San Juan Chamula (a 10 km de San Cristóbal de las Casas, Chiapas). 28 de diciembre de 2016. Hace frío pero hay sol y decenas de puestos frente a la iglesia. Cruzamos el pesado marco de madera y las almas sin cuerpo nos espían las tripas.
El piso de la iglesia está cubierto de pasto de pino, hay un murmullo irrespetuoso de los visitantes y una súplica húmeda que sale de los habitantes originarios del lugar. No se puede tomar fotos, está completamente prohibido, pero las imágenes se guardan cuadro a cuadro en la piel, es inevitable, no hay forma de taparse los ojos del espíritu allí.

Del techo altísimo cuelgan telas y ramos de flores que se secan con los pétalos hacia abajo. Huele a velorio, las paredes laterales tienen muebles antiguos colocados uno junto al otro. Las puertas de vidrio permiten ver las imágenes enormes de los santos construidos con cerámica, cubiertos de trajes pesados, la piel pintada de un color tan pálida que podría representar el ahogo. Los ojos ojerosos de cada estatua pegan alaridos aunque sean las tres de la tarde, y del cuello cuelgan los espejos enormes que reflejan a los vivos.




Nuevamente, ¿podrás ver todo el suelo cubierto de pasto de pino?, los muebles con puertas de vidrio que sostienen a las imágenes como si fueran seres humanos disecados, y frente a esas cajas que los separan como en jaulas, grandes escritorios antiguos cubiertos por completo de velas.
En el otro extremo del salón el altar principal tiene más velas, más imágenes, y encima cuelgan guirnaldas de globos que se desinflan lentamente con el paso del tiempo, adornados con lucecitas que funcionan tocando una y otra vez la melodía de navidad.






Frente a los santos, los nativos de Chamula colocan velas en el suelo y rezan en su lengua. Puedo mirar la espalda de una mujer de cuclillas, con sus largas trenzas atadas en la punta, ladeándose frente a la figura sublime de una Guadalupe rodeada de los chillones focos azules.
Se agranda el universo. Se estira como si fuera posible nacer dos veces en una misma experiencia humana. El telón del mundo va a contraerse una vez más, están los cantos internos pidiendo clemencia divina, ya que en definitiva los mares nos cubrirán a todos.
Me dan ganas de vomitar, la fuerza de la tierra va a tragarse mis pies. La oscuridad abraza más fuerte que el amor y hay que correr colina abajo, hasta el cementerio. Allí los cuerpos se funden con una tierra que parece haber sido presa del fuego.

Estoy lejos. Estamos lejos. Las calles llevan a los hogares fantasmas y mientras los niños procuran vender artesanías al valor de monedas, toda la sangre de la conquista sigue fresca para manchar el olvido. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

“Queremos un mundo donde quepan muchos mundos”, EZLN (crónica zapatista)

“Otro mundo es posible”, dice el bordado de una pequeña tela en forma de mantel. Está junto a las otras artesanías zapatistas, en uno de los puestos dentro del Centro Indígena de Capacitación de Capacitación Integral (Cideci)-Unitierra, Chiapas. Este 25 de diciembre, el día de navidad, nos inscribimos al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”.
25 de Diciembre de 2016. Acreditación al Encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”
Asistirán 200 mujeres, hombres, niños y ancianos, bases zapatistas que hablan las lenguas Tzeltal, Tzotzil, Tojolabal, Chol, Zoque, Mame y mestizo.  Ellos podrán hacer consultas a los más de 90 científicos que fueron convocados para formar parte de las sesiones generales, charlas de divulgación y talleres.

En la 6ta Declaración de la Selva Lacandona, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), propone generar en el ámbito internacional, “más relaciones de respeto y apoyos mutuos con personas y organizaciones que resisten y luchan contra el neoliberalismo”. Éste, es el primer Congreso que se hace de puertas abiertas al mundo, motivo por el cual muchos extranjeros participaremos en calidad de escuchas.

En medio de los cerros chiapanecos, treinta y tres pueblos indígenas se unirán en el diálogo y aprendizaje para crear nuevas bases de trabajo conjunto. Otro mundo es posible, y es desde la raíz que comienza la transformación. 

“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.
Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias”, se lee en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

sábado, 3 de diciembre de 2016

El mundo desde "La Cafecita" (crónica de viaje)


“Conocerse, saberse, presentirse, observarse, esperarse, necesitarse, verse, revisarse, temerse, enfrentarse, quererse, ganarse, volverse, transformarse, perderse, amigarse, olvidarse, recordarse, sanarse, Obsequiarse, mimarse, alentarse, escucharse, hablarse, mentirse, sincerarse, sentirse, cantarse, dibujarse, olerse, rechazarse, viajarse, quedarse, volarse, entretenerse, soñarse, evolucionarse, revolucionarse, florecer, cultivarse, brindarse, animarse, aventurarse, intuirse, gruñirse, lamerse, lastimarse, atacarse, defenderse, encontrarse, cerrarse, involucrarse, abrirse, liberarse”, escribo en mi libretita de trapo, una mañana sentada en “La Cafecita”, la cafetería que atiendo durante un mes, en una universidad de México.

La cosa evidentemente es con una misma. No está fuera la solución, la solución siempre está adentro nuestro. Por eso es importante identificar todo que nos hacemos sentir. Eso pienso, y fuera de “La Cafecita”, los jóvenes y las muchachas del “Tecnológico de Lázaro Cárdenas” van y vienen entre clase y clase. La propuesta de atender una cafetería dentro de una Universidad, me pareció encantadora así que ya voy tres semanas.
Por primera vez desde que llegué a México, tuve una rutina, una responsabilidad, un trabajo que hacer. Después de las aventuras con el artesano y la bruja, los cientos de viajes éste año, las idas y vueltas con el amor pagano, las incontables capas de estructura que se movieron adentro, me dispuse a frenar. Despertarme muy temprano, hacerme café con leche y dos tostadas de queso y miel, buscar hielo, abrir “La Cafecita”, es mi aventura cotidiana.
Cuando me describieron el trabajo me imagine en medio de la nada, con dos conservadoras (acá le dicen hieleras), una mesita de plástico y vendiendo galletitas y papas fritas (acá le dicen galletas y Sabritas). La noche que vi por primera vez “La Cafecita” llovía. No iba a estar a la intemperie pero justo falta uno de los techos así que vi cómo se mojaba una parte de la estructura cilíndrica donde iba a pasar un mes, y no me importó.

Todos los días llego con seis bolsas de hielo para enfriar las bebidas y armo el espacio circular, que luego va rotando para salvar los alimentos del sol. Pongo los mismos discos que tengo en el celular y leo “Relatos de Poder”, de Carlos Castaneda, mientras vendo. Se supone que acá estamos en invierno, y eso solamente hace que las mañanas tengan un clima primaveral, que para el mediodía arde nuevamente en el verano eterno que se vive en éste rincón del mundo, a orillas del Pacífico.

La quietud de la mañana es deliciosa, corre una brisita y el mundo parece en paz. Mi cabeza está en paz. Porque el año se está terminando y mi escenario anterior se diluyó, entonces soy consciente de que de pronto, aparezco sentada en un banco de barra, vendiendo galletitas, dentro de una Universidad donde se forman los futuros ingenieros, lejos de toda contractura citadina.
“¿Eres argentina?”, “¿de dónde eres muchacha?”, “no eres de aquí ¿verdad?”, me dicen una y otra vez en la ventanita por donde observo su universo. “Sí, soy de Argentina”.

Me gusta mucho observar los rasgos de los rostros mexicanos. Las muchachas tienen labios gruesos y ojos negros. La mayoría llevan mucho maquillaje y colores oscuros de labial que jamás me hubiera animado a usar.
Los varones flacos, rellenitos, altos, bajitos (chaparritos), con el cabello negro, las pestañas gruesas, los ojos brillantes, llegan tímidos, osados, curiosos, charlatanes, serios, risueños, jóvenes. Todos me dan la impresión de ser realmente inocentes.
También llegan los trabajadores de la obra en construcción que hay justo al lado de la Cafecita, tienen la piel curtida por el trabajo de albañil, la mirada milenaria, la cabeza cubierta por algún sombrero grueso, y la apariencia de agotamiento y sed que produce el sol después de las doce.
Los vigilantes, los docentes, la mujer de la biblioteca que siempre me pide un vaso con hielo, se paran frente a mi pequeña ventanita y de a poco nos vamos conociendo.

Después de una mala actitud que tuvo el muchacho que vende tacos de canasta a un lado mío, ya no le hablo. Aprendí a respetar en un 99, 9 porciento mis sensaciones respecto de las personas y eso me da tranquilidad.
Así que me paso las horas leyendo, escribiendo en mi libretita de trapo, tratando de no pensar, descansando de todas las veces que me tocó armar y desarmar la mochila, buscando explicaciones para esas cosas que todavía me cuestan aceptar, dándome cuenta de que efectivamente cambié en ciento ochenta grados mi historia.

Cuando le dije a la muchacha de rulos que iba a armar una pequeña exposición de mis acuarelas dentro de la Cafecita, ella se rió y nos imaginamos una secuencia en la que alguien se acerca y dice “¿tú los pintas?, ha!, qué interesante!. ¿Me vendes un sandwich?”. Y tal cual así ocurre, lo cual me parece todavía más divertido.
Me animé a colgar una cuerda sobre las Sabritas, como si fuera un tendal de ropa, y con los mismos broches de la casa expuse a la mujer de alas verdes para que me haga compañía. “¿Por qué está desnuda?”, me preguntó hace poco uno de los muchachos. “Así es el personaje”, respondí de forma poco convincente.

La mujer de alas verdes está desnuda porque es libre y está en perfecta salud. Desde los once años padezco una enfermedad psicosomática llamada psoriasis, que funciona como un catalizador de las cosas que me angustian y no conseguí expresar. Cuando era niña comencé a escribir como una forma de sacar de adentro ese dolor y cada vez estoy más convencida de que la palabra también puede sanar.
En pocas oportunidades vi mi cuerpo desnudo completamente libre de psoriasis, aún ahora que ya conozco más mis procesos, suele aparecer alguna pequeña lesión. Cuando la acuarela da vida a ese pequeño cuerpito desnudo, creo una piel libre de dolor, y en cada paisaje interno procuro explicarme el fenómeno de la vida.
Todas las máscaras que voy dejando en el camino me permiten estar un pasito más cerca de saber quién soy, que quiero, a dónde voy. Entonces sentada en la paz de la mañana lazareña, simplemente respiro mi presente mientras el año comienza a cerrar el telón. Por un mes soy una muchacha de pueblo que atiende una cafetería en una Universidad. Todo lo que fui, todo lo que seré, solo es obra de mi imaginación.


La vida es una aventura siempre cotidiana, nuestro desafío es abrazar la belleza de lo simple y recordar que el amor que compartimos, es la riqueza más importante a la que podemos aspirar. 

viernes, 28 de octubre de 2016

La fruta prohibida de la Bruja (crónica de viaje)

ADVERTENCIA: Todo lo que leas en las próximas líneas es completamente verdad, y sobre todo completamente mentira. Pero cuando termines el texto, vas a entender que da igual la precisión de los datos.

“Él viaja entre las dimensiones”, me dijo la perturbada mujer con más de cinco atados de diez por edad, esa señora que podría ser tu vecina loca, la que come gatos. Yo no sabía que él viajaba entre las dimensiones y tampoco, que esa mujer gastada por la oscuridad, lo tenía completamente dominado.
Él era un joven pájaro blanco, aleteando dentro de una enorme jaula. Lo que quiero que entiendas es que vi como una mujer que podría ser la madre de los dos, deseaba como un animal a ese artesano que súbitamente se enamoró de mí.
¿Importan mis sentimientos?, cláro, porque soy mi propia Alicia en el País de las Maravillas. Yo estaba fascinada con mi descubrimiento, sintiéndome libre de mostrarme sin piedad. Entonces los ojos del artesano brillaban tanto que veía como se escapaba un bellísimo arcoíris. Ese arcoíris caía justo en la plaza central de un pueblo mágico. Ese es el escenario.
En el pequeño pueblo, el artesano ya era conocido por toda la feria, su ojo caleidoscópico combinaba las artes. Para mí fue imperceptible la forma de encantamiento, pero tengo que admitir que una extraña energía me atrapó el pecho, eso se ve claramente en la distancia.
Pero en ese momento solo me dejé arrastrar. ¿Sabes porque me pasan éstas cosas?, porque tengo una curiosidad que me quema viva. Lo seguí pero cuidando mi lugar, y por eso me negué a conocer a la Bruja inmediatamente. A cambio conseguí estar a solas un día más con el majestuoso pájaro de montaña.
Quiero que te figures una mujer excitada igual que cuando tenía 15 años, con un muchacho débil que cayó en su puerta a los veinte, con un tarro en la mano, pidiendo agua. El todavía niño, cruzó la puerta y la mujer llenó el tarro con agua y tres gotas de su sangre, entonces el artesano desprovisto se vio capturado por una complaciente dueña, que lo consentía hasta hacerlo engordar.
Vos sabes bien que estoy viajando, aunque no sepamos a dónde, es natural que haya salido del pueblo y vuelto varios días después. Por eso una vez frente al mar una sombra oscura se posó cerca y yo tuve el presentimiento exacto del peligro. Algo del artesano y su furiosa manera de demostrarme su afecto movían sentimientos encontrados desde el primer momento. Pero vos lo sabes perfectamente, en mi tierra las brujas son diferentes y yo, que además soy maga, sé bastante poco sobre brujería.
La cosa es que el artesano le habló de mí, la mujer prendió una vela negra y rezó tres veces por día como hace siempre. Su energía sexual atrofiada por los años de pedofilia no desarrollada, buscó mi cuerpo levitando en el mar. Si supieras lo ajena que estaba de ésta situación, comprenderías porque la envidia impactó justo en el cristal de mi lente y me puso en alerta.
Volví al sitio donde conocí al niño que atrapó la vieja y después de conocerlo un poco más acepté el desafío de encontrarme con su tirana.
Una casa inmensa llena de santos, de imágenes religiosas, de ideas densas sobre un Dios perturbado. Ella me miró de arriba abajo, seguramente ningún hombre deseo jamás mi cuerpo como la crispada señora de curvas prominentes y dientes de fantasía. Me senté en su living y le conté mis verdades frente al hombrecito que se fue quedando sin colores durante nuestra charla.
La mujer me alimentó durante un día entero. Nota mental: nunca comas nada en territorio de brujas. Pero mi cuerpo ya es fuerte y me descompuse brutalmente, pero así mismo me cure desde la meditación. En el cuarto de arriba estuve a solas con el artesano varias horas, intentando comprender que parte de esta historia me traía tanto rechazo. En la planta baja, la mujer enloquecida de celos caminó como una rata atrapada, mirando por la ventana de vez en cuando para ver a la gata que no alimenta hace más de dos semanas.
Cuando volvimos a encontrarnos en la planta baja me ofreció un té para curar mi vientre y rezongó a regañadientes sabiendo que ella y el artesano jamás podrían concretar aquel momento a solas.
Tomé el té, me observé el cuerpo y vi como la vieja consentía al muchacho igual que lo haría una mujer con su maridito.
Cuando el muchacho tuvo que irse me quedé a solas con la bruja. La putrefacta sonrisa falsa se transformó en un hueco oscuro en su rostro. “Somos almas gemelas”, me dijo la herida mujer sin menstruación. Entonces la charla se hizo un poco más sincera y pude ver claramente su desesperación ante la posibilidad de perder al cachorro que ella misma rescato. Tuve muy en claro como terminaba esta historia, entendí como había sido antes para otras mujeres jóvenes que el artesano quiso conquistar, y lamentablemente descubrí cual será el destino de las que vendrán.
Aquella noche hui a tiempo, salí de aquel lugar con la presión muy baja y las defensas por el suelo, todavía con un profundo malestar en el estómago. Miré a la vieja de frente y le dije “gracias”, y de su mano colgué una hermosa flor llena de corales que aceptó a regañadientes. Unas horas después, en el hogar de una amiga, volví a recuperar el color en la piel.
El artesano me llamó unos días después. Tenía la voz quebrada y el alma atada con alambres de púa. Repetía como un loco algo sobre la religión católica, justificaba de forma extraña la crucifixión y yo le pedí que frene. Cuando la línea telefónica  volvió a estar en silencio, también le agradecí a él y le explique que yo no peleo con espectros de ese tamaño. Que el único que puede lograr su libertad es el mismo. Y no se lo dije, pero le pedí que si conserva aquella relación retorcida con esa señora, libre a cualquier otra mujer de participar de semejante triada.
“Todos tenemos luz y oscuridad”, dijo la señora desde el inframundo. Unos días después pude entender que si me salvé no fue por mi brillantez, sino justamente, porque mi propia oscuridad reaccionó ante su infierno.

Decidí nombrar a éste texto como una crónica de viaje porque es eso. La posibilidad de contar ésta historia crea un círculo de protección para mí y para todos los que amo. El artesano seguirá siendo su esclavo hasta que despierte en esta u otra vida, a él lamentablemente lo tuve que dejar afuera. Somos libres y esa fue su decisión. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

El día del conejo (crónica de viaje)

No existe “la verdad”, por eso estar viva es una experiencia pasajera, en la que puedo manifestarme de muchas formas para aprender.
Despertar en Mazunte

¿Aprender qué?.
Aprender que el tiempo es un parámetro, que a veces funciona como dos rueditas adicionales en la bicicleta, sostenerse en la gravedad parece al principio un acto de brujería. Entonces las pequeñas rueditas que nos sostienen a los lados, nos regalan la sensación de conducir algo más que nuestros propios pies.
Ese tiempo-rueditas nos representa el orden de las cosas, la seguridad en el desplazamiento al futuro, la certeza de “saber cómo sigue” la secuencia de nuestros días. Sin embargo llega un tiempo de giro en el relato, entonces la vereda de la infancia donde damos vueltas en círculos, un día es un camino tan inmenso como el océano y la bicicleta hay que subirla a la cuerda floja. Puedo detenerme, caer o seguir. Haga lo que haga, viva donde viva, me conecte o me desconecte de las cosas, esa trilogía se carga en mis pies sobre los pedales.
Cuando le quito las rueditas de contención, el tiempo sin paracaídas me arroja al mundo en caída libre. Desde ese momento mis rutas son las que me muestra la percepción. Lázaro Cárdenas, Pátzcuaro, Isla de Janitzio, Tzintzuntzan, Erongarícuaro, Oaxaca, Hierve el Agua, Mazunte y mañana San José del Pacífico, son los laberintos que se adhieren a mi piel.  
El mar está vivo, conectado por todas sus aguas siempre es el mismo mar, el tiempo está vivo, conectado por sus milésimas de segundos es el mismo tiempo, yo estoy viva, conectada a todas las historias, soy la misma vida.
Me abrazo a la experiencia rústica. Duermo en una colchoneta sobre la tabla de la habitación que tiene sólo un par de paredes de bambú y una vista al monte que rodea la playa de Mazunte. Cuando despierto adentro del mosquitero veo las ardillas trepando las ramas y siento el crujir de la naturaleza.
El baño a cielo abierto, el locker donde guardo la mochila de 80 litros, el cepillo de dientes y la pasta en el bolsillo de la mochila de mano, el espejo comunitario, la salida directa al mar con el que juego todos los días. Las picaduras de mosquito, ¿también de araña?, nunca se sabe, la herida de la rodilla que cicatriza a su tiempo desde el revolcón de aquella ola, la piel curtida por un sol constante que no da espacio a la lluvia. El cangrejo Mazunte que me espía a la noche y los días de vagar con la banda de amigos improvisada que construimos, de tanto estar contemplando la vida desde la orilla.
Una vez con la muchacha de rulos, reímos pensando que nuestras referencias de los días son surrealistas. “Eso fue el día del conejo. ¿No te conté?, la otra noche por fin vi al conejo blanco, corrí a buscar la cámara y estaba tan oscuro que le disparé con flash y la foto es malísima, pero bueno. ¿En qué estaba?, ah sí, bueno fue el día del conejo”, le dije. “¿Te diste cuenta?, ya no sabemos ni qué día es hoy, sólo nos acordamos por referencias como esa, el día que viste al conejo”, observó y nos reímos de placer.
Naufragar un tiempo sin rueditas, concluido por el momento el ciclo introspectivo, conociendo los idiomas que hablan las corrientes del mar, recordando a diario que cuanto menos cargo más llena me siento, entrenándome para la tarea que me toca, ofreciéndome inclusive el espacio de juego, soy por fin una partícula más de arena. ´
Mi método ahora es destejer los ritmos que traigo de la ciudad, respirando profundo la adrenalina que me da éste tiempo sin rueditas de contención, confiándome como un obsequio que brindo a la humanidad, para que hagan de mí un canal de comunicación, un puente invisible de aproximación para todos éstos mundos que somos.
Me toca primero soportar la presión de una ansiedad a la que no llega ninguna respuesta, y ceder después un cuerpo desnudo al mar, que como no me traga por éstos miedo, me devuelve a la orilla por la curiosidad que me enamora de un tiempo asimétrico.


12 de Octubre de 2016. Mazunte, Oaxaca, México. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Pátzcuaro Introspectivo (crónicas de viaje)

Caminé por Pátzcuaro, como quien camina sobre la luna más plateada. Tengo que contarte algo, pero necesito que me ayudes con la imaginación, por favor transformá estas palabras en imágenes porque quiero mostrártelo.
Camino a Janitzio

La Plaza Vasco de Quiroga es, junto a la de Gertrudis Boca Negra, una de las plazas importantes del pequeño pueblo michoacano. Allí, caminando por sus escalones de piedras, entre sus jardines verdes, hay parlantes imperceptibles, por donde se llena el paisaje de música ambiente.

Habitación 20, 21, 39, 12 y 13. Todos los días un cuarto diferente.
El primer cuarto me deprimió profundamente, fue la tarde que llegué. El cielo se cubrió de gris y comenzó a llover a los pocos minutos de bajarme del segundo colectivo. Lázaro Cárdenas hasta Uruapan y desde Uruapan hasta aquí, Pátzcuaro.
¿Viste lo que dicen del universo?, que hay que aprender a aceptar sus giros. Cuando llegué al hostal donde plenee quedarme, no había lugar. El hombre de la casona oscura era bastante desagradable y cuando me abrió la puerta bajo la tormenta, me dijo, “en un espacio para 15 están durmiendo 30 chicos de la universidad, no tengo espacio”.
Así que la primera noche llueve, no hay hostal, estoy en un hotelucho deprimente y no tengo nada para hacer en esta vida, ¿qué carajo estoy haciendo?. Así que mire muchos documentales para turistas que visitan Pátzcuaro y me dormí sin cenar.
La muchacha de rulos, la amiga de mi amigo rubio que ahora también es mi amiga, me dijo algo sobre enfrentar el vacío.
Enfrentar-el-vacío. Permitirme que me invada el pánico, la desolación, la pérdida profunda de sentido, aun sabiendo que por acá es mi camino. Miedo. Sí, ese miedo inevitable que genera entregarse por ejemplo, a un nuevo país.
Pátzcuaro me tuvo la paciencia que necesitaba. Sus plazas con música ambiente, sus calles y casas coloniales que me conectaron con los pueblos del norte argentino, o bien mi barrio en la ciudad, San Telmo.
Aceptar los hoteles, todas las noches un cuarto distinto. No hay lugares debido a una fiesta sobre la muerte aquí cerca. Cargar la mochila para comprender que necesito llevar menos equipaje, porque efectivamente necesito muy poco.
Eso de “perderse para encontrarse”. No sé. Pero camine por Pátzcuaro en silencio, escribiendo como a soplidos en mi cuadernito experimental. Aceptar que llueva a cántaros y volver a mirar la tele o dormir la siesta.
Caminé sola por las noches, cuando la lluvia paraba un poco. Vi a un grupo de jóvenes tocar sus tambores y trompetas en la plaza, comí un choclo con picante, mire una película de domingo aunque era jueves a la noche.
Recorrí algunas cuadras laterales y me encontré con la enorme Basílica de la Madre de la Salud. Entre justo cuando celebraban una misa y me senté bien atrás. Isabel me dijo que las iglesias cuentan mucho sobre la historia de un lugar, así que observé.
Al tercer día junte coraje para salirme de Pátzcuaro. Me tomé una camionetita, que en Argentina sería un colectivo urbano, y llegué a la Isla de Janitzio. El debate interno sobre eso de ser viajera y no turista, sintiendo cansado el corazón de tanto sentir, entregando algo de mí al lago, para que lo transforme.
Días de silencio. “Quiero entregarme al vacío”, me decía, entonces dejé que la ausencia de la expresión a partir de las palabras, me permita respirar. A veces eso que nos da energía, también nos la quita. Eso ocurre cuando jugamos bajo la presión innecesaria que nosotros mismos nos obligamos a sentir.
Ahora por ejemplo, escribo, porque ya estoy lista para volver a disfrutarlo.
Una noche de esas en que llovió, quizá fue el día en que volví de Janitzio, salí por un café. Me detuve primero en la galería de arte “La Cabrona” y cuando me disponía a volver al hotel, me encontré con el Espacio Cultural “La Jacaranda”.
En el segundo lugar conocí a Kitzia González Simón, una excelente pintora oriunda de Pátzcuaro, que volvió después de varios años vivir en Morelia, para crear “La Jacaranda”. En Argentina a ese árbol lo llamamos “el Jacarandá”. Esa noche tomando un chocolate, la entrevisté sobre su trabajo como artista. En unos días compartiré aquella charla.
Ayer conocí Tzintzuntzan, que en la lengua purépecha significa “lugar de colibríes”. Allí están las Yácatas, cinco pirámides arqueológicas que fueron templos del pueblo Purépecha antes de la llegada de los españoles. También escuché relatos históricos en el museo que se encuentra frente a la inmensa plaza del pueblo.
A la noche volví a La Jacaranda. Kitzia me había dicho que el sábado tocaba una banda que hacía una fusión entre el castellano, el inglés y la lengua purépecha. Así en el mismo día sentí la sangre ancestral y la sangre joven de éste pueblo.


Cuando empecé a escribir estas líneas, todavía no sabía que mañana me voy a Oaxaca con Ireri. Pátzcuaro ha sido efectivamente la puerta a la luna. Eso me gusta de éste viaje que es la vida, su misterioso desarrollo, me regala sus páginas de intensidad. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Dos Horas (Crónicas de viaje)

Cuando llegué a México, mi reloj retrocedió dos horas. Mis círculos se sobregiraron y miré por la ventanilla del avión que me dejó en Zihuatanejo, a pocas horas de mi destino en Lázaro Cárdenas. Acá vive mi amigo rubio con su amiga de rulos, en una bella casita de pueblo.
Foto automática en el Océano Pacífico, en Lázaro Cárdenas,

No sé en qué dimensión me instalé desde entonces. Pero día a día la compañía maravillosa de la muchacha de rulos, que me recibió con el amor de una madre y la valentía ante la vida de mi amigo rubio; me sostuvieron para que finalmente me anime, y éste día, llegue al mar.
Dejé todo. La comodidad de mi angustiante trabajo para un gobierno que lastima a mi pueblo, el departamento que amaba en San Telmo. Un amor imposible. Todos mis libros encerrados en cajas, en la casa de Francisco, el padre italiano de Isa, una amiga que antes de amiga, fue suegra.
Viví el último mes con Itatí y su familia en Quilmes, mientras trabajamos para contar la historia de sus padres. Viví con R, mi amigo marplatense que vivió diez años en España. Y viví con mi familia, recorriendo los laberintos que implica, que una decida dejarlo todo y echarse a volar.
Viví, conviví, y seguí pintando acuarelas para Tierra Natal, esta dimensión paralela que me regalo para hacer catarsis sobre el fuego que me desata el amor por la vida.

Las acuarelas son mis remos a la imaginación, mi espacio de juego, mi cuota del arte natural que despide mi alma. Si pude afrontar cada pedacito de éste camino que me trajo a Michoacán, también debo agradecerme este espacio de exploración, a carne viva que hago ante los demás en ofrenda.
La foto  
Allí se ve perfectamente a la mujer de alas verdes. Está en la foto de manera mágica. Porque yo llegue al mar tímidamente, pero me fui entregando. Llena de fuego me deje cubrir por las olas. La playa estaba desierta, sólo las palmeras agrestes y el mar.
Aquí la playa queda en el océano pacífico, y el mar es completamente indómito. Da una sensación de libertad que me gustaría transmitirla en éstas palabras. Porque el día de agobiante calor se abre de manera maravillosa en la orilla del mundo y sentís adentro la volatilidad de las horas, los días. Por un segundo conectas tu alma al infinito del que serás parte en muchas formas.
“Pero ahora”, diría la mujer de alas verdes, “es la belleza del instante”. Y me desabroché el corpiño, lo apreté con mi mano derecha, y me deje inundar el torso desnudo en la orilla del mismísimo continente. Y juro, que con la misma desfachatez hermosa de mi madre, grite al cielo “Gracias Dios”.
Y me entregué durante un rato largo a recibir la inmensidad de las olas bravas, del mar revoltoso que me tocó hoy.
Hace un año en Brasil volví a nacer. Allí nació sin querer una mujer nueva a la que llamé “Maga Beijaflor” que firma las acuarelas de la mujer sabia, con alas verdes de mariposa.
Una mariposa que nació como un tatuaje en la espalda. Una marca de vida después de leer “Papillón”, la autobiografía del preso francés que se escapó de las peores cárceles de las Guayanas Francesas, hasta lograr su libertad. Ese hombrecito testarudo que no se conformó y lucho por su vida. Papillón, significa “mariposa” en francés y así lo llamaban a él por el enorme tatuaje que tenía en el cuello.
Cuando el verano (argentino) pasado, decidí hacer un pequeño experimento en el norte argentino para saber si realmente quería cambiar de vida, inventé Tierra Natal y usé mi tatuaje de papillón en la espalda como logo.
La mariposa tomó vida en los dibujos. Pero ésta tarde, sintiendo el mar en todo el cuerpo, quise retratar esa sensación, puse la cámara automática del celular y tomé dos fotos.
En la primera foto con el mar apareció una mariposa en pleno vuelo. Y como una niña, sentí el misterio del mundo, la realidad de mi aventura, el inicio del viaje a ésta nueva dimensión.
No tengo ninguna respuesta, pero sé que quiero contar miles de historias.
Finalmente, terminó el proceso de la crisálida y comenzó la nueva oleada.


6 de Septiembre de 2016. Lázaro Cárdenas, Michoacán, México.