domingo, 31 de julio de 2016

El instinto de la fluidez (paisaje interno #19)

“A veces llueve en toda la galaxia, y efectivamente no hay lugar donde esconderse, teléfono al cual llamar para pedir auxilio, ni medicina que calme la tormenta”.
Acuarela

“¿Es una enfermedad la tempestad?”, pregunto.
“No. Cuando llueve así es mejor salir. El caos es una parte importante en cualquier tipo de calma. No hay tranquilidad que se pueda conseguir, si no es destruyendo todo tipo de comodidad”.
Los domingos brutales, son aquellos en los que me quedo agazapada en el marco de la puerta, pensando en vaya uno a saber que insensatez, mientras ella sale a recorrer el goteo del mundo sin paraguas.
Nunca la vi de cerca cuando llueve así, pero sé que no le importa mojarse las alas verdes, ni que todos los organismos vivos se empapen con los mares que descarga el cielo. Por lo general se me ríe si cuestiono su salida, sobre todo porque está convencida de que todas las tormentas son un invento de mi cabeza.
“¿Qué todas las tormentas son un invento de mi cabeza?”, replico indignada mientras le extiendo mi paraguas otra vez.

“No necesito tu paraguas”, me burla, “yo sí me animo al devenir de todas las dimensiones. Por eso algún día vos también vas a aprender que inclusive las tormentas, son una oportunidad para desarrollar el instinto de la fluidez”. 

31 de julio de 2016.

jueves, 28 de julio de 2016

Parte de los túneles y de los cielos (paisaje interno #18)

Volver a elegir un camino, ¿te lo podes imaginar?. Es un momento que podría cerrar la primera edición del cuento, es la forma que encontramos a veces, para explicarnos el mundo a pesar de todo.
Si vieras el escondite desarmado, vos también sentirías nostalgia. Ya no quedan los pilones de miedos que traje hace casi diez años, ni la extraña manera de forzar las palabras para que me entiendan los kiosqueros.
Última noche 
Sigo siendo un fantasma en la ciudad, la diferencia es que ya no me importa. Fui parte de los túneles y de los cielos, hable frente a todos y también hablé mucho frente al espejo. Me vi honestamente un día y me pregunté “¿Quién sos?”.
La búsqueda me deja saber que soy más antigua de lo que aparento, pero que la inocencia alguna vez me va a salvar la vida. Me gustaría lograr que un día mis palabras te abracen, porque sé que somos todos iguales. Vos y yo, vos recorriendo con la mirada mis letras que no pienso editar, yo volcándome al monólogo que encapsula ésta mañana de julio como definitiva despedida de mi caverna en San Telmo.  
Me desprendo del traje blindado que nunca me protegió el corazón, abandono la máscara para abejas que no me permite mirarte, te regalo la ventana con los marcos gastados de tanto recorrerla con los ojos mientras pienso.
Me disfrazo de ella, de ese personaje que inventé hace un par de años. Comienzo a recorrer las veredas quebradas por el espanto de la desigualdad, lloro hasta inundar Puerto Madero, me trepo a los balcones que me obsesionan para mirarte cruzar la calle de forma anónima.
¿Sabes porque te digo todo esto?, porque lo necesito. Lo digo para no llevarme una sensación que deja de pertenecerme en el mismísimo momento, que las miradas de los otros fantasmas están bacías.
Vos no, vos no te rindas. Vos busca la vuelta a la rutina, apaga el televisor y deja girar la película que necesites construir. No tengas miedo, porque de última la locura es compartida.
Hace muchos días estoy guardando la vida en cajas de cartón, despidiéndome caóticamente de todos ellos, el amor no se puede embalar, no se puede guardar con la biblioteca, no se puede hacer un rollito para que quepa en la valija.

¿Te das cuenta de lo que te digo?, se trata de volver a elegir un camino. Aunque siga siendo un fantasma sentada sobre la alfombra que no vuela, aunque la computadora se sostenga arriba de esta mudanza eterna, aunque no me quede otra que aceptar todo. Aunque crea ingenuamente, que me puedo salvar de lo gris, contándote cuentos desde cualquier lugar del mundo.


11: 30 am. 28 de julio de 2016. 

martes, 26 de julio de 2016

La solución al último de los presentes del mundo (paisaje interno #17)

“Dejame creer en la magia, en que puedo encontrarte en una esquina perdida de un sistema paralelo, otra vez de casualidad, otra vez”.
“Los planetas están girando y yo florezco desde el amor. ¿Me ves llorar?, es de emoción, es de belleza”.
Acuarela

“Corro hacia adentro y me abrazo súbitamente porque me toca soltar. Ahora soy esa niña que llora mientras me abrazo para sostener el futuro y el pasado”.
“Ahora si puedo ser una niña, ahora sí puedo llorar”.
“Se caen las agujas del reloj, yo sé que todo parece girar al revés. Son los rulos de las vidas que nos inventamos”.
“Por eso fue simple descubrirnos, porque estábamos empezando a dudar de la magia. Conocernos fue la solución al último de los presentes del mundo. Porque cuando ya no quedaban más historias, apareció ésta”.
“Perdona mi desprolija manera de querer, estas nuevas alas me sientan bien, pero me hacen sentir muy extraña”.
“Ahora me quedó la valija llena de sueños, el viento repleto de secretos, las páginas del relato manchadas de brillantina”, así dice ella que le habló.
Me hubiera gustado que sea verano, pero la mujer de alas verdes dice que ésta es una historia de puro invierno.  
Igual que ahora, por eso después de contarme su anécdota, fue a deslizarse en el arcoíris cósmico que dejó la lluvia.
26 de julio 2016.


jueves, 21 de julio de 2016

Tu palabra preferida (paisaje interno #16)

Mejor no, mejor no hablemos más de todo esto. Mejor busquemos alguna buena excusa para pensar que la vida “es lo que es”, siempre es más efectivo moverse adecuadamente, dentro de la maqueta donde caímos en suerte.

Acuarela

Perdón que te lo pida de manera tan tajante, yo sé que el caleidoscopio con el que miras el mundo da otras ilusiones, pero yo necesito ésta realidad atolondrada, que me corre con el reloj en la mano. No sé si te diste cuenta, pero últimamente solo nos alimentamos de mate y nubes.
Parada en la ventana, preguntándome todo el tiempo donde quedó tu palabra preferida, no sos de gran ayuda. Es más, preferiría que me dejes tranquila mientras me miro en el retazo de espejo para arreglar mis ojos.
“Deja todo, no quieras arrancar los edificios, tragarte las calles, sentir todo el aroma de las bibliotecas, encontrar sin querer esas casualidades que necesita tu historia”, me decís acostada en las cajas que abrí y cerré varias veces esta mañana.
“Cuando termines de trenzar tu pasado con tu futuro, te vas a dar cuenta de que ataste tu presente a muchas pieles viejas y a muchas corazas inventadas”, deslizas tranquila. No puedo saber absolutamente nada de todas esas facetas que decís, yo apenas me doy cuenta de que me repito a mí misma como un verso viejo que ya no conmueve a nadie.
“Si me ayudaras a encontrar mi palabra preferida, te podría mostrar un truco de magia”, insistís de manera insoportable y yo sé perfectamente a dónde me llevan esos hechizos que haces apretando los dedos en el aire. “Eso es lo que te hace sufrir tanto”, continuas sin que nadie te lo pida, “eso de querer tapar todo con tus explicaciones omnipotentes, es muy inmaduro que sigas intentando controlar todo”.
Para variar tu opción de equipaje es insignificante, por eso mientras yo me tropiezo y caigo dentro del poso de la melancolía reciente, vos saltas afuera del mundo y aleteas liviana de cara al sol.
“¿Qué llevas en la valija?”, te grito desesperada desde la ventana.
“Poesía”, decís riéndote por las cosquillas que te produce volar, “solo necesitas llevarte poesía, porque la única cosa que vale la pena transportar, es la belleza de una palabra”.

21 de julio 2016. 

miércoles, 20 de julio de 2016

Todos los colores de la amistad

Mis amigos están completamente locos, son personas mágicas y en expansión.
Son almas encarnadas en los más diversos cuerpos, tienen todos los colores de ojos que te puedas imaginar, y jamás nos podríamos detener a pensar en lo material o lo superficial cuando nos encontramos.
A orillas del mar
Nos deberías ver, parecemos perros agitados por el ritual de vernos y reconocernos, por la infinita sensación de amor que nos permitimos en el abrazo.
Si alguna vez me pude morir, un alma amiga me convidó de su energía para que vuelva a respirar, y me cubrieron del hielo cientos de veces, para que no se me congele el corazón.
Nunca sé bien como contarles que los amo perdidamente, que les agradezco de acá a cientos de miles de vidas por su maravillosa manera de habitar el mundo.
Pertenezco a una enorme manada de seres brillantes y gracias a ellos, el misterio de la vida me convida una misión para sumar un granito de arena, a ésta experiencia de humanos que nos toca.
Feliz día a todos mis amigos, de todas las épocas, de todas las edades, lugares, colores, idiomas, tamaños y delirios. Gracias a ustedes maestros-amigos, la esperanza de transformarme en una buena persona, sigue siendo mi principal sueño en éste tránsito por la vida en la tierra.


lunes, 18 de julio de 2016

Intenciones (paisajes internos #15)

Silencio
Que me dé la paz que no consiguen esas palabras. La respuesta no llega del ruido que hace el miedo, ni de los juicios que construyo con recortes viejos de experiencias ajenas.
Caos
Que se liberen las imágenes grises, que se sacudan los discursos sórdidos, que griten las pinzas que me sujetan la garganta para no llorar. Que todo el desorden de vueltas por la casa como un huracán y que sea obligatorio ver como se escapan los viejos relatos por la ventana.

Acuarela

Risa
Que inunde todos los agujeros donde falta amor, que se burle de la mala suerte, que incendie la postura inservible del sufrimiento. Que dé paso al llanto profundo.
Lágrimas
Que absorban la falta de fe, que arrastren hasta el océano los retazos de ansiedad, que expresen sin vergüenza la emoción indescriptible y la sed natural.
Amor
Que deje salir la luz incandescente, que devore los matices de nuestros rostros, que nos descubra humanos, que nos perdone el presente inoportuno y nos sostenga de la mano, hasta que funcionen las alas que nos arranquen de la cuerda floja.  
Libertad
Que nos abrace como la mismísima tierra, nos consuele bajo las estrellas y nos permita volver a mirarnos con la sencillez de nuestra inocultable imperfección.  

18 de julio 2016.

jueves, 14 de julio de 2016

¿La tentación del presagio o no? (cuento)

Ella vendía marihuana en el Parque Lezama y él trataba de ser músico, ella siempre tenía las manos frías y él prefería dormir desnudo porque le molestaban los cuellos de las remeras y los elásticos en la cintura.
Se vieron cuando ella corría lluvia abajo, en medio de los árboles y él buscaba llegar al bar de la esquina sin que se le moje la guitarra. A ella le dio gracia la forma ridícula en que lo vio cruzar por enfrente y se tentó de la risa.
Acuarela

Llegaron al borde del cordón y los detuvo el semáforo. Sin más opción que mojarse y ver cruzar a los colectivos, a él le llamó la atención la forma, en la que seguía riéndose ella.
Entonces volteó a mirarla, y ella hizo lo mismo. En el mismo segundo.

_”¿En el mismo segundo?”_, le pregunto asombrada.

Sí, y al parecer fue fatal el impacto. A ella le produjo pudor reírse y él tuvo la sospecha de que el reloj se había frenado un minuto entero.
Llovía, ¿eso lo entendiste no?. Lo que no te aclaré es que diluviaba. Imagínate todo el Parque Lezama vacío y con una brutal tormenta sobre sus cabezas, justo cuando van a cruzar por la esquina.
Ella se asustó con aquella sensación y aceleró el paso, y él quiso saber qué carajo le pasó con el tiempo, por eso la siguió. Y más la miraba y más se congelaba el tiempo. Llovía y los dos daban zancadas en los charcos que ya se habían formado.
A la cuadra y media dicen que él no aguantó más y le dijo: _disculpáme_ ella se dio vuelta,  _¿vos te llamas Laura?_ le preguntó entonces.

_”¿pero qué?, ¿la conocía?”_ interrumpo.

No, claro que no la conocía, pero fue lo único que se le ocurrió en ese momento. Entonces pasó algo que todo el mundo quiere explicar de alguna forma. Algunos llaman destino, otros, casualidad, ahora también se habla de causalidad, lo que quieras pensar.
“sí”, le respondió ella, “me llamo Laura”. Y ahí sí, el tiempo se detuvo por completo.
“¿Laura?, ¿enserio te llamas Laura?”, dicen que le preguntó él de manera completamente desubicada. A ella le generó una rareza absoluta la situación y por educación preguntó: “si, ¿nos conocemos?”.
“No”, le respondió él.
“¿No?, ¿y cómo sabes que me llamo Laura entonces?”, se desesperó ella.
 “Yo me llamo Horacio”, trató de cambiar de tema él y ella lo quedó mirando como si estuviera loco. “No sabía que te llamabas Laura, lo que pasa es que te quería preguntar si a vos también te había pasado alguna vez que se te paralice el tiempo?”.
“¿Qué se me paralice el tiempo?”, le respondió con tono de sentirse burlada.
“Disculpame, no te estoy haciendo un chiste. Lo que pasa es que recién el tiempo se paralizó cuando estábamos… No me hagas caso, disculpame”. Se sintió un boludo y comenzó a caminar por delante con la guitarra completamente empapada.
Ella se quedó parada sosteniendo su paraguas y al verlo esquivar la lluvia solo con los brazos, corrió hasta alcanzarlo para cubrirlo hasta algún techo. Media cuadra después el bar estaba cerrado. Ese feriado la ciudad era fantasmal.
Caminaron un poco más para encontrar algún refugio y la conversación los fue enredando. Ella escribió después que tuvo la sensación de haber quedado a solas con el rey, cuando ya no había más piezas en el tablero.

“¿Y cómo sigue la historia?”_ me desespero. 

No sé.

“¿Cómo que no sabes?”, me indigno.

Ya habrá tiempo de saberlo. Por ahora quedate con esa imagen bajo la lluvia. Aunque, ¿Podríamos jugar a adivinar como sigue no?. Solo tenes que estar dispuesta a enfrentar cualquier tentación de caer en el presagio. 

15 de julio de 2016.