lunes, 19 de diciembre de 2016

XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela

La raíz de un ser humano está enlazada a su lugar de nacimiento. En el XIX Torneo Internacional de Pesca de Pez Vela que se realizó hace una semana en el Malecón de la Cultura y las Artes de la ciudad de Lázaro Cárdenas, aprendí que uno de los encuentros familiares más importantes despliega esa raíz en el Océano Pacífico.
La ciudad-puerto michoacana tiene una posición geográfica que la destaca por ser una de las principales rutas marítimas de intercambio comercial de la costa del pacífico en Asia y América. Allí se conectan 141 puertos y 31 países del mundo a través de 46 líneas navieras.

La fiesta popular que se celebró el pasado 11 de diciembre, convocó a las familias lazareñas que disfrutan de la pesca deportiva. De las 41 embarcaciones que participaron representando a distintos lugares del mundo, solo 15 consiguieron atrapar al pez vela. 









domingo, 11 de diciembre de 2016

La magia de las burbujas (paisaje interno #46)

“Tengo a veces una angustia tan profunda y yo sé que viene de afuera. Es una angustia interna que viene del mundo material. Por eso me escondo.
Acuarela 
Me meto por un túnel que hay en el pasto del jardín y llego a un pequeño universo en el cual me oculto del mundo. Es un ecosistema que se alimenta de la imaginación y puede presentarse en sus distintas versiones, todo depende de la magia que produzca mi aleteo.
A veces me encuentro el conejo, en su jardín repleto de enormes hongos que crecen sobre el pasto azul. Un pueblo vegetal donde huele a verano todo el año y las ardillas caminan por los cables del universo.
_ Haz vuelto!_ dice el conejo cuando me ve aparecer _por favor muéstrame una vez más la magia de las burbujas_ me ruega.
Entonces escuchamos jazz y observamos en silencio como se forma cada burbuja de jabón, aferrada al aro donde nace. Viajando en el aire cuando se completa.
Cada burbuja contiene a su vez otros pequeños universos. Allí, más mujeres aladas disfrutan de la expresión del conejo cuando soplan burbujas, relajadas en algún hongo de esos jardines azules.
Por un momento el mundo parece estar en cámara lenta. Sonrío mirando los luminosos ojos del conejo alucinado, porque está seguro que esas burbujas son mágicas.
A veces necesitamos escondernos del mundo, de todas las personas que amamos y de todas las que olvidamos. El mundo corre tan deprisa que se nos hace urgente frenar el tiempo, en una sencilla burbuja de jabón viajando por el aire. Quizá mi amigo conejo tenga razón, y cada una de esas burbujas son resultado de la magia.
¿Podes parar tu cabeza y escuchar el corazón?. Hacer silencio un domingo, como hoy por ejemplo. Dejarte llevar por el cuerpo a otras tierras, y desprender la imaginación para que puedas soñar.
Es verdad que la vida para una mariposa, dura solo un día. ¿Será por eso que disfruto tanto abrazarme a éste presente?.
Vos también te podes esconder. Cerrar los ojos, viajar a ese universo mágico que tenes adentro y acostarte junto al conejo, para sentir la magia de las burbujas”, dice la mujer de alas verdes.

Domingo 11 de diciembre de 2016.

12: 42 hs en México. 15: 42 hs en Argentina. 
Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

El mundo desde "La Cafecita" (crónica de viaje)


“Conocerse, saberse, presentirse, observarse, esperarse, necesitarse, verse, revisarse, temerse, enfrentarse, quererse, ganarse, volverse, transformarse, perderse, amigarse, olvidarse, recordarse, sanarse, Obsequiarse, mimarse, alentarse, escucharse, hablarse, mentirse, sincerarse, sentirse, cantarse, dibujarse, olerse, rechazarse, viajarse, quedarse, volarse, entretenerse, soñarse, evolucionarse, revolucionarse, florecer, cultivarse, brindarse, animarse, aventurarse, intuirse, gruñirse, lamerse, lastimarse, atacarse, defenderse, encontrarse, cerrarse, involucrarse, abrirse, liberarse”, escribo en mi libretita de trapo, una mañana sentada en “La Cafecita”, la cafetería que atiendo durante un mes, en una universidad de México.

La cosa evidentemente es con una misma. No está fuera la solución, la solución siempre está adentro nuestro. Por eso es importante identificar todo que nos hacemos sentir. Eso pienso, y fuera de “La Cafecita”, los jóvenes y las muchachas del “Tecnológico de Lázaro Cárdenas” van y vienen entre clase y clase. La propuesta de atender una cafetería dentro de una Universidad, me pareció encantadora así que ya voy tres semanas.
Por primera vez desde que llegué a México, tuve una rutina, una responsabilidad, un trabajo que hacer. Después de las aventuras con el artesano y la bruja, los cientos de viajes éste año, las idas y vueltas con el amor pagano, las incontables capas de estructura que se movieron adentro, me dispuse a frenar. Despertarme muy temprano, hacerme café con leche y dos tostadas de queso y miel, buscar hielo, abrir “La Cafecita”, es mi aventura cotidiana.
Cuando me describieron el trabajo me imagine en medio de la nada, con dos conservadoras (acá le dicen hieleras), una mesita de plástico y vendiendo galletitas y papas fritas (acá le dicen galletas y Sabritas). La noche que vi por primera vez “La Cafecita” llovía. No iba a estar a la intemperie pero justo falta uno de los techos así que vi cómo se mojaba una parte de la estructura cilíndrica donde iba a pasar un mes, y no me importó.

Todos los días llego con seis bolsas de hielo para enfriar las bebidas y armo el espacio circular, que luego va rotando para salvar los alimentos del sol. Pongo los mismos discos que tengo en el celular y leo “Relatos de Poder”, de Carlos Castaneda, mientras vendo. Se supone que acá estamos en invierno, y eso solamente hace que las mañanas tengan un clima primaveral, que para el mediodía arde nuevamente en el verano eterno que se vive en éste rincón del mundo, a orillas del Pacífico.

La quietud de la mañana es deliciosa, corre una brisita y el mundo parece en paz. Mi cabeza está en paz. Porque el año se está terminando y mi escenario anterior se diluyó, entonces soy consciente de que de pronto, aparezco sentada en un banco de barra, vendiendo galletitas, dentro de una Universidad donde se forman los futuros ingenieros, lejos de toda contractura citadina.
“¿Eres argentina?”, “¿de dónde eres muchacha?”, “no eres de aquí ¿verdad?”, me dicen una y otra vez en la ventanita por donde observo su universo. “Sí, soy de Argentina”.

Me gusta mucho observar los rasgos de los rostros mexicanos. Las muchachas tienen labios gruesos y ojos negros. La mayoría llevan mucho maquillaje y colores oscuros de labial que jamás me hubiera animado a usar.
Los varones flacos, rellenitos, altos, bajitos (chaparritos), con el cabello negro, las pestañas gruesas, los ojos brillantes, llegan tímidos, osados, curiosos, charlatanes, serios, risueños, jóvenes. Todos me dan la impresión de ser realmente inocentes.
También llegan los trabajadores de la obra en construcción que hay justo al lado de la Cafecita, tienen la piel curtida por el trabajo de albañil, la mirada milenaria, la cabeza cubierta por algún sombrero grueso, y la apariencia de agotamiento y sed que produce el sol después de las doce.
Los vigilantes, los docentes, la mujer de la biblioteca que siempre me pide un vaso con hielo, se paran frente a mi pequeña ventanita y de a poco nos vamos conociendo.

Después de una mala actitud que tuvo el muchacho que vende tacos de canasta a un lado mío, ya no le hablo. Aprendí a respetar en un 99, 9 porciento mis sensaciones respecto de las personas y eso me da tranquilidad.
Así que me paso las horas leyendo, escribiendo en mi libretita de trapo, tratando de no pensar, descansando de todas las veces que me tocó armar y desarmar la mochila, buscando explicaciones para esas cosas que todavía me cuestan aceptar, dándome cuenta de que efectivamente cambié en ciento ochenta grados mi historia.

Cuando le dije a la muchacha de rulos que iba a armar una pequeña exposición de mis acuarelas dentro de la Cafecita, ella se rió y nos imaginamos una secuencia en la que alguien se acerca y dice “¿tú los pintas?, ha!, qué interesante!. ¿Me vendes un sandwich?”. Y tal cual así ocurre, lo cual me parece todavía más divertido.
Me animé a colgar una cuerda sobre las Sabritas, como si fuera un tendal de ropa, y con los mismos broches de la casa expuse a la mujer de alas verdes para que me haga compañía. “¿Por qué está desnuda?”, me preguntó hace poco uno de los muchachos. “Así es el personaje”, respondí de forma poco convincente.

La mujer de alas verdes está desnuda porque es libre y está en perfecta salud. Desde los once años padezco una enfermedad psicosomática llamada psoriasis, que funciona como un catalizador de las cosas que me angustian y no conseguí expresar. Cuando era niña comencé a escribir como una forma de sacar de adentro ese dolor y cada vez estoy más convencida de que la palabra también puede sanar.
En pocas oportunidades vi mi cuerpo desnudo completamente libre de psoriasis, aún ahora que ya conozco más mis procesos, suele aparecer alguna pequeña lesión. Cuando la acuarela da vida a ese pequeño cuerpito desnudo, creo una piel libre de dolor, y en cada paisaje interno procuro explicarme el fenómeno de la vida.
Todas las máscaras que voy dejando en el camino me permiten estar un pasito más cerca de saber quién soy, que quiero, a dónde voy. Entonces sentada en la paz de la mañana lazareña, simplemente respiro mi presente mientras el año comienza a cerrar el telón. Por un mes soy una muchacha de pueblo que atiende una cafetería en una Universidad. Todo lo que fui, todo lo que seré, solo es obra de mi imaginación.


La vida es una aventura siempre cotidiana, nuestro desafío es abrazar la belleza de lo simple y recordar que el amor que compartimos, es la riqueza más importante a la que podemos aspirar. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Sobre tu pieza del rompecabezas (paisaje interno #45)

“No tengo ningún traje de salón, no fui a la pileta del pueblo, ni comí en el mejor restaurant de ningún lugar. 
¿Quién soy cuando ya no sostengo nada?.
Acuarela 

Soy la que viaja en su pieza del rompecabezas, ajena de la imagen completa del universo, pero consiente que al infinito se llega cerrando los ojos y bailando desde la fe.
Cada vez que nos permitimos una pregunta de la profundidad, nuestra superficie se transforma. El arte de la búsqueda no es andar encontrando, sino aprender que la desesperación por obtener respuestas cerradas, nubla la visión.
Te invito a que salgas del planeta, que vueles con los pies enterrados en tu tierra natal, que te conectes con la belleza del ahora, entendiendo que las reglas del tiempo son también una ficción.
Una vez caminé en el bosque de noche, sólo me guiaban la luna y las estrellas, entre la mata sentía la respiración de los insectos, víboras, aves, anfibios y mariposas. Los ojos de los animales me acompañaron hasta el ranchito donde dormía y crucé el lago saltando entre las piedras sin pensar.
¿Quién puede amarme en ésta soledad?.
Puedo amarme en la soledad, ofrecerme el descanso a los siglos de nomadismo, el reposo después de la batalla, la compasión por aquello que intenté y no salió como pensaba.
Porque el miedo es un instinto que me recubre la piel, haciendo que los ojos y las manos cuiden el cuerpo que me prestaron, pero la confianza del porvenir es lo que me permite dormir en éste momento de la vida. Sostener el estómago entre las manos y acariciar el dolor del mundo que sigue habitando en mí.
Tengo un jardín a mitad del cosmos, cultivo en esa parcelita de la totalidad mi ofrenda, esperar que la semilla abra su cascarón requiere de la paz que te convido con éstas palabras.
En éste momento de siembra, date calor con las palabras, cada una de tus intenciones resuenan en la totalidad, por eso si nombras belleza, creas belleza”, dijo la mujer de alas verdes mientras danzaba sobre su piecita del rompecabezas.

20 de noviembre de 2016. Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 

sábado, 12 de noviembre de 2016

Soltar el control (paisaje interno #44)

Hablo hace más de un mes con un hombrecito de pelo blanco, ojos muy celestes, piel blanquísima, que atiende en:
_“Buenas tardes, foto mecánica, mándeme…”.
_“Hola, mi nombre es Magalí, se volvió a descomponer mi cámara y no sé qué puedo hacer”.
_“Envíenos, que se la arreglamos”.
Días después:
_“Hola mi nombre es Magalí, sí la de Lázaro. Que ya le mandé la cámara, se la van a dejar en una caja estos días. Muchísimas Gracias”.
Cientos de veces, porque desde que mi cámara se rompió en Mazunte, todo comenzó a cambiar.
Acuarela, 10 de noviembre 2016

A veces corremos, estamos deshidratados y corremos, como si se pudiera correr al futuro. Pero quizá lo más humano sea aceptarnos tal cual somos en el presente.
Quiero contarte un secreto. Estoy atravesando un portal de inseguridades. ¿Puedo o no puedo?. Y todo gira sobre mí, la vida es como un zamba, no tengo otra forma de avanzar que no sea mirar un punto fijo: el presente.
Cuando me quedé sin mi lente de vidrio apareció el tercer ojo. El desarrollo de la intuición me lleva por caminos inesperados. Estoy comenzando a permitir que las cosas simplemente me pasen.
Antes te decía sobre ese debate interno. “¿Puedo o no puedo soltar el control de las cosas que me pasan?. Quizá cundo nos preguntamos ¿Qué significa “soltar”?, se trate de eso, de soltar el control.
Cuando se me rompió la cámara sentí que estaba perdida en el mundo, en otras palabras, sentí que perdía el control de las cosas que me estaban pasando. La auto-exigencia en ocasiones ahoga. Por eso pasar de dar pasos cortos y cargados de orgullo a la fluidez de los días, es una muralla densa pero necesaria.
Estoy escribiendo hace días sobre lo mismo, soy una repetición constante de eso que necesito doblar, ablandar, transformar.
Desarmá los viejos trajes, quédate con un par de lentejuelas, algunas plumas y todas las estrellas, pero los viejos trajes no son para éste clima, en éste país, en ésta nueva etapa. Por eso, por más que duela, soltá el control, respirá profundo y sentí cómo mutan las sensaciones internas.
¿Sabes por qué llamo paisajes internos a las cosas que te cuento?. Sí, hay una dimensión adentro, donde existo y vuelo por todos los universos que están dentro de otros universos, cada ser humano hacia su interior es infinito. Si me dejas que te hable en libertad te puedo mostrar los laberintos que cruzas mientras ocurre la vida en la superficie de tu piel.
No hay ninguna respuesta. Pero cada nueva pregunta sacude ésta galaxia profunda que te compone.
¿Te acordas lo que dijo aquella mujer mapuche en la entrevista que le hiciste para la radio?. Dijo que la mano debe estar abierta, porque si agarramos, si nos aferramos, no queda lugar para lo que va a venir. Entonces pensamos en el muchacho guapo que hacía malabares para vivir. Las bolas giraban entre sus manos y el aire. Los dedos sólo eran una catapulta, esperando lo que va a venir.
Por eso es momento de detenerse. Para saber algo sobre el pasado y el futuro, el único camino real es la percepción que tengamos del presente.
Cuando el vidrio se quiebra, cuando cruzamos el portal, cuando aceptamos que la realidad es una construcción de la percepción, podemos comenzar a elegir.
“¿Hola?, si, buenos días. Mi nombre es Magalí, lo llamo otra vez por mi cámara, ¿se acuerda de mí?. ¡Qué bueno!, sí, la misma. ¿Cómo dice?, sí, ya lo sabía, los poderes de la cámara están en el tercer ojo. ¿Lo pudo arreglar?. ¿Cómo dice?. ¿El tercer ojo no se quiebra?, ¿está seguro?.  Entonces, ¿la cámara siguió filmando todo?. Gracias, sí, ya voy a buscarla”.

¿Te asusta que todo esto no sea más que un juego?. Tranquila. Esto es un juego, y así es perfecto, dijo finalmente la mujer de alas verdes, que en la frente lucía un maravilloso cristal natural de la intuición. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Expectativas (paisaje interno #43)

Recuerdo aquella frase que repetimos con la banda de la Comarca 32 aquel verano de mochila en el sur argentino. No recuerdo bien porqué, o en qué momento decíamos: “claro, porque no estamos en éste mundo para cumplir con las expectativas de nadie, y nadie está para cumplir con nuestras expectativas”.
Dibujo en lápiz - 27 de marzo de 2016

¿Cómo saber qué será lo que desearemos después?, si ni siquiera estamos seguros de qué es lo que deseamos ahora. Sin embargo ahí están todas esas ideas que nos hacemos tratando de construir “el ideal” de eso que sentimos que nos merecemos. Y así realmente con todo, desde lo material hasta lo afectivo. Lo más cómico o patético del caso, es que cuanto más subimos esas apuestas, cuanto más exquisitos son nuestros deseos, más irreal se vuelve la posibilidad de que algo de todo aquello nos toque en suerte. Porque cuando nos llenamos de expectativas, estamos desnaturalizando lo tridimensional de la naturaleza de las cosas.
Por eso muchas veces, en la frustración de las expectativas siempre no cumplidas, renegamos del mundo, de la vida, de las cosas, y sobre todo de las personas. Como reflejo caprichoso nos giramos para elegir la peor opción que nos cuadre en el modelito perfecto.

Entonces ahí, sentados con nuestra peor opción, ajustamos enojados las cejas para que nos vea de frente el universo. 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El hombre que inventó la muerte (perfil histórico)

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, dijo alguna vez José Guadalupe Posada. Quizá toda la vida comience exactamente por la idea que tenemos de la muerte. ¿Qué representa para vos?, ¿de qué morimos?, ¿por qué morimos?. Y entonces, ¿para qué vivimos?.

Acuarela
A los 15 años estuve por primera vez frente a la obra del mexicano G. Posada, ilustrador experto en litografía, grabado en madera y otros materiales. Estaba sentada en un banco de la plaza 9 de Julio en horas de la siesta y desconocía que aquel libro de Eduardo Galeano, “Patas Arriba, la escuela del mundo al revés”, contenía aquellas calaveritas como huellas de otra historia. ¿Te acordas del arlequín enanito en la tapa del libro?, ese dibujo también lo hizo el hombre que le dio vida a la muerte mexicana.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
Si me hago éstas preguntas es porque hoy mismo, 2 de noviembre de 2016, aquí en México es el día de muertos y la imagen espectral de la Catrina me tendió la mano al encuentro. Me acuerdo perfectamente que en esa plaza de la adolescencia, abrazada por la idea lúgubre que tengo de la muerte como resultado del legado cultural, me generó rechazo la posibilidad de esos huesos vestidos y actuando como vivos.
 Ahora sé que el autor de esas figuras nació el 2 de febrero de 1852, en Aguas Calientes. A los 16 años aprendió el grabado en madera y la técnica de litografía, trabajos que profundizó como aprendiz de Trinidad Pedroza desde 1968. Fue también su maestro quien influenció las ideas políticas y sociales de Posada, un elemento definitivo para que el arte tallado en materiales duros, se vuelva ilustración gráfica en los diarios de la época.
Entre las publicaciones más recordadas se encuentra el Jicote, el semanario progresista que crearon como herramienta de protesta y manifestación de humor negro, ante las injusticias que se vivían en el régimen porfirista (la dictadura de Porfirio Díaz).
En 1872 Posada y Pedroza se instalaron en León, Guanajuato donde instalaron un taller de litografía comercial. De 1875 a 1888 Posada colaboró con los periódicos de esa ciudad, como “La Gacetilla”, “El Pueblo Caoticoa” y “La Educación”. Después de la inundación del 18 de Junio de 1888, se trasladó a la Ciudad de México y continuó participando de las publicaciones de “La Patria Ilustrada”, y “La Revista de México”.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016

La popular “Catrina”, esa calavera coqueta, con un enorme sombrero, flores y de aspecto aristócrata, fue originalmente bautizada por Posada como la “calavera garbancera”, en alusión a los indígenas que cultivaban garbanzos y que pretendían llevar un estilo de vida y costumbres europeas. Entonces mientras la desigualdad socio económica generaba miles de muertos o vivos hambrientos, Posada necesitó cuestionar esa actitud hipócrita de sus propios compueblanos.
Aquel trabajo de visualización de la desigualdad generó que en varias oportunidades lo metieran a la cárcel, sin embargo el artista continuó su trabajo inclusive en los momentos más álgidos de la política nacional. Los investigadores declaran que la obra de Posada alcanza los 2000 grabados.
El 20 de enero de 1913, Posada se encontró con su musa de toda la vida, la muerte. Enfermo, en la más despiadada pobreza y anonimato, fue enterrado en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México, y tiempo después depositado en una fosa común junto a otros cuerpos sin identificación.
Fue el muralista Diego Rivera quien desenterró al artista. Renombrando a la calavera garbancera como “Catrina”, puso en las líneas de la historia mundial una obra que recorrió el planeta y que consolidó la tradición del día de muertos.
Es nombrada frecuentemente la pintura “Sueño de una tarde Dominical en la Alameda Central”, donde Rivera se pintó como un niño tomado de la mano de la Catrina, que a su vez va del brazo de su creador José Guadalupe Posada. En una segunda hilera también están presentes José Martí y Frida Kahlo.

Ayer por la tarde, después de investigar sobre ésta raíz, mis amigas mexicanas me invitaron a compartir el homenaje que realizaron en el Panteón, aquí en Lázaro Cárdenas. Cuando llegué todavía era de día y sobre cada tumba se vestían alfombras anaranjadas con la flor de muerto. Era un pequeño vecindario absolutamente horizontal, y cada familia en su parcelita de pasto embellecía el lugar de descanso de su familiar querido.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
El 1 de noviembre se realizan las ofrendas a los niños, por eso cuando miré en más detalle vi los juguetes sobre los tapetes de flores. El 2 de noviembre es el momento de los adultos. Entonces todos los muertos y los vivos se encuentran en amor, comiendo y bebiendo lo que más le gustaba al difunto.
Cuando se hizo de noche apareció una luna finita sobre las tumbas iluminadas por los veleritos que se compran en el mercado. Las almas encarnadas y no encarnadas me dieron la sensación de que éramos una multitud. Luego de un rato, sin palabras, explicaciones o pensamientos racionales, entendí la belleza de ésta tradición que nos recuerda que la muerte y la vida son lo mismo, sólo un momento en el aprendizaje infinito que desarrollan nuestras almas.
Panteón Lázaro Cárdenas, Michoacán, México. 1 de Noviembre de 2016
La ceremonia de la muerte, las calaveras bailando en el barcito del pueblo, Posada y Rivera pintando a la Catrina, los cementerios con sus trajes naranjas, todos los encuentros que exceden el cuerpo, todas las historias que son la misma historia, hacen de mí tabú sobre la muerte una reverencia de respeto hacia la vida.

Feliz día de Muertos. 

2 de noviembre de 2016, Lázaro Cárdenas, Michoacán.